El pecado empieza en las pequeñas cosas

El camino de mi vida se define por las decisiones que tomo día a día.

Escrito por Cristianismoactivo
El pecado empieza en las pequeñas cosas

Puede ser increíblemente fácil condenar el pecado en las otras personas. Cuando un hombre engaña a su esposa durante 20 años o cuando una mujer abusa de un niño es fácil preguntarse y pensar: “¿Qué les pasa?” “¿Qué les hace comportarse de esa manera?” El abuso y el adulterio son claramente pecados que han ido creciendo desmesuradamente y arruinado miles de vidas. Pero lo que la mayoría no sabe es que la raíz de todas estas cosas, de donde proviene todo esto, está dentro de todos nosotros.

Podemos leer en Salmos 143:2: No entres en juicio con tu siervo”, y en 1 Juan 1:8: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos.” Por lo tanto, entendemos que todos tenemos pecado, es decir, la tendencia a hacer el mal.

“Y manifiestas son las obras de la carne, que son: adulterio, fornicación, inmundicia, lascivia, … enemistades, pleitos, celos, iras, contiendas, disensiones …” Gálatas 5:19-20.

Una inclinación a pecar

Todos tenemos en nosotros una inclinación a hacer lo malo. Es parte de nosotros. Es completamente natural tener celos, enojarse o codiciar un hombre o una mujer. Cuando cedemos a estas inclinaciones quiere decir que estamos de acuerdo con ellas y que creemos que está bien pecar, por lo cual el pecado se manifiesta en nuestros cuerpos. Podemos ir tan lejos y llegar hasta el punto donde nos engañamos a nosotros mismos por medio de nuestro razonamiento humano y pensar que algunas cosas ya no son pecado. “Es solo algo pequeño, no importa tanto”, “realmente no es tan malo.” La vida sigue, y si no cortamos con estos pecados de raíz desde el primer momento en que nos damos cuenta que estamos siendo tentados, quedamos atrapados en nuestros deseos, enojo, celos, contiendas, etc… Lo que empezó con algo “tan pequeño” o “no está tan mal”, es ahora un acontecimiento verdadero, una resentimiento de por vida, un caso de abuso o una adicción. Al igual que Jesús, nosotros tenemos que condenar estos pecados en el momento en que aparecen, sin permitir que ningún razonamiento o engaño de Satanás nos desvíe de lo que está escrito en la Palabra de Dios. De esta forma las tentaciones nunca tendrán la oportunidad de manifestarse como pecado en nuestro cuerpo y en nuestra vida.

¡Así no debe ser para nosotros! “No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias.” Romanos 6:12. Pablo escribe claramente que cuando cedemos al pecado, nos volvemos esclavos del pecado. Pero para liberarnos de esta esclavitud, primeramente tenemos que odiar el pecado. Debemos de tener la misma actitud que David tenía: ¿No odio, oh Jehová, a los que te aborrecen…? Los aborrezco por completo; los tengo por enemigos. Salmos 139:21-22.  Por supuesto, esto no es fácil, porque el pecado es humano; forma parte de nosotros. Esta es la razón por la cual muchos nunca se liberan del adulterio, los pleitos y toda la ira; el pecado forma tanto parte de nosotros que naturalmente no podemos odiarlo.

Llegando a ser divino

Pero, no hemos sido llamados a permanecer humanos y ni a ser como somos naturalmente, sino que estamos destinados a ser divinos. “…por medio de las cuales nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” 2 Pedro 1:4. Cuando vemos nuestro propio pecado, podemos orar a Dios para que nos ayude a odiarlo. Tener un odio por el pecado que vemos en nosotros mismos es el primer paso en el camino para ser libres. Después, debemos orar por fe y luchar contra el pecado que odiamos, para que de esta manera, no ejerza su poderoso efecto en nuestras vidas y en las vidas de quienes nos rodean. Finalmente, nos volvemos menos “humanos” y más como Jesús. En lugar de estar infelices y destruir nuestras vidas y las vidas que quienes nos rodean, podemos ser una bendición durante nuestro tiempo aquí en la tierra.

“Mas la senda de los justos es como la luz de la aurora,
Que va en aumento hasta que el día es perfecto.” Proverbios 4:18.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.