Una forma sencilla para obtener resultados en tus oraciones

¡No es información confidencial! Jesús nos enseña claramente a orar en la parábola de la viuda.

Escrito por Kathryn Albig
Una forma sencilla para obtener resultados en tus oraciones

La parábola de la viuda 

“También les refirió Jesús una parábola sobre la necesidad de orar siempre, y no desmayar, diciendo: Había en una ciudad un juez, que ni temía a Dios, ni respetaba a hombre. Había también en aquella ciudad una viuda, la cual venía a él, diciendo: Hazme justicia de mi adversario. Y él no quiso por algún tiempo; pero después de esto dijo dentro de sí: Aunque ni temo a Dios, ni tengo respeto a hombre, sin embargo, porque esta viuda me es molesta, le haré justicia, no sea que viniendo de continuo, me agote la paciencia. Y dijo el Señor: Oíd lo que dijo el juez injusto. ¿Y acaso Dios no hará justicia a sus escogidos, que claman a él día y noche? ¿Se tardará en responderles? Os digo que pronto les hará justicia. Pero cuando venga el Hijo del Hombre, ¿hallará fe en la tierra?” Lucas 18:1-8. 

Podemos aprender mucho de la parábola que Jesús da sobre la viuda, ella no se rindió y reclamó su derecho. Su persistencia es lo que lo que la distingue y es la base de lo que Jesús quiso enseñarnos a través de esta parábola. 

¿Qué habría pasado si la viuda se hubiera rendido la primera vez que fue rechazada por el juez? o ¿qué habría pasado si, cuando él no la ayudó, ella hubiera dicho: “Oh bueno, lo intenté, mejor me voy”? ¿Es suficiente con haber intentado una vez? La parábola dice que ella “le fue molesta”, ya que persistió y volvió y continuamente suplicando por su caso. Estaba desesperada. Necesitaba que se le hiciera justicia de su adversario, sabía dónde tenía que ir para recibirla, y no se detuvo hasta obtenerla.

¿Quién es mi adversario?  

“¿Por qué Dios no me responde cuando oro si siento que estoy clamando…?” Es común tener este tipo de pensamientos. ¿Pero qué es por lo que estoy clamando? ¿Estoy clamando para que se cumpla mi propia voluntad, o es para que se haga la voluntad de Dios en mi vida? La viuda clamó por justicia de su adversario. ¿Quiénes son mis adversarios? ¿Acaso no son las cosas en mi propia carne que me impiden hacer la voluntad de Dios? Hay muchos adversarios en la naturaleza humana: orgullo, necedad, pereza, dureza de corazón, y también una incapacidad para amar y ser bueno con todas las personas con las que me encuentro. También la envidia, la insatisfacción, el rencor, la preocupación, el mal temperamento, etc… ¿He clamado, así como la viuda y he persistido en la fe hasta que Dios me haya hecho justicia y vengado de mis adversarios cuando son revelados en mi vida? ¿Lo he hecho hasta recibir el poder para resistir y luchar contra ellos y hasta que estén completamente vencidos? ¿Lo he hecho hasta que soy completamente libre, para que la bondad y la virtud surjan en mi vida?

¿Soy persistente como la viuda? 

¿Qué tan persistente soy? ¿Puedo identificarme con la viuda? Jesús dijo que Dios pronto hará justicia a sus escogidos, a los que “claman a Él día y noche.” ¿He clamado sobre mi necesidad? ¿He persistido? ¿O solo pregunté, esperando lo mejor, pero sin estar seguro de los resultados? A este tipo de actitud es lo que hizo a Jesús preguntar: Cuando el Hijo del Hombre venga, ¿realmente encontrará fe en la tierra?”

Jesús también dice: “Desde los días de Juan el Bautista hasta ahora, el reino de los cielos sufre violencia, y los violentos lo arrebatan.” Mateo 11:12. ¡Estas son palabras fuertes! ¡Los violentos lo arrebatan! ¡Tengo que clamar persistentemente hasta que mi necesidad sea llenada! Si me rindo por obstáculos o muros, barreras o impedimentos de cualquier tipo, ¿tengo fe realmente? Si hubiera pedido con fe, sin dudar nada, así como Santiago nos enseña a orar, entonces he persistido (Santiago 1:5-6), pues no me daría por vencido tan fácilmente, ni tampoco habría perdido la esperanza.

Es necesario que esté realmente desesperado para que sea vengado y consiga justica sobre mi adversario. 

Justicia de mi adversario: Recibiendo las virtudes 

“Vosotros también, poniendo toda diligencia por esto mismo, añadid a vuestra fe virtud; a la virtud, conocimiento; al conocimiento, dominio propio; al dominio propio, paciencia; a la paciencia, piedad; a la piedad, afecto fraternal; y al afecto fraternal, amor. Porque si estas cosas están en vosotros, y abundan, no os dejarán estar ociosos ni sin fruto en cuanto al conocimiento de nuestro Señor Jesucristo.” 2 Pedro 1:5-8.  

Si estas son las cosas por las que clamo persistentemente y persevero hasta que las haya recibido, entonces Dios me hará justicia rápidamente, y asimismo Jesús encontrará fe en  en la tierra. Pedid, y se os dará; buscad, y hallaréis; llamad, y se os abrirá. Porque todo aquel que pide, recibe; y el que busca, halla; y al que llama, se le abrirá.” Mateo 7:7-8.  

Si busco primeramente el reino de Dios, buscando primeramente crecer en virtud y obtener la vida de Cristo en mí, entonces recibiré todo lo que necesito, tanto espiritualmente como en la vida práctica. Dios quiere que sea libre de las cosas a las que estoy atado. Todo lo que me pasa en la vida es con el fin de que sea liberado de lo que me ata, y si quiero ser libre entonces, al igual que la viuda persistente, debo saber exactamente a dónde ir y lo qué debo hacer para ser liberado. (Mateo 6:33; 2 Corintios 4:10).

 

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.