¡No era mi intención!

¡No era mi intención!

¿Por qué en ocasiones hago cosas que involuntariamente dañan o dificultan las cosas para los demás?

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Vi como el rostro de mi amiga iba decayendo y me di cuenta lo que había hecho… hablé sin haber pensado como mis acciones afectan a los otros.

Puedo estar completamente inconsciente lo que que causan mis acciones; mis reacciones, mi actitud, la manera en como veo las cosas – y puede que estas cosas esten haciendo las cosas difíciles para los que están a mi alrededor. Quizás la gente “me está aguantando” un poquito, ¡solo porque no he pensado acerca de las consecuencias de lo que estoy haciendo!

Este fenómeno es común en todos los seres humanos y existe una explicación para ello: Nací con una naturaleza, o “una forma de ser,” y desde la caída, esta naturaleza está manchada por el pecado. Pablo lo describe como: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien… Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.” Romanos 7:18,21 

Causando daño involuntariamente

Es a causa de esta “carne,” en la cual no mora el bien, que mis acciones las cuales a veces cometo inconscientemente, pueden causar mucho daño y dificultan las situaciones para los otros. No estoy hablando acerca de hacer daño intencionalmente con mis palabras y acciones. Me refiero a cosas como el ser obstinado; realmente no veo el daño que causa a los demás a mi alrededor el ser una persona "cerrada." O puede que quizá presumo y me jacto inconscientemente y sin querer hago sentir mal a alguien; O quizás me estreso de algo y esto realmente afecta el ambiente de las personas con las que trabajo. Inclusive cuando publico o envío un mensaje y después me doy cuenta que en realidad lo hice solo para impresionar.

“No fue mi intención, a eso no me refería…” Es bueno y aprobiado tener una buena comunicación y pedir disculpas a los otros, pero hay algo que es aún mucho más importante. En 1 Juan 1:5-7, dice: Dios es luz, y no hay ningunas tinieblas en él. …pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” Y en 1 Pedro 2:9: ”Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable.”

Estos versículos hablan acerca de “andar en la luz”, esto significa que las cosas feas que habitan en mi naturaleza poco a poco se vuelven más claras y visibles para que pueda limpiarlas. Pero, ¿cómo pueden las cosas volverse más claras y visibles para mí? Ocurre cuando soy humilde: admitiendo como soy y confiando en la ayuda de Dios. “Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes.” Santiago 4:6. Esta gracia es luz para ver las cosas más claras – como son realmente – y ayuda para purificarlas de mi vida – incluso antes de que salgan y le causen daño alguien. Como discípulo, mi interés es ser libre de mi carne, por eso pienso constantemente sobre cómo hacer las cosas mejor.

Yo tomo la decisión de vencer

También tengo que ser consciente de que aunque tengo una carne y, como resultado, no hago todo a la perfección o – por lo menos, tan perfecto como quisiera – no puedo dejarme acusar por esto. Satanás trata de hacer todo lo posible para robarme mi esperanza y llenarme de duda y desesperación, pero la verdad es que Dios sabe que tengo una carne en la que no mora nada bueno, y Él se preocupa de todas las elecciones que yo tomo, hasta que reciba luz de como soy yo.

“Ahora, pues, ninguna condenación hay para los que están en Cristo Jesús, los que no andan conforme a la carne, sino conforme al Espíritu” Romanos 8:1. A medida que recibo más y más luz de Dios sobre las cosas que habitan en mi naturaleza (o carne): Necedad, jactancia, falta de paciencia, amor, deseo de agradar a la gente, etc. No necesito caminar de acuerdo a mi carne (permitirle a estos pecados dirigir mi vida), sino que puedo caminar de acuerdo al Espíritu y vencer cuando soy tentada por el pecado que está en mi carne. (Gálatas 5:16-25).

“Andad en el Espíritu, y no satisfagáis los deseos de la carne.” Gálatas 5:16. Es increíblemente maravilloso que tengo tales promesas y que puedo convertirme en lo opuesto una carga o dificultad para los otros: Me convierto cada vez más en una bendición para los demás, capaz de ayudar y de dar buenas y alentadoras palabras.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.