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¿Celo de fanatismo o verdadera adoración?

El celo es algo bueno, cuando es usado de manera correcta. ¿Cómo ejercitas tu religión?
Fanaticism, zeal or true worship – how do you exercise your religion? John 8:3-11

Es un hecho conocido que el fanatismo puede ser un factor cuando se práctica la religión. Esto ocurre al enfocarse en el pecado y los “delitos” de los otros al igual que usar un estándar moral y ético muy estricto sobre otras personas, sin aplicarlo en uno mismo. Esta hipocresía es el centro del fanatismo.

Fanatismo – Celo

El fanatismo se ha definido como un celo excesivo y nada crítico. Celo o comúnmente conocido como “celos” es un término que se encuentra en la Biblia. “… Porque no te has de inclinar a ningún otro dios, pues Jehová, cuyo nombre es Celoso, Dios celoso es …” Éxodo 34:14. “¿O pensáis que la Escritura dice en vano: El Espíritu que él ha hecho morar en nosotros nos anhela celosamente?” Santiago 4:5. En este sentido, los celos o como en muchas otras traducciones, “Celo” hace referencia al ardiente amor de Dios para con las personas, un amor que no acepta ni tolera la infidelidad ni la traición. Ni el amor de un matrimonio ni las obligaciones en muchos otros contextos normalmente soportarían o aceptarían esto tampoco.

La hipocresía de los fariseos

En Juan capítulo 8 hay una historia sobre Jesús que ilustra esto:

Entonces los escribas y los fariseos le trajeron una mujer sorprendida en adulterio; y poniéndola en medio, le dijeron: Maestro, esta mujer ha sido sorprendida en el acto mismo de adulterio. Y en la ley nos mandó Moisés apedrear a tales mujeres. Tú, pues, ¿qué dices? Mas esto decían tentándole, para poder acusarle. Pero Jesús, inclinado hacia el suelo, escribía en tierra con el dedo.” Juan 8:3-6.

Juan no nos dice nada acerca de lo que Jesús escribió, pero como lo explica el escritor cristiano Sigurd Bratlie, puede ser que Jesús haya escrito: “¡También está escrito, No codiciarás!” (Deuteronomio 5:21)

“Y como insistían en preguntarle, se enderezó y les dijo: El que de vosotros esté sin pecado sea el primero en arrojar la piedra contra ella. E inclinándose de nuevo hacia el suelo,  siguió escribiendo en tierra. Pero ellos, al oír esto, acusados por su conciencia, salían uno a uno, comenzando desde los más viejos hasta los postreros; y quedó solo Jesús, y la mujer que estaba en medio.” Juan 8:7-9.

Juan tampoco no nos dice lo que escribió la segunda vez, pero, de acuerdo a Bratlie, pudo haber escrito: “También está escrito en la ley. “Maldito el que no confirmare las palabras de esta ley para hacerlas. Y dirá todo el pueblo.” (Deuteronomio 27:26)

Vemos que los fariseos estaban enfocados en el pecador y en el delito que físico y visible. Jesús apartó el enfoque del pecador y lo llevo a la codicia oculta y el deseo que podía esconderse detrás de la fachada virtuosa y respetuosa de la ley de los fariseos.

La redención del poder del pecado

Es conmovedor ver la sabiduría con la que Jesús desarmó a los fariseos y cómo los confrontó con su propio pecado. Haciendo frente con una justicia poderosa y muy convincente, los fariseos se hicieron culpables ante sus propios ojos, y se alejaron avergonzados. Ya que no se habían mantenido limpios de la codicia oculta, ellos también estuvieron sujetos a la maldición.

Jesús no condenó a la mujer, pero eso no significaba que justificó su pecado. “Vete, y no peques más. Juan 8:11. El evangelio, las buenas nuevas, separan al pecador del pecado y redimen al pecador, no solamente del pecado, sino también del poder del mismo pecado, y así también de la maldición de la ley.

Pablo, un perseguidor celoso y violento

El apóstol Pablo, quien era judío, dio testimonio a los judíos que tenían un celo por Dios, pero sin el conocimiento adecuado, sin discernimiento. (Romanos 10:12) Él escribe acerca de sí mismo, “… en cuanto a celo, perseguidor de la iglesia …” (Filipenses 3:6)

Más adelante, Pablo dice: “Porque ya habéis oído acerca de mi conducta en otro tiempo en el Judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba; y en el judaísmo aventajaba a muchos de mis contemporáneos en mi nación, siendo mucho más celoso de las tradiciones de mis padres.” Gálatas 1: 13-14.

Su celo por la ley no iba dirigido hacia el mismo, sino hacia lo exterior, contra aquellos que él creía que no cumplían con los requisitos de la ley. Su celo apuntaba a los “pecadores” en lugar de ser celoso por promover la buena causa, el temor del Señor. (Proverbios 23:17)

El ejercitar la religión debe beneficiarnos a nosotros y a nuestros semejantes. Este celo erróneo, por otro lado, hizo que Pablo diera amenazas y muerte a los discípulos. Entró casa por casa, arrastraba a hombres y mujeres y los metía en prisión. (Hechos 8: 3; Hechos 9: 1) Aquí podemos ver un ejemplo de los efectos extremos que puede provocar un celo con fanatismo.

Pablo encuentra la verdad

Pero todo esto fue antes del dramático encuentro de Pablo con Jesús a las afueras de Damasco. (Hechos 26:12-18) En su ignorancia, Pablo no sabía que el Jesús que estaba persiguiendo representaba el cumplimiento de la ley en su persona, y que todos los tesoros de sabiduría y conocimiento estaban escondidos en Él. Después de su encuentro con Jesús, Pablo se dio cuenta de que no había cumplido con la misma ley de la cual él era tan celoso porque los otros cumplieran. En su carta a los romanos él pregunta:

 “He aquí, tú tienes el sobrenombre de judío, y te apoyas en la ley, y te glorías en Dios, y conoces su voluntad, e instruido por la ley apruebas lo mejor, y confías en que eres guía de los ciegos, luz de los que están en tinieblas, instructor de los indoctos, maestro de niños, que tienes en la ley la forma de la ciencia y de la verdad.
Tú, pues, que enseñas a otro, ¿no te enseñas a ti mismo?
Tú que predicas que no se ha de hurtar, ¿hurtas? 
Tú que dices que no se ha de adulterar, ¿adulteras?
Tú que abominas de los ídolos, ¿cometes sacrilegio?”
Romanos 2:17-22.

Después de su arrepentimiento, el punto de enfoque de Pablo cambió de centrar la atención en los demás a centrarse en él mismo. En la luz de esta auto búsqueda, Pablo exclamó. “… Antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso.” Romanos 3:4.

Pablo renunció a su propia “justicia”, que provenía de la ley, y fue completamente absorbido por la justicia que podía recibir a través de la fe en Cristo.  (Filipense 3:9) Encontró el camino en las pisadas de Jesús, donde el pecado en la carne, la codicia oculta o el deseo, fue condenado. Al caminar acorde con la guía del Espíritu Santo, el requisito justo de la ley se cumplió en él. (Romanos 8:3-4)

Una transformación total

Después de que Pablo contó su historia ante el rey Agripa, el rey declaró que estaba casi convencido a convertirse al cristianismo. La transformación completa que Pablo había experimentado en su vida lo llevó a decir. “Quisiera  Dios que por poco o por mucho, no solamente tú, sino también todos los que hoy me oyen, fueseis hechos tales cual yo soy, excepto estas cadenas”. Hechos 26:29. Una persona que puede decir algo como así en verdad tien claramente un mensaje de alegría, libertad y paz para la humanidad.

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