Malas sospechas y conjeturas

Tener malas sospechas es lo contrario al ejemplo que Cristo nos dejó y se derivan de la falta de amor. Sin embargo, ¡podemos librarnos de estos pensamientos destructivos!

Escrito por Gary Fenn
Malas sospechas y conjeturas

El tener malas sospechas y conjeturas sobre asuntos y las personas tiene su raíz en nuestra carnalidad, pues uno juzga según la carne por lo que ve y escucha. A menudo, uno simplemente se entromete en los asuntos de otras personas, trayendo como resultado mucha intranquilidad que es innecesaria, tanto en uno mismo como en los demás, transmitiéndola por medio de chismes. A pesar de que este pecado puede ser una preocupación aparente, debajo de él también hay un enorme grado de altivez.

Mente carnal o mente espiritual

Jesús dice: “No juzguéis según las apariencias, sino juzgad con justo juicio.” Juan 7:24. A menudo, si hay dudas de la fuente de la información de la que se han sacado conclusiones, se considera que son meras sospechas y conjeturas de nuestros pensamientos o de otras personas. La fuente donde se saca esa información puede ser de los parientes o de otras personas que están lastimadas u ofendidas. Esto es todo menos justo.

El ejemplo dejado por Cristo y sus verdaderos siervos es todo lo contrario a lo anteriormente mencionado. “No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos…” Isaías 11: 3. “Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor.” 1 Corintios 2:3. 

En Eclesiástico está escrito: “Si te cuentan algo de un amigo, pregúntale, quizá él no haya hecho lo que dicen; y si lo hizo, para que no lo vuelva a hacer. Si te cuentan algo de tu prójimo, pregúntale, quizá no haya dicho lo que le achacan; pero si lo dijo, para que no vuelva a decirlo. Pregunta al amigo; con frecuencia es pura calumnia; no creas todo lo que dicen. Eclesiástico 19:13-15. Esto podría ser a menudo la simple respuesta para entrar al reposo y fortalecer la hermandad en lugar de dañarla. Lo que generalmente ocurre es que uno trata de buscar el consejo en la propia alma y en la de otros que tienen una mente carnalpara así encontrar apoyo y simpatía. 

Las malas sospechas provienen de la falta de amor 

El apóstol estaba seguro de que los hermanos en Roma estaban “llenos de bondad, llenos de todo conocimiento, de tal manera que podían amonestarse los unos a los otros.” Romano 15:14. Muchas veces, tal vez, es la falta de tal bondad y amor hacia los demás lo que permite que estas malas sospechas se queden en los pensamientos de uno y se hable de ellas a los demás, en lugar de acudir al que concierne con la esperanza de traerle ayuda. 

Pero si tenéis celos amargos y contención en vuestro corazón, no os jactéis, ni mintáis contra la verdad; porque esta sabiduría no es la que desciende de lo alto, sino terrenal, animal, diabólica. Porque donde hay celos y contención, allí hay perturbación y toda obra perversa.” Santiago 3:14-16. Las cosas se complican y confunden fácilmente si se usa la sabiduría que viene de abajo, ya que te abres a la fuente del mal, y rápidamente puedes ser influenciado por los poderes de los espíritus malignos. Cuando uno se deja influenciar por estos espíritus alguien que anteriormente era visto como precioso y querido puede ahora pasar a ser cuestionado, juzgado e incluso condenado debido a que uno se ha alejado mucho de la simplicidad de ser fiel a Cristo, habiendo dado lugar a algo de egoísmo o envidia.

Las sanas palabras del evangelio 

Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad, está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas…” 1 Timoteo 6: 3-4.  

Alejémonos de toda nuestra necedad humana y aferrémonos a las sanas palabras del evangelio, la cuales son fuente de toda salvación, bendición y comunión. Hagamos lo que Jesús nos ordenó: neguémonos a nosotros mismos y tomemos nuestra cruz cada día; no juzguemos, para que no seamos juzgados; seamos pobres en espíritu y amemos, así como Él también nos amó. Tengamos cuidado de nosotros mismos y de la doctrina, haciendo esto nos salvaremos a nosotros mismos y a los que nos oyen y, por último, busquemos la paz con todos y la santificación, sin la cual nadie verá al Señor. (Lucas 9:23; Mateo 7:1; Mateo 5:3; Juan 13:34; 1 Timoteo 4:16; Hebreos 12:14.)

Este artículo fue publicado por primera vez con el título “Sospechas y conjeturas” en la edición de Tesoros Escondidos en octubre de 2017.
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.