El manual que necesitas para vencer sobre el pecado

¡Dios nos ha llamado a una vida de victoria, aquí te decimos cómo gobernar sobre el pecado!

Escrito por Trygve Sandvik

Mas a Dios gracias, el cual nos lleva siempre en triunfo en Cristo Jesús, y por medio de nosotros manifiesta en todo lugar el olor de su conocimiento.” 2 Corintios 2:14. 

¡Siempre victoria! ¡Estas palabras no pueden hacer otra cosa más que encender y arder en nuestros corazones! ¡Tener a Satanás, a nuestros deseos y al mundo siempre bajo nuestros pies es completamente posible, y a esto hemos sido llamados! (Lucas 10:19; 1 Pedro 2:21). 

Victoria sobre el pecado: El llamado de Dios sobre nuestras vidas 

Vivir una vida en perfecta victoria es a lo que Dios nos ha llamado. De hecho, la palabra de Dios habla acerca de una vida de perfecta victoria, o, con otras palabras, vencer sobre el pecado, esto ya ha sido anunciado durante siglos a la humanidad, pero para la mayoría sigue siendo solo una luz que brilla en un lugar oscuro. Aún no han experimentado en sus vidas las promesas de la palabra. Sin embargo, es la voluntad de Dios que estemos atentos a la palabra profética hasta que el día esclarezca y el lucero de la mañana salga en nuestros corazones. Cristo debe ser nuestra luz, porque solo “en Él” podemos obtener la victoria. La palabra de Dios puede expulsar la oscuridad y la incredulidad.

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Desde los primeros seres humanos Dios ya había hablado acerca de victoria: “y si no hicieres bien, el pecado está a la puerta y quiere dominarte. Sin embargo, tú puedes dominarlo a él.” Génesis 4:7. Caín no quiso escuchar lo que Dios había hablado, por lo tanto, su corazón se apartó y actuó según su propio deseo. Caín pudo haber recibido el poder para dominar incluso sobre el pecado, pero eligió no hacerlo. Dios no ha cambiado por eso escuchemos y hagamos según la palabra que Él nos dice. En Romanos 5:17 leemos acerca de la abundancia de la gracia y el don de la justicia por el cual viviremos y reinaremos por medio de Jesucristo. Dios necesita que nosotros seamos vencedores, y por eso también nos da poder para ese fin. Estos tremendos poderes que necesitamos son una parte inherente de la fe, porque nuestra fe es la victoria que ha vencido al mundo.

Cuando no cumplimos los deseos de la carne, sino que renunciamos a todo lo que nos incita, es cuando tenemos victoria y somos bendecidos. Si resistimos de esta manera, recibiremos la corona de vida que Dios ha prometido a los que le aman. No obstante, aquí está lo difícil: Es un camino angosto — pero también es el glorioso camino que lleva a la vida.  

Velar: la primera condición para ser un vencedor

“Y lo que a vosotros digo, a todos lo digo: Velad.” Marcos 13:37. Esta es la primera condición para ser un vencedor. Alguien que vela y ora siempre sale victorioso y evade tentaciones innecesarias. Cuando vienen estas situaciones no seremos tentados más allá de lo que podamos soportar, pues Dios junto con la tentación también nos dará la salida para que podamos soportar. No es tan difícil dejar las cosas de este mundo si nuestra mente está puesta en Dios; pero si nuestra visión no va más allá de las cosas terrenales y solo tenemos en mente las cosas que se ven, no será tan fácil cuando Satanás venga con todos sus ataques. Sin embargo, si nuestra mente está llena de cosas que son buenas frente a los ojos de Dios, somos invencibles porque estamos alerta y así el maligno no nos toca. El resultado de esto será que viviremos con Cristo, gobernamos con Él sobre el pecado, y siempre ganamos la victoria — ¡la victoria sobre el pecado! (1 Timoteo 2: 3; 1 Juan 5:18). 

La palabra de Dios siempre nos señala lo que es perfecto, y el Espíritu es el que nos guía en esa misma dirección. Para alcanzar esta meta tenemos que pelear y combatir. Toda resistencia de la carne contra el Espíritu deber ser vencida. Es entonces —cuando consideramos el requisito perfecto de Dios para ser justo y bueno como Él es — que tenemos que considerar que la paciencia de Dios es para nuestra salvación, para que el ánimo de nuestra alma no se canse. (2 Pedro 3:14-16). ¡Necesitamos desesperadamente la paciencia de Dios, especialmente cuando se trata de ser limpiados de manchas y arrugas para ser presentados perfectos ante Él! 

¡Dios es infinitamente bueno! 

El Señor es muy misericordioso y compasivo (Santiago 5:11); Él es longánime con las personas porque no es su voluntad que nadie perezca. Todos lo que quieran pueden venir y recibir del agua de vida gratuitamente. Jehová sostiene a todos los que caen. (Salmos 145:14). Dios se preocupa y está atento de todos nosotros, “Porque él pagará al hombre según su obra, y le retribuirá conforme a su camino.” Job 34:11. La infidelidad y tratar de evadir nuestra responsabilidad recibe su justo juicio. Dios nunca disminuirá sus requerimientos una vez que nos haya alumbrado y dado luz sobre lo que es una vida de victoria. A Moisés no le fue permitido entrar a la tierra prometida porque golpeó la roca en lugar de hablarle. “También contra mí se airó Jehová por vosotros, y me dijo: Tampoco tú entrarás allá.” Deuteronomio 1:37. Así de exacto es el requerimiento de Dios de que guardemos sus mandamientos. (Éxodo 23:20-21).

Tan solo un acto de desobediencia, aun cuando sea muy pequeño, nos trae una pérdida eterna.

Dios es infinitamente bueno; Él puede hacer cosas maravillosas en gente pecadora, pero humilde. Si crees, verás la gloria de Dios. Él puede hacer de ti un vencedor, el puede hacerte fuerte en su gran poder e inmovible como el Monte de Sion. Tu sol ya nunca más se pondrá. ¡Siempre habrá victoria! 

“No se pondrá jamás tu sol, ni menguará tu luna; porque Jehová te será por luz perpetua, y los días de tu luto serán acabados.” Isaías 60:20.  

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.