¿Necesito cambiar mi personalidad para ser como Cristo?

La vida de un cristiano incluye cambios, pero ¿tengo que dejar de ser “yo”?

Escrito por Nellie Owens
¿Necesito cambiar mi personalidad para ser como Cristo?

No hay duda alguna que la vida de un cristiano incluye cambios. La Biblia habla acerca de una vida de completa y absoluta transformación. Como cristianos, somos llamados a ser conforme a la imagen de Jesucristo. (Romanos 8:29) ¡No hay mejor llamado que esto!

Pero, ¿qué significa esto realmente en un sentido práctico? ¿Debemos cambiar nuestras personalidades: nuestro sentido del humor y todas nuestras cualidades naturales para ser como Cristo?

Somos individuos en Cristo

Dios mismo es quien nos ha formado. Él nos ama tal y como somos y nos ha dado a cada uno de nosotros personalidades y un conjunto de cualidades que son individuales y únicas. No necesitamos cambiar nuestra personalidad para ser conforme a la imagen de Cristo (Romanos 8:29), pero somos llamados a seguirle y servirle como individuos únicos. “Ahora bien, hay diversidad de dones, pero el Espíritu es el mismo. Y hay diversidad de ministerios, pero el Señor es el mismo. Y hay diversidad de operaciones, pero Dios, que hace todas las cosas en todos, es el mismo.” 1 Corintios 12:4-6.

Sin embargo, independientemente de la personalidad que tengamos, no es difícil ver en nosotros lo que nos impide seguir el ejemplo de pureza absoluta de Jesús. Pablo escribe: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.” Romanos 7:21.

Tenemos una naturaleza corrompida

No es algo natural que respondamos a nuestras situaciones y a los demás con la pureza que hay en Cristo. Por ejemplo, un comentario sarcástico que tal vez se pensaba que era inofensivo, puede ser fácilmente manejado por el verdadero desprecio por otra persona, la irritación o el deseo de tener siempre la última palabra en una conversación. De la misma manera, otras cosas que hacemos de manera regular, así como nuestros pensamientos y palabras pueden ser contaminados con intenciones impuras, temor al hombre, ansiedad, celos, orgullo, egoísmo, etc. Estas cosas no son parte de nuestra personalidad, pero son las tendencias del pecado (“pecado en la carne”) que cada persona ha heredado al nacer.

La Biblia nos dice que esto resulta de la caída. Cuando Adán y Eva desobedecieron a Dios en el Jardín del Edén, el pecado envenenó su naturaleza humana. La humanidad fue entregada a los deseos y pasiones de su corrompida carne natural y el pecado se estableció en los pensamientos y las mentes de las personas. (Génesis 6:5)

Purificandonos

Sin embargo, Jesús vino a ofrecernos una salida de esta naturaleza pecaminosa: un camino completamente puro para seguirle y ¡ser semejante a Su imagen! Juan escribe que todo aquel que tiene esperanza de ser como Cristo, se purifica a sí mismo, así como Cristo es puro. (1 Juan 3:3)

Si queremos ser como Jesús, entonces nos purificamos, o negamos todo lo que va en contra de la buena y perfecta voluntad de Dios en obediencia a la verdad. (1 Pedro 1:22) Nada debe ser usado como un escudo o excusa para que el pecado reine en nuestras vidas. Necesitamos usar la Palabra de Dios para juzgar nuestros pensamientos, palabras y acciones, y ¡separarnos de todo pecado!

“Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón.” Hebreos 4:12.

En otras palabras, usamos la Palabra de Dios para juzgar nuestros pensamientos y acciones y conscientemente rechazamos (o purificamos de nosotros mismos) todo lo que tiene su raíz en el pecado. Haciendo esto, estamos imitando a Jesús, el primer ser humano en el que Dios pudo condenar el pecado en la carne. Jesús condenó el pecado en la carne al negar el deseo de pecar que encontró en Su propia naturaleza humana. (Romanos 8:3)

Libres de servir a Dios tal como somos

Llegar a ser como Cristo requiere que nos purifiquemos en obediencia a la Palabra de Dios. Debemos seguir el ejemplo de Jesús de condenar el pecado en nuestra propia carne, haciendo esto ¡somos más como Él! Somos liberados de cosas como temor al hombre, ansiedad, celos, impurezas, orgullo y egoísmo, aumentando cada día más las virtudes de Jesús en nuestras vidas.

¡El pecado ya no ata ni restringe nuestros pensamientos y acciones! Somos libres de nosotros mismos y podemos confiar que lo que hacemos y decimos es de un corazón puro, sin importar nuestra personalidad.

Dios ha preparado obras para cada uno de nosotros. En Efesios 2:10 está escrito, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” De la misma forma, hay cosas que solo tú y tu personalidad pueden lograr, y el anhelo de Dios es que Él pueda usarte a ti y a tu personalidad para llevar a cabo una variedad de buenas obras. Cuando cada uno de nosotros nos purifiquemos en obediencia a la Palabra de Dios, nos volveremos más y más como Cristo. Y no solo eso, sino también seremos cada vez más libres para ser un individuo en Cristo, tal como Él lo planeó.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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