¿Cómo es un matrimonio conforme a la voluntad de Dios?

¡No podemos ignorar la cuestión de que Dios ve el matrimonio como una relación sagrada y altamente exaltada!

Escrito por Helen Simons
¿Cómo es un matrimonio conforme a la voluntad de Dios?

Dio ha creado a toda la humanidad con la capacidad de prosperar y disfrutar la vida, ¡ya sea soltero o casado! Pero para nosotros que hemos escogido casarnos ¿Acaso no esperamos una vida feliz que nos motive a entrar en una relación matrimonial donde prometemos amarnos y cuidarnos, “hasta que la muerte nos separe”?

Como cristianos nos daremos cuenta rápidamente de que si queremos que nuestro matrimonio tenga éxito y sea verdaderamente una unión feliz, debemos buscar en la Biblia algunos hechos y principios que son de vital importancia y que nos ayudarán en nuestro camino.

Un relación feliz y gratificante

Es muy claro desde el principio, que Dios había destinado el matrimonio como una unión bendecida, feliz y gratificante. Primero, Él creó al hombre a Su imagen y semejanza: capaz de amar, comunicarse y crear, y lo colocó en un hermoso jardín donde todos los deseos de un corazón podían ser satisfechos. Pero, la increíble obra de Dios no estaba completa hasta que creó a la mujer. “Y dijo Jehová Dios: No es bueno que el hombre esté solo; le haré ayuda idónea para él.” Génesis 2:18. Ayuda idónea, una compañera, su semejante, ¡alguien con quien pudiera compartir sus pensamientos más profundos y darse amor recíproco indefectiblemente! Cuando Dios dio a la mujer a Adán, su gozo estaba completo y por eso declaró: “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne.” Génesis 2:23.

Más adelante en esta misma proclamación, leemos: “Por tanto, dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Génesis 2:24. Jesús mismo repite este versículo en Mateo 19:5, y además agregó: “Así que no son ya más dos, sino una sola carne; por tanto, lo que Dios juntó, no lo separe el hombre.” El apóstol Pablo también hace referencia al mismo versículo, explicando que unirse en matrimonio es una imagen misma del “gran misterio”, Cristo y la iglesia. (Efesios 5:32)

Un increíble antídoto para un problema real

¡No podemos ignorar la cuestión de que Dios ve el matrimonio como una relación sagrada y altamente exaltada! Esa era su intención desde el principio. También Él mismo desde el principio le dio a la humanidad leyes que garantizarían su felicidad, siempre y cuando las obedecieran. Sin embargo, tristemente, un acto de desobediencia cambió todo, y el pecado entró a la buena creación de Dios. Si somo honestos, admitiremos rápidamente que el pecado sigue siendo el que destruye las relaciones, rompe la armonía del matrimonio y el que causa que el amor se enfríe.

La mayoría de la gente se da cuenta que hemos nacido como criaturas egoístas y egocéntricas, con la increíble capacidad de cuidarnos a nosotros mismos y de buscar nuestro propio placer. ¡Esta es una mala receta para un matrimonio feliz! Pero Jesús nos ofrece una increíble antídoto para esta enfermedad en Lucas 9:23: “Y decía a todos: Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz cada día, y sígame.”  

No solamente dos corazones, pero dos voluntades

Para entenderlo de una mejor manera, necesitamos entender qué significa “negarse a sí mismo” y “tomar nuestra cruz.” Podemos negarnos cosas con bastante facilidad. Por ejemplo, cuando alguien quiere perder peso, puede negarse a sí mismo y no darse el lujo de comer dulces y comida chatarra. Pero de lo que Jesús habla aquí es algo mucho más profundo que esto.

“Negarnos a nosotros mismos” tiene que ver con negar nuestra propia voluntad—nuestros deseos y exigencias que surgen de nuestra egocéntrica naturaleza como seres humanos. Como resultado de la caída al pecado, nuestra voluntad está casi siempre en contra de la voluntad de Dios. En un matrimonio, pronto descubrimos que no solo se unen dos corazones y dos vidas, sino también 2 distintas personalidades, ¡cada una con su propia voluntad!

