De qué puede protegernos la fe en la juventud

De qué puede protegernos la fe en la juventud

“Vanidad de vanidades, todo es vanidad.” Estas son las palabras que Salomón escribió basándose en sus propias experiencias.

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“Vanidad de vanidades, dijo el Predicador; vanidad de vanidades, todo es vanidad.” Eclesiastés 1:2. 

Si creemos en lo que está escrito en el libro del Eclesiastés, podemos evitarnos muchas cosas innecesarias en la vida. Uno puede imaginarse que Jesús leyó este libro en los primeros años de su vida y vivió conforme a estas palabras. Salomón escribió sobre la vanidad basándose en sus propias experiencias: "No negué a mis ojos ninguna cosa que desearan, ni aparté mi corazón de placer alguno, porque mi corazón gozó de todo mi trabajo; y esta fue mi parte de toda mi faena. Miré yo luego todas las obras que habían hecho mis manos, y el trabajo que tomé para hacerlas; y he aquí, todo era vanidad y aflicción de espíritu, y sin provecho debajo del sol.” Eclesiastés 2:10-11.  

Un gran número de personas han buscado lo mismo durante sus días "debajo el sol", en un mayor o menor grado. Se han entregado a todo lo que sus ojos deseaban y no retienen sus corazones de ningún placer, pero solo para llegar más o menos a la misma conclusión: "¡Vanidad de vanidades!" Todo es vanidad (todo es inútil) y aflicción de espíritu. Buscar este tipo de cosas no conduce a la felicidad ni una completa satisfacción, sino solamente a un vacío aún más grande. Por lo tanto, es de gran sabiduría que un joven no se una a ese gran número de personas. ¿Cómo puede evitar ser uno de ellos? Creyendo en las palabras de Salomón y en que buscar cualquier cosa de este mundo es solo "aflicción de espíritu", para que no se entregue a ellas, y entonces ¡pueden usar sus días para buscar las cosas que traen un beneficio eterno! 

La vida es un viaje muy corto de sembrar el bien o el mal y cosechar los resultados de lo que hemos sembrado. (Gálatas 6:7-8). Salomón deja muy claro el vacío que cosecharemos si tenemos la mente puesta en las cosas de la tierra. No es de extrañar que dé este consejo: “Acuérdate de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y lleguen los años de los cuales digas: No tengo en ellos contentamiento.” Eclesiastés 12:1. Si no hacemos esto, no solo perderemos oportunidades para acumular tesoros eternos, sino que experimentaremos días desagradables a medida que la vida avanza. ¡Es impactante pensar en todos los matrimonios y los hogares rotos, en los encarcelamientos, en las adicciones no deseadas, en las deudas innecesarias, en los rencores que acaban con las amistades y en muchas otras penas de las que la gente podría evitarse si prestara atención y viviera estos versículos! 

La conclusión de todo discurso oído 

Salomón termina el libro con la sabiduría que nos enseña la manera de vivir una vida que es completamente opuesta a afligir nuestro espíritu: “El fin de todo el discurso oído es este: Teme a Dios, y guarda sus mandamientos; porque esto es el todo del hombre. Porque Dios traerá toda obra a juicio, juntamente con toda cosa encubierta, sea buena o sea mala.” Eclesiastés 12:13-14. Si en lugar de ceder a lo que nuestros ojos desean – a los deseos y pasiones de la carne – nos entregamos por completo a la obediencia a la palabra de Dios, cosecharemos una bendita comunión con Jesús y con otros que eligen andar por el mismo camino. Tenemos la oportunidad de pasar nuestra vida almacenando tesoros en el cielo. 

“No os hagáis tesoros en la tierra, donde la polilla y el orín corrompen, y donde ladrones minan y hurtan; sino haceos tesoros en el cielo, donde ni la polilla ni el orín corrompen, y donde ladrones no minan ni hurtan.” Mateo 6:19-20. 

Al final del evangelio de Juan, él reflexiona sobre la relativamente corta vida de Jesús: “Y hay también otras muchas cosas que hizo Jesús, las cuales si se escribieran una por una, pienso que ni aun en el mundo cabrían los libros que se habrían de escribir. Amén.” Juan 21:25. Aquí vemos que Juan no solo pensaba en las muchas obras externas que Jesús hizo (sanar, hacer milagros, actos de bondad, dar palabras edificantes, etc.), sino también en la obra que estaba ocurriendo en su hombre interior. Por ejemplo, cuando Jesús fue tentado por el diablo en el desierto con pensamientos de exaltarse a sí mismo, venció sobre las tentaciones con la palabra de Dios. (Mateo 4:1-11). 

Esta fidelidad interior le proporcionó abundantes oportunidades para agradar a Dios en su vida cotidiana. Es evidente que Jesús utilizó todos los momentos posibles de su vida haciendo lo que Salomón dijo que era el propósito de la vida: “temer a Dios y guardar sus mandamientos.” Que muchos sigan sus pasos entregándose por completo a hacer la voluntad de Dios y evitando así la vanidad de buscar ganancias en este mundo. Que podamos más bien acumular para nosotros tesoros que tengan valor para ahora y para toda la eternidad. Qué diferente es esta vida a vivir para tratar de satisfacer nuestros deseos y terminar con la misma conclusión que Salomón: “Vanidad de vanidades.” 

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.