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¿Dónde encuentro una vida que me lleve a la eternidad?

¿Tienes esperanza de una de vida eterna? ¿Puedes vivir una vida que te lleve a la eternidad en tu tiempo aquí en la tierra?

Una vida que lleva a la eternidad

“No améis al mundo, ni las cosas que están en el mundo. Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él. Porque todo lo que hay en el mundo, los deseos de la carne, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida, no proviene del Padre, sino del mundo. Y el mundo pasa, y sus deseos; pero el que hace la voluntad de Dios permanece para siempre. 1 Juan 2:15-17.

Ahí lo tenemos. En este mundo no hay otra vida que conduzca a la eternidad más que la que es conforme a la voluntad de Dios.

¿A que se refiere el apóstol cuando dice que los deseos de la carne, los deseos de los ojos y la vanagloria de la vida no provienen del Padre sino del mundo? Significa que no son del Padre, nuestro creador, del que nos dio la vida, sino de aquel que está detrás de este deseo insaciable; este es el dios de este mundo, del cual Jesús dice: “El ladrón no viene sino para hurtar y matar y destruir; yo he venido para que tengan vida, y para que la tengan en abundancia.” Juan 10:10. Uno de ellos te roba, el otro te enriquece. El ladrón roba la alegría en la vida, asesina la voluntad de vivir y destruye tu futuro.

Los deseos no pueden satisfacerse

Es necesario tener en la vida este entendimiento básico. No podemos evitar tener deseos y pasiones en nuestra carne. Pero debemos ser conscientes de que están allí como resultado de la caída. Hemos sido creados con sentidos que Dios quiso que se usarán para deleitar y apreciar la creación, en toda pureza. Por ejemplo, Pablo escribe sobre la comida: “… que Dios creó para que con acción de gracias participasen de ellos los creyentes y los que han conocido la verdad.” 1 Timoteo 4:3.

Una necesidad natural satisfecha se puede recibir con acción de gracias, es decir, con gratitud. Pero un deseo de la carne no puede ser satisfecho, con agradecimiento. Es insaciable e imparable, como un fuego que exige cada vez más. El deseo no nos da nada; solo toma, te deja desnudo hasta los huesos, sin alegría ni satisfacción.

Judas escribe sobre los resultados que dan estos deseos: “Estos son murmuradores, querellosos, que andan según sus propios deseos…” Judas 1:16. Quizá puedes pensar que vivir conforme a los propios deseos y pasiones, te harían estar agradecido y feliz, pero el fruto del deseo son quejas, insatisfacción, decepción y amargura. Tal vida no conduce a la eternidad.

El fruto del agradecimiento

La buena noticia es que este deseo puede ser crucificado por la fe, pues “los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos.” Gálatas 5:24. El fruto de crucificar las pasiones y deseos es el agradecimiento, que es uno de los frutos de la vida y la justicia. ¡Tu has recibido algo, te has enriquecido y puedes responder diciendo gracias!

“Y este es el testimonio: que Dios nos ha dado vida eterna; y esta vida está en su Hijo.” 1 Juan 5:11. Es solo una vida vivida en comunión con el Hijo y en obediencia a Él lo que nos conduce a la eternidad.

Solo mira algunas de las promesas del evangelio: ¡Vida en abundancia! Haz la voluntad de Dios y… ¡permanece para siempre!

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