Jesús también tenía una voluntad humana, por eso dijo: “No se haga mi voluntad, sino la tuya.” Lucas 22:42. Jesús eligió negar su propia voluntad para hacer la voluntad de Dios. En Hebreos 10:9 Él dice: “He aquí que vengo, oh Dios, para hacer tu voluntad.” Jesús vino para hacer la voluntad de Dios en su cuerpo humano, y le costó su propia voluntad. Él es nuestro ejemplo en todo, para que así también como Él, nosotros también podamos negar nuestra propia voluntad y hagamos la voluntad de Dios. El resultado será una relación feliz y un matrimonio cada vez más bueno.

Jesús murió en la cruz para expiar nuestros pecados. Pero durante su vida, Él  tomó su cruz todos los días—lo que significa, que nunca le permitió al pecado vivir en la naturaleza humana que tenía. Esto es a lo que Pablo llama “la muerte de Jesús” en 2 Corintios 4:10. Jesús nos invita a seguirlo en este camino donde podemos vencer el pecado en el poder del Espíritu Santo. Si aceptamos esta invitación y seguimos sus pisadas, su vida se manifestará en nuestros cuerpos ¡para mayor beneficio y bendición de todos lo que nos rodean, incluyendo nuestro cónyuge!

¡Podemos enriquecer mutuamente nuestras vidas!

¡Es una buena noticia que Dios no ha cambiado de opinión sobre el matrimonio, a pesar de que el pecado vino al mundo a causa de la primer pareja! Su corazón anhela que tengamos éxito, y por Su amor nos ha proporcionado leyes que, si las guardamos, nos liberarán de nuestra naturaleza humana para que podamos aprender a amarnos unos a otros así como el nos ama. ¡La naturaleza humana es llevar la contra! Es tan fácil crear malentendidos, un hábito que no nos gusta, decir palabras imprudentes o criticar, lo cual nos puede llevar hacer las cosas difíciles en nuestra relación. ¡La naturaleza humana se ofende muy rápido!

Pero, por fortuna, tenemos la Palabra de Dios y Sus leyes que nos ayudan. Si las guardamos, por ejemplo, las palabras en Colosenses 3:12-14, tenemos una gran esperanza de que nuestro matrimonio será una relación gratificante, tal como Dios quiere que sea. Vestíos, pues, como escogidos de Dios, santos y amados, de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros. Y sobre todas estas cosas vestíos de amor, que es el vínculo perfecto” Esto no significa que siempre vamos a estar de acuerdo o vamos a tener el mismo punto de vista en todas la cosas. Dios nos ha creado individualmente con diferentes personalidades y maneras de pensar. Pero podemos animarnos mutuamente conforme a las leyes de humildad, benignidad y misericordia de Dios. De esta forma, podemos enriquecernos el uno al otro en nuestras vidas y ser de verdadera ayuda para nuestro cónyuge; ya que eso es lo que Dios quiere.

Una relación de fidelidad y confianza mutua

La Biblia dice que honroso es en todos el matrimonio. (Hebreos 13:4) Él quiere que sea una relación honrosa de parte de ambos cónyuges. No hay lugar para el abuso y la sumisión en el corazón y plan de Dios, ni debería por parte hombre ni de la mujer, independientemente de la cultura y de nuestro pasado.

En Proverbios 18:22 leemos: “El que halla esposa halla el bien.” Dios bendijo las relaciones matrimoniales desde el principio (Génesis 1:27-28), y su meta siempre fue que haya fidelidad y confianza mutua. Como compañeros de vida, el esposo y la esposa pueden trabajar juntos como un equipo y aprender a amarse el uno al otro más y más, para así crecer juntos en todo lo que es bueno. Si experimentamos esto, entonces podemos decir confiadamente que tenemos un matrimonio feliz, y al mismo tiempo saber ¡que siempre puede ser mejor!

Si aún no lo hemos experimentado de esta manera, no hay razón para rendirse y perder la esperanza. Podemos estar confiados en Dios de que podemos ¡llegar a vivir así! Dios todavía está dispuesto a ayudarnos si buscamos y guardamos sus leyes y mandamientos, Él creará una nueva vida en nosotros. Y así mismo, en nuestro matrimonio, nos convertiremos en una nueva creación en Cristo. “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.” Efesios 2:10.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.