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La Palabra de la cruz: El cristianismo puesto en práctica

Cualquier persona, donde sea y cuando sea puede vivir una vida increíblemente rica si es que está dispuesta.

La palabra “cristiano” significa “seguidor de Cristo”, y en Lucas 9:23-24 Jesús mismo dice lo que esto significa: “Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese así mismo, tome su cruz cada día, y sígame.” Esta es la esencia  del cristianismo, y aplica para todos los verdaderos cristianos, sin importar la edad, género, personalidad, antecedentes o circunstancias.

Jesús sabía de lo que estaba hablando

Podemos seguir a Jesús tomando nuestra cruz, pues Él hizo lo mismo mientras estaba en la tierra. Como ser humano, Jesús heredó una “carne” con tendencia al pecado. (Hebreos 2:14) A causa de los deseos en Su carne, Él también fue tentado. (Santiago 1:12-15) Pero debido a que se negó así mismo (es decir, negó sus propios deseos), nunca cometió pecado. (Hebreos 4:15)

Está muy claro que Jesús sabía cómo era estar en la condición de hombre, no solamente como una teoría, sino porque el mismo la tenía. Jesús dió ejemplos prácticos que comprueban que Él mismo sabía lo que significaba ser tentado: a la envidia, a la irritación, a los deseos, a juzgar, a la ansiedad, al orgullo, a la hipocresía, etc… Pero cada día de Su vida Él usó “la cruz.” Así fue como los deseos en Su carne fueron negados, y llegaron a la muerte. En palabras más prácticas significa que dijo “¡No!” a los deseos en Su carne, y con la fuerza de Dios pudo resistir hasta recibir la victoria, y de este modo llevó a la muerte el pecado al que fue tentado. Lo que significa que tuvo que padecer en la carne y clamar a Dios por ayuda, pero también que nunca pecó. (1 Pedro 4:1; Hebreos 2:14, Hebreos 5:7).

¡Podemos dejar de pecar!

“La palabra de la cruz” es extraordinariamente práctica. Puede ser utilizada en la vida cotidiana por cualquier persona, independientemente de la edad, género, personalidad, antecedentes o circunstancias. Puede ser usada en cualquier situación o tentación. Cuando tomamos nuestra cruz cada día no cedemos a sentimientos de irritación o envidia. Tampoco cedemos a tentaciones de sentirse orgulloso, de malicia o pereza; no damos lugar a pensamientos inmundos, nos negamos a ser esclavos de lo malo y del desánimo, el cual nos obstaculiza a hacer lo bueno, y nos convertimos en hacedores de la palabra (Santiago 1:21-22).

Con la cruz “mueren” los deseos en la carne antes de que se conviertan en pecado. (Santiago 1:14-15; Colosenses 3:5; Gálatas 5:24) Pablo dice que la palabra de la cruz es poder de salvación para aquellos que creen, y es la sabiduría de Dios. (1 Corintios 1:18-25) ¡Esto lo vemos en la práctica! si usamos la cruz y el poder del Espíritu Santo ocurre una transformación en nosotros.

Donde antes éramos rencorosos y exigentes, ahora nos convertimos en una bendición; donde antes nos preocupábamos y desanimábamos, ahora nos llenamos de fe y vigor; donde una vez estuvimos juzgando y llenos de contienda, aprendemos a perdonar y a fortalecer. En lugar de causar enemistades y peleas cuando lastiman nuestros sentimientos o cuando alguien no está de acuerdo con nuestra opinión, podemos llegar a ser ejemplos en amabilidad, bondad y paciencia. Mientras más negamos nuestros propios deseos, más recibimos de las virtudes de Cristo.

Resultados fantásticos

Además de beneficiarnos a nosotros mismos en nuestra transformación, también beneficiamos a nuestros seres más cercanos y queridos. El efecto en los otros se propaga como las olas del mar, ¡qué alegría da cuando los padres, madres, hijos, colegas y vecinos dejan de ser duros, rencorosos y amargados y llegan a ser agradables y agradecidos! Es un alivio cuando dejamos de ser arrogantes y empezamos a apoyar a los demás. Es una bendición para la sociedad cuando las personas flojas llegan a ser diligentes ycuando la justicia, la honradez y lealtad prevalecen.

Como cristianos llegamos a ser ejemplos y vencedores de la justicia, compasión y una moral alta. Somos una ciudad situada en la montaña, una luz que no se puede ocultar. (Mateo 5:14-16) Donde quiera que estemos, lo que encontremos, como nos sintamos, sea cual sea nuestro temperamento o con quien estemos, la palabra de la cruz siempre será eficaz y dará frutos. Así es cuando el cristianismo es puesto en práctica.

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