Una mejor comprensión de la gracia

Puede resultar difícil entender en qué consiste la gracia de Dios cuando la disciplina del Señor viene a nuestras vidas.

Escrito por Cristianismoactivo
Una mejor comprensión de la gracia

“No menosprecies, hijo mío, el castigo de Jehová, Ni te fatigues de su corrección; Porque Jehová al que ama castiga, Como el padre al hijo a quien quiere.” Proverbios 3:11-12.

Resulta fácil entender como una tremenda gracia el hecho de que el Señor nos amara, nos cuidara, muriera por nosotros en el Calvario y perdonase todos nuestros pecados. Sin embargo cuando la disciplina y el castigo vienen sobre nosotros, muy pocos son los que lo entienden.

Puede ser difícil entender que cuando viene la disciplina del Señor sobre nuestras vidas, es gracia de Dios. El hecho de que el Señor nos ama, y que Él nos cuida, y que murió en nuestro lugar en el Calvario, y que Él nos perdona todos nuestros pecados, es fácil de entender como una tremenda gracia. Pero cuando la disciplina y el castigo vienen sobre nosotros, muy pocos entienden eso. Está escrito: “Es verdad que ninguna disciplina al presente parece ser causa de gozo.” Hebreos 12:11

Con lo que Jesús vino

Cuando pensamos que Dios se preocupa por nosotros, y que en la bondad de Dios hacia nosotros, ¡nadie se opone! Alabamos a Dios por la gracia que nos fue dada en la cruz del Calvario donde Jesús murió por nuestras transgresiones, para que por fe podamos recibir el perdón de los pecados. Esto es una gracia increíble. Pero eso también es algo que podrían recibir en el antiguo pacto. Con esto no vino Jesús.

Él vino con una nueva vida. ¡Sí, este es el evangelio! Esto es; con el mensaje bianaventurado de la gloria, la paz y la alegría de Dios. ¡El objetivo es que una vez convertidos y reconciliados con Él, alcancemos también Su justicia! Es entonces cuando obtendremos la paz de Dios y tendremos una buena conciencia, pese a no haber alcanzado toda la paz que hay en Dios. Lo que Dios quiere ahora es transformarnos en hombres de Dios capaces de alcanzar la vida de Dios.

Para llegar a ello necesitamos una formación mediante la cual Él pueda tratarnos como a hijos. Como personas somos muy superficiales, no obstante Dios tiene un objetivo en nuestra vida. Mediante la disciplina nuestro oído se va abriendo para poder ir escuchado su voz y llegar al lugar correcto en nuestro espíritu, que es donde Dios quiere que estemos. Este el sentido que tiene tal formación, que mediante semejante disciplina podamos obtener sentidos ejercitados para discernir entre el bien y el mal, para que no sigamos siendo niños que no entienden nada, sino que lleguemos a una vida madura en Dios y comprendamos cuál es su voluntad y lo que Él quiere en nuestras vidas.

¡La disciplina de Dios es gracia!

La disciplina con la que Dios nos trata como a hijos, ¡es gracia! En tal caso no deberíamos sorprendernos del fuego de prueba que nos sobreviene como si fuera algo extraño. ¡Ahora Dios trabaja con nosotros! No obstante para comprenderlo necesitamos ser suficientemente humildes. Por esa razón dice: “Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios.” 1 Pedro 5:6. Podemos sentir cómo en las pruebas la mano de Dios descansa pesadamente sobre nosotros. Sin embargo si nos humillamos la carga resulta entonces más ligera. Nos volvemos más pequeños en nosotros mismos y tal presión disminuye.

¡Piensa en la formación que Jesús recibió! Él fue ungido con óleo de alegría más que a sus hermanos (Hebreos 1:9). Es algo en lo que pensar. En esas situaciones en las que estaba con su padre, como hijo de un carpintero, estaba absolutamente contento y satisfecho. ¡Absolutamente! Porque Él sabía que vivía de acuerdo a la voluntad de Dios y que Dios estaba llevando a cabo una obra en Él al igual que en nosotros. ¡Es gracia de Dios el hecho de que ésta (la gracia) nos enseñe a renunciar a la impiedad y a los deseos mundanos! (Tito 2:11-12). No podemos conseguirlo sin disciplina.

Verdadera gracia

Si creemos que Dios nos ve a través de Jesús como si nunca hubiéramos pecado, ¿qué puede lograr la gracia en nosotros? Seguiremos siendo las mismas personas que viven conforme a la carne. Esta es una falsa comprensión de la gracia. Pero Pablo tenía una comprensión clara de la gracia y también exhortó para que la gracia no fuera en vano. Él demostró ser un siervo del Señor en las cosas más difíciles que podemos enfrentar en la vida. Cuando nos vemos expuestos y pasamos por pruebas, deseamos por supuesto mostrarnos como siervos del Señor, pero si nos amargamos en la prueba nos mostraremos como alguien que no es siervo del Señor. Esto es lo que sucede si carecemos de la comprensión correcta de la gracia.

Si creemos que Dios nos ve a través de Jesús como si nunca hubiéramos pecado, ¿qué puede lograr la gracia en nosotros? Seguimos siendo las mismas personas que viven para la carne. Es una falsa comprensión de la gracia. Pero Pablo tenía una comprensión clara de la gracia, y también exhortó que la gracia no debería ser en vano. Pero demostró ser un sirviente del Señor en las cosas más difíciles que podemos enfrentar en la vida. Cuando estamos expuestos a algo y tenemos una prueba, por supuesto, nos gustaría mostrarnos como un sirviente del Señor, pero si nos amargamos en la prueba, entonces nos mostraremos como uno que no es un siervo del Señor. Esto es lo que sucede si no tenemos la comprensión correcta de la gracia.

La verdadera gracia es la obra del Espíritu Santo, es una obra de gracia en Jesucristo de la que somos copartícipes.

 

Este artículo está inspirado en una predica de Kåre J. Smith el 8 de junio de 2017.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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La gracia en Cristo Jesús

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«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.