Esta era la solución que realmente necesitaba

Una vez que Jesús me reveló esta verdad tan importante, obtuve la solución a algo que me había estado molestando por un tiempo.

Escrito por Christina Janz
Esta era la solución que realmente necesitaba

En muchas ocasiones me he preguntado por qué es tan difícil perdonar a la gente cuando siento que me lastiman.

¿Por qué guardo rencores por tanto tiempo? ¿Por qué no puedo olvidar las injusticias, a pesar de que siento que ya he perdonado? ¿Por qué estas cosas siguen siendo como una infección en el interior? Sabía que tenía que haber una respuesta, algo que estaba profundamente arraigado en mí, pero la respuesta tardó mucho en llegar. Tuvo que ser una falta de amor, ¿verdad? Pero, ¿por qué me falta amor?

Por naturaleza, no soy mucho de estar con la gente. Soy alguien sensible y puedo ofenderme fácilmente, por eso me cuesta trabajo ser paciente y soportar a las personas molestas. Yo sabía que ser sensible no tenía nada de malo, ya que me hace una persona empática y cariñosa al mismo tiempo. Entonces, ¿qué era lo que estaba mal?

Me he dado cuenta que tengo muchas expectativas en los demás. Toda mi vida he intentado seguir la regla de oro de hacer con los otros como a mí me gustaría que hicieran (Lucas 6:31). Pero cuando siento que ellos no hacen lo mismo, mi guardia sube y los miro con desprecio. He notado que tiendo evadir a ciertas personas, en lugar de resolver el problema que se oculta bajo mi comportamiento.

Y he aquí la respuesta a mis preguntas – la cual Jesús me reveló recientemente: Si trato a otros con desprecio, ¿Cuál es la otra cara de esa moneda? Me estoy poniendo por encima de ellos. Estoy ignorando el versículo que dice: “… antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo.” (Filipense 2:3).

La respuesta a mis “Porqués”

Todos los “porqués” que tenía se redujeron a una sola cosa.

Que soy culpable de: orgullo, falta de humildad y de considerarme mejor que mi prójimo. Personas que Dios también ha creado con mucho amor, cuidado y un perfecto propósito como el mio.

Así que ahora he comenzado a orar todos los días para que pueda perder mi orgullo y pueda crecer más y más en el camino hacia abajo. Nunca podré amar verdaderamente a mi prójimo, a mis amigos, a mi familia, a menos que busque ser humilde. No puedo consolar, bendecir o animar a los otros si solo pienso en mi propia importancia. Necesito odiar mi orgullo de principio a fin.

Soy una persona artística y muy a menudo estoy trabajando con proyectos creativos. Recientemente, ha habido problemas con mis proyectos y uno tras otro se ha roto. Empecé a preguntarme por qué y me sentí muy frustrada.

Pero de nueva cuenta, tuve una revelación. Yo había estado orando para que Dios quebrantara mi orgullo, ¡y ahora Él ha comenzado a responderme de una manera muy práctica! ¡Él continuará ayudándome de otras maneras también! y además me dará la gracia para poder ser liberada de mi orgullo en todas sus formas y de esta manera pueda crecer como un discípulo amando y bendiciendo a los demás.

“Oh hombre, él te ha declarado lo que es bueno, y qué pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, y amar misericordia, y humillarte ante tu Dios.” Miqueas 6:8. 

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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