El sembrador es el que siembra. ¿Qué pasa después?

El escuchar la palabra de Dios nos trae una gran responsabilidad

Escrito por Trygve Sandvik
El sembrador es el que siembra. ¿Qué pasa después?

La enseñanza de Jesús en la parábola del sembrador 

En la parábola del sembrador, Jesús quiere recordarnos la gran responsabilidad que tenemos por escuchar la palabra de Dios. En la parábola, solo uno de los cuatro que escucharon la palabra la guardó y dio fruto hasta estar maduro. Los otros tres restantes se puede decir que la escucharon en vano. ¿Acaso Jesús quería decirnos y darnos la impresión de que la palabra siempre es recibida en alguna de estas maneras? Así parece, y varios hechos pueden confirmar esto. Notamos que el corazón de la gente hoy en día es el mismo que antes. Las cosas no han cambiado con las personas con respecto a su amor por el mundo y a las cosas del mundo.

El fruto que ha dado el predicar el evangelio durante siglos, es solo un muy pequeño rebaño comparado con el rebaño que tiene apariencia de piedad, pero niegan su eficacia. (2 Timoteo 3:1-5) Pero, a pesar del hecho de que es difícil guardar la palabra que escuchamos, y que no muchos logran vivir conforme a ella, ¿acaso ya no podemos exhortarnos a nosotros mismos y a otros para recibir la palabra? ¿Crees que podemos dar esperanza, y podemos tener fe en que dará fruto hasta madurar en los demás también?

¡¡Sí, alabado sea Dios!! 

Nadie de los que son nacidos de Dios son como una pluma que va por los mares turbulentos de la vida sin saber si terminará en pedregales o entre espinos, así como la semilla de la parábola del sembrador.

Recibiendo la palabra 

Dios nos ha puesto en un camino firme y estable que nos lleva a la vida. Ninguno de los que deja todo por causa de Jesús será avergonzado. Pero los temerosos y los cobardes son como aquellos que escucharon la palabra, pero el diablo se las quitó para que no creyeran y fueran salvos. En lugar de usar la palabra como la espada del Espíritu para luchar contra el diablo, fueron tan inestables y no aptos para la batalla que se rindieron. La palabra tuvo un pequeño efecto en el corazón, pero el mandamiento de estar arraigados y cimentados en la palabra no fue obedecido y por consecuencia, se convirtieron en víctimas fáciles del maligno.

Por otro lado, tenemos aquellos en los que la semilla había caído en pedregales y avanzaron un poco más a pesar de que no tenían raíz. En sí, es posible seguir adelante sin estar enraizado, pero ¡qué engaño! Se regocijaron y creyeron, y podemos estar seguros de que pasaron muchos buenos momentos en la iglesia, pero no estaban arraigados. Cuando llegó la hora de la prueba, por la cual todos nosotros tenemos que pasar, cayeron y se alejaron. ¿Pero cómo podemos evitar semejante destino tan terrible? Alimentándonos con oración de la palabra después de escucharla y teniendo una sincera comunión con los santos. Entonces Dios dará el crecimiento y tendremos una raíz que no puede ser quitada.

Los que cayeron entre espinos son los que escuchan. Ellos tienen un oído para escuchar la palabra. ¡Solo piensa en el privilegio y la oportunidad que recibieron de Dios al tener un oído para escuchar! ¿pero cómo les fue? La ansiedad, las riquezas y los deseos ahogaron la palabra y no llevaron fruto hasta madurar. El diablo tuvo la victoria una vez más. Jesús no pudo traerlos como sus primicias. Puede que hayan estado plagados de ansiedad durante muchos años, sin darse por vencidos, pero el fruto no maduró. El diablo quiere engañarnos haciendo que nos conformemos con una victoria parcial y frutos casi maduros. Pero Jesús nos mostró solo una meta: un fruto maduro.

Dando fruto 

Los que recibieron la semilla en buena tierra se aferraron a la palabra. Los otros no habían logrado mantener firme esta actitud hacia la palabra en sus corazones. La firmeza es lo opuesto a la pereza y a la derrota. Nuestra dedicación a Dios y nuestra devoción a su palabra por el resto de nuestra vida nos hace estar tan firmes como la fe misma. Se necesita nada menos que esto para dar fruto con paciencia.  

Las primicias – los que están en Cristo – dan y producen los frutos del Espíritu. Allí es donde Dios da el crecimiento, porque se cumplen las correctas condiciones. Nunca más darán frutos agrios y llenos de gusanos, porque sus corazones son nobles y buenos.

Ester artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez con el título “Ten cuidado con tu vida” en la edición de Skulte Skatter (Tesoros Escondidos) en abril de 1958.
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.