El Padre nuestro: Más que algo que se recita por costumbre

¿Has pensado alguna vez sobre lo que oras cuando dices el Padre nuestro?

Escrito por Jan-Hein Staal
El Padre nuestro: Más que algo que se recita por costumbre

El “Padre nuestro” es uno de los pasajes más famosos de la Biblia. Mucha gente se lo sabe de memoria. Una pregunta muy importante es: ¿cómo nos afecta el Padre nuestro en nuestra vida diaria?

La religión en el tiempo de Jesús se había convertido en gran medida en algo muy superficial. Es por eso que le pesó tanto al corazón de Jesús advertir a sus discípulos: “Y cuando ores, no seas como los hipócritas; porque ellos aman el orar en pie en las sinagogas y en las esquinas de las calles, para ser vistos de los hombres. Mateo 6:5. ¡Fue completamente diferente la oración que los discípulos escucharon de Jesús cuando oró a Su Padre celestial!

Desde la infancia, a menudo recitaban oraciones que aprendieron de memoria, pero Jesús todavía tenía que enseñarles cómo orar. (Lee Mateo 6: 1-18).

Veamos algunos versos del Padre nuestro.

Padre nuestro que estás en los cielos

El Dios que creó el cielo y la tierra. El Dios que tiene todo el poder y toda la sabiduría. Él nos conoce a ti y a mí de pies a cabeza. ¡Dios quiere ser nuestro padre! Verdaderamente un padre que nos ama y se preocupa por nosotros. Y cuando oramos, hablamos con Él y Él nos escucha.

Santificado sea tu nombre

Mucha gente usa el nombre de Dios muy a la ligera. Tal vez cantan sobre Él en una canción, pero si en tu vida cotidiana no vives una vida cercana a Dios, entonces Su nombre no está siendo glorificado ni santificado. El nombre de Dios es profanado si lo usas sin vivir para Su honor y gloria. En todas las cosas que hagas y digas, piensa: “¿Es esto para la gloria de Dios y Su nombre? ¿Está contento mi Padre celestial cuando mira hacia abajo desde el cielo y ve cómo, entre todos esos millones de personas, anhelo vivir para Su gloria?” Si es un sí, entonces Su nombre está siendo santificado.

Venga tu reino

“Yo quiero; yo creo … Si tan solo pudiera disfrutar y divertirme, si tan solo recibiera un poquito de honor, dinero o atención.” ¡Qué lejos está esto de parecerse al Padre nuestro! Piensa en tu Padre celestial que desea darte una vida bendecida, rica e interesante; ¡Sí! eso es exactamente lo que será si Él se convierte el rey de tu vida. Un rey bueno, sabio, justo y cariñoso que solo quiere lo mejor para ti. Por esa razón Él espera con ansías que le des el control de tu vida. Si Dios es el rey en nuestras vidas, entonces obtendremos un reino de justicia y paz y alegría en nosotros, ya en este momento, mientras estamos aquí en la tierra, para la gloria de Dios y para bendición de las personas que nos rodean. Va llegar un día en el que Él reinará toda la tierra, ahí habrá 1000 años de paz y felicidad donde ya no habrá guerra, pena ni pecado. Y luego viene la eternidad, en la cual Dios es el Rey.

Hágase tu voluntad, como en el cielo, así también en la tierra.

Los ángeles saben cuán terrible es para Dios cuando la gente vive de acuerdo a su propia voluntad y practica el pecado; también saben cuánto ama Dios lo que es noble, bueno, puro y justo. Los ángeles en el cielo aman a Dios y, por lo tanto, siempre cumplen Su voluntad alegre y rápidamente. Así Jesús enseñó a Sus discípulos a comenzar a hacer la voluntad de Dios aquí en la tierra de la misma manera. Hacer Su voluntad no es algo que simplemente sucede automáticamente. Es una lucha hacer la voluntad de Dios aquí en la tierra todos los días, tal como se hace en el cielo. ¡Pero es una batalla que definitivamente vale la pena luchar!

Jesús no enseñó a Sus discípulos el Padre nuestro como un mantra para recitar, sino porque la religión se había convertido en una mera forma externa para muchas personas en ese tiempo. Qué horrible que para muchas personas en estos días esta oración se haya convertido una vez más en una forma en la que apenas piensan. ¡Que esto no sea así para ti y para mí! Deja que el contenido del Padre nuestro realmente sean una oración desde el corazón; una oración que nos ayuda a amar a Dios, a vivir para Su gloria y a hacer Su voluntad en todas las cosas, todos los días de nuestras vidas.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.