Cuando las cosas van bien con los demás

“Toda las cosas me ayudan a bien.” Pero ¿cómo practico esto en la vida real, por ejemplo cuando soy tentado a la envidia?

Escrito por Gillian Savage
Cuando las cosas van bien con los demás

“Toda las cosas me ayudan a bien.” Es algo que nosotros los cristianos  escuchamos a menudo. ¡Qué cosa tan maravillosa para creer! ¡Somos realmente afortunados de poder creer en esto! Pero ¿cómo lo practico en la vida real, por ejemplo cuando soy tentado a la envidia?

Les quiero compartir una anécdota que tuve recientemente.

“Mi vida es tal como la había soñado”, publica muy campante en su estado uno de mis amigos en Facebook. “Hmm, hay personas que parecen tenerlo todo, ¿no es así?” es el primer pensamiento que se me viene a la mente cuando leo esto. Profesión, listo; saludo, listo; cónyuge, listo; hermosos hijos, listo; talento, listo. Debo admitir que mi primera reacción no es estar feliz por ellos. ¿Para qué debería pasar mi vida alegrándome por el éxito de los demás, cuando yo siento que mis propios sueños se han derrumbado? Estos sentimientos son fuertes, casi abrumadores. Me siento molesta.

Mientras estoy sentada con todos estos sentimientos y pensamientos brotando, ruego con una pequeña oración: “¡Dios ayúdame, no quiero ser así!”

Enseguida recuerdo un verso corto que uno de mis amigos compartió conmigo unos años atrás: Humillaos bajo la poderosa mano de Dios…” 1 Pedro 5:6. Medito estas palabras y siento un fuerte necesidad en mi interior de ser obediente a ellas. Lo sé, al menos al ver la vida de mi amigo que compartió este versículo conmigo, que la obediencia a la Palabra de Dios me va a conducir a un profunda paz y felicidad. ¡Esta es una vida inconmovible, independiente de las situaciones! Tengo claro que estoy en las manos de Dios y todo lo que suceda será lo mejor para mí.

De lo terrenal a lo celestial

Elijo rechazar los pensamientos de protesta, envidia y autocompasión, y recibo una profunda confirmación en mi interior de que Dios está contento conmigo. Los pensamientos empiezan a florecer: “¿Por qué no pienso mejor en hacer el bien a los demás?” “¿Que no sabes que hay gente que está en peores condiciones que tú?” ¿Por qué piensas solo en ti misma?.” Mis “ojos” ven alrededor, y poco a poco comienzo a pensar en diferentes personas. Su necesidad es mucho mayor que la mía. Comienzo a orar por ellos y les envío algunos buenos mensajes de textos y recibo ideas acerca de lo que podría ser bueno para ellos. Mi corazón se ensancha ¡para abarcar y atenderlos a todos!

¿No es esta la vida maravillosa que vivió Jesús? Él no vino para ser servido, sino para servir y dar Su vida. Piensa cuán afortunada soy de poder seguirle y no vivir una vida donde mis pensamientos y sentimientos me dirigen, pues a menudo estos conducen a la miseria. ¡Piensa en vivir una vida haciendo el bien e irradiando bendición!

La Biblia también nos exhorta a gozarnos con los que se gozan, y yo ya he experimentado esto en cierto grado. Esto me conduce a una vida plena y feliz, a pesar de que mis situaciones no siempre cumplan con “mis sueños.” Que mis ojos aparten su mirada de ganancias terrenales y miren solo las celestiales – pues son las que traen verdadera satisfacción y alegría. La Palabra de Dios es verdadera.

Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; ¡apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala! 1 Pedro 3:10-11.

 

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.