Hacedlo de corazón, como para el Señor

¿Por quién vivo? ¿Sirvo a Dios o los hombres en lo que hago?

Escrito por Janne Epland
Hacedlo de corazón, como para el Señor

Es fácil comenzar a vivir una vida “ante los ojos de otros.” Pero, ¿qué hay con los ojos de Dios? ¿He tomado en cuenta Su voluntad? Pablo nos exhorta a ser vigilantes, de modo que sirvamos a Dios y no a los hombres.

“Y todo lo que hagáis, hacedlo de corazón, como para el Señor y no para los hombres.” Colosenses 3:23.

Un verso muy corto y simple pero ¡con un fantástico mensaje liberador! Cuando hago todo de corazón para el Señor, entonces todas las ambiciones de impresionar a los demás se van. ¡Todo lo que hago, lo hago para Dios!

Cuando el jefe entra…

Por lo general, suele pasar que trabajamos un poco más rápido cuando el jefe entra. Esto sucede casi de manera inconsciente, y no pareciera ser algo tan serio. Sin embargo, esto revela una gran verdad sobre mí mismo: nací con un instinto de preocuparme sobre lo que los demás piensan de mí. ¿Por qué no siempre trabajo con la misma rapidez y efectividad?

Pablo conocía la naturaleza humana, y estaba consciente de esta debilidad. Él lo menciona muy acertadamente en varias de sus cartas. En la carta a los Efesios escribe claramente sobre cómo nosotros como discípulos de Jesús estamos llamados a servir y trabajar:

“No sirviendo al ojo, como los que quieren agradar a los hombres, sino como siervos de Cristo, de corazón haciendo la voluntad de Dios; sirviendo de buena voluntad, como al Señor y no a los hombres.” Efesios 6:6-7.

Si estoy preocupado sobre lo que los demás creen y piensan de mí, y me preocupo en complacerlos todo el tiempo, quiere decir que no tengo un oído y un sentido para escuchar todo lo que Dios me quiere decir en las situaciones. Él me ha puesto en el lugar en donde estoy por una razón, me ha dado tareas que tengo que hacer, por eso necesito levantar mis ojos para que pueda ver las mismas oportunidades que Él ve.

¿Soy un siervo de Cristo en todo lo que hago?

“Sino como siervos de Cristo…” ¡Estoy llamado a ser un siervo de Cristo! ¿Cómo se comporta un siervo de Cristo en el trabajo? ¿Cómo es que él o ella piensan? ¡Un siervo de Cristo se alegra siempre en el Señor! ¡Un siervo de Cristo hace todo para guardar su corazón puro! Un siervo de Cristo está llamado a ser justo en todas las cosas. Una vida cristiana superficial y “agradable” no es la meta para alguien que sigue a Jesús, sino uno que “… de corazón hace la voluntad de Dios.” (Filipenses 4:4, Proverbios 4:23, 1 Timoteo 6:11)

Cuando permanezco en Su presencia consciente y constantemente, viviendo una vida agradable a los ojos de Dios, las decisiones que debo de hacer se vuelven también mucho más claras. ¿Debería ver esto, leer o decir esto otro? Dios me cuida y está al pendiente de mí. Si me pregunto siempre: ¿qué piensa sobre lo que hago? puedo siempre purificar mis pensamientos y por ello recibo una paz en la vida que sólo llegan a conocer los que viven para Dios.

¡Puedo hacer algo por Jesús!

“De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” Mateo 25:40.

Estamos llamados a ser de bendición en la tierra, y ser de bendición por causa del nombre de Jesús. Cuando hago algo por mis semejantes, ¡entonces tengo la posibilidad de hacer algo por Jesús! Ya sea si doy una sonrisa, lavo los platos sucios o bien doy una suma de dinero a alguien que sé que lo necesita. Al hacer estas cosas al mismo tiempo puedo pensar: “lo estoy haciendo para mi querido Jesús.” Estas obras brindan una dimensión totalmente nueva, y ya no tengo más la necesidad de recibir alguna honra o el agradecimiento de  los otros, pues ya he recibido lo que necesito de Jesús – Él sacrificó Su vida por mí, ¡y me ha dado la posibilidad de ser semejante a Él! ¡Ahora es mi turno de hacer algo a cambio!

Si quiero ser de bendición, recibo gracia para bendecir; poco a poco se vuelve algo que hago de forma consciente para vivir digno de mi llamado, y lo hago con gozo. Así me convierto en un verdadero siervo de Cristo, uno que vive frente a los ojos de Dios. Cuando dejo que Dios me guíe y no las personas,  puedo ser un ejemplo y producir un gran efecto en los que me rodean. Me vuelvo una luz en la tierra, una muestra de que la vida de Jesús también puede salir de mí.

Una vida frente a los ojos de Dios

La vida se vuelve considerablemente más fácil cuando lo hago todo como para el Señor. El amor de Cristo se vuelve la fuerza motriz en mi vida, y de esta manera cuando lo llevo a la práctica, dependo cada vez menos de lo que los demás ven en mí. Dios mismo es el que me llena con poder y voluntad para hacer el bien por amor de Su nombre. Él bendice lo que hago ¿qué más podrías pedir?

Tomemos la recomendación de Pablo en el corazón – ¡y sirvamos siempre frente a los ojos del Señor, independiente de lo estemos haciendo!

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.