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Júzgate a ti mismo

Dios resiste a los soberbios, y da gracia a los humildes. ¡Juzgarse y humillarse a sí mismo, es lo mejor que uno puede hacer en esta vida!
Judge yourself - what does it mean?

Todas las cosas, también cuando hablamos de la salvación, funcionan de acuerdo a leyes. Así como hay leyes naturales, también hay leyes espirituales.

La ley constitucional para la salvación, de principio a fin – desde que somos principiantes hasta que llegamos a la perfección – es la ley de la humildad. Esto lo podemos leer textualmente en una de las cartas de Pedro, y en la carta de Santiago.

La ley de la humildad

La ley dice así: “Dios da gracia a los humildes.” Y lo contrario sería: “Dios resiste a los soberbios” – o bien, los altivos, engreídos, los sabios en sus propios ojos. Cuando no eres humilde, y pides a Dios por gracia, uno ora “en vano.”

No podemos sembrar papas y cosechar fresas, no importa cuánto lo deseemos, simplemente no es posible. Y tampoco es posible recibir gracia cuando no soy humilde.

Las palabras más poderosas que tenemos acerca de la humildad, son las palabras de Jesús, donde dice: … el que se humilla, será enaltecido” (Lucas 14:11), y yo suelo añadir: “Lo quieras o no.” Dios ama a tales personas. Y aunque hayan orado para no ser exaltados, igualmente los exalta. Así de segura es esta ley.

Cuando uno se humilla a sí mismo, es despreciado por las personas necias, y admirado por las personas sabias. E igualmente, al margen de lo que piensen estas personas necias o sabias, uno es exaltado. En otras palabras, tener miedo a humillarse – sentir un rechazo a esto, sentir que es lo peor que uno puede imaginarse – es, espiritualmente hablando, algo insensato, es decir completamente sin sentido.

Humildad de primera y segunda clase

Defenderse y excusarse a sí mismo, es por lo tanto la mayor locura que uno puede imaginarse – es rechazar la salvación. Uno debe buscar siempre lo mejor para nuestro bien – debemos buscar lo que es de “primera clase”, y esto es juzgarse a sí mismo, ser humilde y humillarse a sí mismo por propia voluntad. Esto es lo más grande, glorioso, gratificante y efectivo que existe, en todas las circunstancias y en cada momento de nuestras vidas.

Esto es lo que uno debiera amar y aprovechar cada oportunidad para hacerlo. Humillarse a sí mismo es algo voluntario, no es algo que hago porque los demás dicen que tengo que hacerlo, a eso se refiere con “primera clase.” Dios es tan misericordioso y compasivo, que también puede ir bien, incluso en segunda clase.

Segunda clase en este contexto, es ser humillado; esto es algo de lo que Dios se encarga. No siempre es así que puedo ser salvo por este medio, pero existe la posibilidad. No obstante, hay una condición para ser salvo en segunda clase, y es que debo reconocer y aceptar por completo la humillación o la lección de humildad, no sólo con la boca, sino en el corazón. Solo así serás exaltado.

No hay duda que hay muchos que pecan contra otros en esta vida y que nunca reconocen su maldad – nunca piden perdón; nunca se disculpan. Tales personas están acostumbradas a defenderse “hasta las uñas.” Se aferran y utilizan cualquier cosa para justificarse. Cuando uno hace tal cosa, uno se opone a su propia salvación.

Salvo por auto-reconocimiento

La única de ser salvo es a través del auto-reconocimiento, no existe ningún otro camino. Necesitas el auto-reconocimiento; humillarte a ti mismo; ser honesto y solamente júzgarte a ti mismo y a nadie más.

Tenemos una palabra muy seria acerca de esto en 1 Corintios 11:31-32. Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados;  mas siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.”

Es tan simple como “uno, dos, tres.” Si nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados. No no lo seríamos – pues no habría razón ninguna para ello. Si por alguna razón descuidamos esto, Dios es tan misericordioso que Él mismo nos juzga con el fin de darnos otra oportunidad. Pero si no aceptamos este juicio – esta humillación, esta lección de humildad – seremos entonces condenados con el mundo.
La gran pregunta es si acepto este juicio, para no ser condenado junto con el mundo! Puedes leer todo lo que quieras – pero así está escrito.

No hace falta siquiera decirlo – es casi un comentario innecesario – pero no existe tal cosa de humillarse demasiado, pero si existe una gran falta de no humillarse lo suficiente. Nunca nadie se ha humillado demasiado.

Cuando las cosas no son como deberían de ser, la solución es siempre la misma: Me falta temor de Dios. Uno no se toma la palabra de Dios lo suficientemente en serio, pero es algo realmente serio.

¡De corazón les deseo pleno éxito, a todos! ¡Mucho éxito en el futuro, que es indescriptiblemente glorioso por esta formidable y profunda salvación! Solamente Dios puede dar gracia para salvarnos. Él da con gusto. Esto es lo que Él más quiere para todos y cada uno de nosotros.

Extracto de una prédica de Elias Aslaksen.
Publicado en el libro «Los últimos mensajes de Elias Aslaksen»
© Copyright Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag

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