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Ser uno, así como el Padre y el Hijo son uno

La unidad entre los cristianos es una señal para el mundo de que Jesucristo fue enviado por el Padre. Pero ¿Cómo podemos llegar a ser uno, como el Padre y el Hijo?
One as the Father and the Son are one (John 17:21)

“Mas no ruego solamente por éstos, sino también por los que han de creer en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno; como tú, oh Padre, en mí, y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros; para que el mundo crea que tú me enviaste. La gloria que me diste, yo les he dado, para que sean uno, así como nosotros somos uno. Yo en ellos, y tú en mí, para que sean perfectos en unidad, para que el mundo conozca que tú me enviaste, y que los has amado a ellos como también a mí me has amado.” Juan 17:20-23.

¿Cómo es que Dios y Jesús son uno?

Tenemos un gran y santísimo llamado, que es llegar a ser uno, así como el Padre y el Hijo son uno. Si queremos asir esta meta tenemos que seguir al Hijo por el camino angosto que nos conduce a la vida.

“Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad, sino la voluntad del que me envió.” Juan 6:38.

“Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen.” Hebreos 5:8-9.

Aquí vemos la manera por la cual Padre e Hijo llegan a ser uno. Jesús llegó a nacer en la humanidad y llegó a ser hijo de hombre (1 Timoteo 2:5) y como el Hijo de Hombre aprendió obediencia. No fue un camino fácil para Él, tuvo que aprender a través de pruebas. En Isaías 53 leemos sobre algunos de los sufrimientos por los que pasó para aprender obediencia.

“Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada.” Isaías 53:10

Jesús oró: “Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.” Lucas 22:42. Esta “mi voluntad” era la voluntad humana, la voluntad de Jesús como Hijo de Hombre. Esta voluntad tuvo que ser quebrantada para que Dios pudiera prosperalo y así ser un sacrificio. Jesús anduvo por este camino voluntariamente. Este fue el camino nuevo y vivo que Él nos mostró para llegar a seguirlo. En este camino donde la voluntad humana llegó a ser quebrantada, tomó toda la plenitud de la deidad para que habitase en Él. (Colosenses 1:19; 2:19) Por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina. (2 Pedro 1:3-4).

¿Cómo llegamos a ser nosotros uno como el Padre y el Hijo?

Ahora nosotros también tenemos las mismas posibilidades que Jesús tenía, si es que estamos dispuestos a ser un sacrificio. Jesús vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen. (Hebreos 5:9) En este camino de obediencia llegamos a ser uno como el Padre y el Hijo son uno.

Es tan importante lo que Pablo dice: “y por quien recibimos la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor de su nombre.” Romanos 1:5. Sin embargo, es imposible aprender obediencia sin llegar a ser quebrantados. Hay muchas personas que intentan hacer que los diferentes grupos religiosos se conviertan en uno, pero es en vano, ya que los líderes son grandes en sí mismos, fuertes en sus opiniones, tal como los miembros que los siguen y toman partido. Por eso hay cada vez más pelea y controversia dentro de los grupos y entre las diferentes denominaciones. Ellos no quieren doblegarse. Muchos hablan sobre el amor y leen en 1 corintios 13, pero uno no puede obtener amor sin llegar a ser doblegado.

Leemos lo que el amor no hace: no tiene envidia, no es jactancioso, no busca lo suyo, no se irrita, no hace nada indebido, etc. Quien no se doblega así mismo llega a irritarse, busca lo suyo, y se jacta. De tal forma nunca puede llegar a ser uno. Y piensa aún que tienen toda la razón de sentirse ofendido, y se ofende, en lugar de tomar su cruz, humillarse a sí mismo y juzgar su egoísmo y dureza.

También podemos leer lo que el amor hace: Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. (Colosenses 3: 12-14) Cuando nuestro prójimo llega a ser difícil y obstinado, entonces la mayoría de la gente dice: No me cae bien; debe haber algún modo de poder soportarlo. En lugar de humillarse, se hacen fuertes y se excusan defendiendo su “yo y yo.” En lugar de perdonar, como Cristo nos ha perdonado, llegan a ser malos y hablan mal de su prójimo.

Puede que tengas antipatía hacia otro, o que no te agrade alguien, y aún así eres amable y sonríes, pero mantienes tu distancia. Pero esto muestra que no quieres cultivar comunión espiritual con él, tu gran “YO” no puede soportar a los otros “yo.” No quieres ser doblegado y quebrantado para que llegues a ese amor que todo lo soporta y todo lo espera. Sí, por supuesto, no quieres discutir con él, por eso guardas tu distancia. Pero esto no es ser uno así como el Padre y el Hijo son uno. 

El cumplimiento de la oración de Jesús por la unidad de los cristianos

Bienaventurados son aquellos que han recibido entendimiento acerca de cómo el Hijo y el Padre son uno, y que quieren seguir al Hijo en este camino nuevo y vivo. En ellos la oración de Jesús se cumple, y experimentan una gloriosa vida entre ellos, sin ningún obstáculo. Ellos andan en luz, como Él está en luz, tienen comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo los limpia de todo pecado. (1 Juan 1:7)

Alabado sea Dios por esta gloriosa salvación de la cual podemos tomar parte cada vez más si es que estamos dispuestos a sacrificar. Satanás no puede encontrar un lugar en esta comunión en la luz.

“Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano. Mi Padre que me las dio, es mayor que todos, y nadie las puede arrebatar de la mano de mi Padre.Yo y el Padre uno somos.” Juan 10: 27-30.

Este artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez en el periódico oficial de BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros Escondidos”) en  marzo de 1964.
© Copyright Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag

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