“¿Dónde está la defensa?”

Sí, en realidad, es posible aprender sobre una transformación victoria sobre el pecado en una simple práctica de hockey.

Escrito por Janne Epland
“¿Dónde está la defensa?”

Me concentro en el disco delante en la pista de hielo a través de la rejilla de mi casco. El corazón palpita un poco más rápido de lo normal, sin embargo mi cuerpo está en completa tranquilidad.

Solo hay una cosa que es importante: asegurar que el arco detrás de mí sea inexpugnable para el otro equipo. Mi respiración produce vapor, y mis manos dentro de los guantes de pronto agarran muy duro todo el palo de hockey. Los jugadores delante de mí han cambiado de dirección, y vienen a toda velocidad hacia mí con el disco delante de ellos.

La reacción natural

Miro con desesperación a los defensas de mi propio equipo, sin embargo están muy lejos. Completamente solo tengo que defender el gol contra un rival muy determinado. Instintivamente abro mi boca y grito “¡¿Dónde está la defensa?!” Mi cuerpo de pronto está muy caliente, y mi corazón palpita salvajemente. Antes que pueda recuperar la compostura, el disco ya está en el fondo de la red detrás de mí.

El hockey es un deporte muy dinámico, que después de unos cuantos segundos se vuelve a reanudar al otro lado del hielo. Me concentro y medito:

¿Qué es lo que me está pasando? Me moleste, casi me enojo con mis amigos. Sí, fue error de los que no estaban en sus lugares. Pero, ¿Tenía yo el derecho de gritar de esa manera? Reflexiono en lo que paso dentro de mí en ese instante. Fue una reacción humana “caer” en la competitividad del juego, y decir  cosas que en realidad no quería. Pero, ¿Tengo que seguir reaccionando siempre de la misma manera?

No necesito seguir siendo así

Las palabras “naturaleza divina” surgen en mi cabeza. ¿Qué dice la biblia acerca de esto? Esta escrito que Dios nos ha llamado y “… nos ha dado preciosas y grandísimas promesas, para que por ellas llegaseis a ser participantes de la naturaleza divina, habiendo huido de la corrupción que hay en el mundo a causa de la concupiscencia.” 2 Pedro 1:3-4. De pronto, esto se vuelve más vivo en mí como nunca antes. ¡No necesito seguir reaccionando de una manera humana!

Sin embargo me doy cuenta que esto es algo que yo solo no puedo manejar. Algunas veces soy tentado primeramente, como una especie de advertencia acerca de lo que vendrá, no obstante, en otras ocasiones la naturaleza humana reacciona, incluso, sin haber pensado yo antes en ello, como ocurrió ahora. De acuerdo a la Palabra de Dios puedo ser libertado de todo el mal que hay en mi carne, de todo a lo cual soy tentado, y puedo recibir más parte en la bondad. Pero primero, Dios tiene que mostrarme todo lo que vive dentro de mí, para que aquellas tendencias inconscientes en mi carne – mi naturaleza humana – sean conscientes para mí. Entonces así puedo y tengo que trabajar ellas.

En realidad, yo no quería reaccionar de esa forma, pero la próxima vez sé que ya no tiene que ser así, porque ahora estoy consciente y  preparado para hacer frente a la tentación con todas mis defensas. De hecho, puedo orar a Dios para que me dé el poder y la gracia de vencer sobre estas cosas en específico. A través de la fidelidad con el tiempo, puedo terminar totalmente con esto, y así reaccionar cada vez más y más como Dios quiere que reaccione. Esto es recibir parte de su naturaleza divina. ¡Esto es fantástico!

“Esto fue lo que justamente pasó” pensé. Dios me dio luz; Él me mostro esto porque confió en mí y porque Él quiere que sea feliz y totalmente libre del pecado que me ata.

Así soy llenado de un increíble gozo en mi interior, y esta vez el calor se extiende desde mi corazón. ¡Qué esperanza! Sonrio dentro de mi casco, sabiendo que aprendí mucho más en esta práctica de hockey que en las anteriores.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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La gracia en Cristo Jesús

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«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.