¡Buenas nuevas!

¡Buenas nuevas!

¡Levantemos con fuerza y gozo nuestras voces y proclamemos las buenas nuevas de todo lo que ahora es posible por medio de la fe en Jesucristo!

"Súbete a un alto monte, oh Sion, portador de buenas nuevas; levanta con fuerza tu voz, oh Jerusalén, portadora de buenas nuevas; levántala, no temas. Di a las ciudades de Judá: ¡Aquí está vuestro Dios!" Isaías 40:9. [LBLA]

En el monte de Sion o en Jerusalén no hay más que personas que traen buenas nuevas. Personas que han encontrado a su Dios; un Dios en quién está toda la gracia, el poder, la sabiduría y el consuelo. Ellos pueden proclamar con gozo a todas las almas afligidas y anhelantes: ¡Aquí está vuestro Dios!" La mayoría de la gente está agobiada por sus dificultades, y no ve al Dios de toda bondad que los ama y que con mucho gusto les daría toda la ayuda que necesitan para ser felices ahora y en la eternidad.

Es verdaderamente maravilloso ser uno de entre los vivos de Jerusalén. Es una vida totalmente diferente a la que se vive fuera de sus muros.

Las buenas nuevas del nuevo pacto

Jesús fue el primero en traer verdaderas buenas nuevas. Los profetas del antiguo pacto anticiparon y anhelaban ver el gozo del que participaríamos a través de Jesucristo. El ángel proclamó estas buenas nuevas a los pastores en el campo — ¡buenas de gran gozo que serían para toda la humanidad porque el Salvador había nacido! Más adelante, un tiempo nuevo y glorioso llegó con Jesús cuando envió Su Espíritu en el día de Pentecostés. Los discípulos recibieron el Espíritu que había vencido el poder de Satanás. Jesús envió a Sus discípulos a llevar estas buenas de gran gozo. Lo que antes era imposible ahora se había hecho posible. Antes nadie podía vivir perfectamente según su conciencia, pero ahora era posible. (Hebreos 9:9-11.) ¡El tiempo para reformar todas las cosas había llegado! No existe ninguna razón para no alegrarse del brillante futuro que nos espera por la fe en Jesucristo.

¡Ya es posible llegar a la unidad perfecta en una gloriosa hermandad! ¡Qué grandioso es poder llevar buenas nuevas a este mundo lleno de contiendas y peleas! Sin embargo, no puedes proclamarlo con poder y gozo estas buenas nuevas a menos que seas participante de este llamado.

Pablo escribe que lo que era antes no era lo suficientemente eficaz, pero ahora algo completamente nuevo y diferente ha surgido. El pecado es un peso y una carga, pero Jesús es un mensajero de buenas nuevas para todos los que estaban trabajados y cargados. Los que se sienten así pueden venir a Él y recibir paz y descanso. Si nosotros mismos hemos entrado en una vida bendecida llena de gozo, paz y reposo en todas las diferentes circunstancias de la vida, entonces también tenemos un mensaje sumamente glorioso que llevar a los que están a nuestro alrededor. Siempre han sido pocos los que llevan estas buenas nuevas; por lo tanto, esto los hace más preciosos a los que las proclaman.

Subamos ahora con fe a Sión, el monte alto e inamovible. Levantemos nuestras voces con fuerza y regocijo y proclamemos todo lo que ahora es posible por la fe en Jesucristo. La incredulidad siempre ha tenido muchos mensajeros, pero ninguno de ellos ha traído nunca buenas nuevas.

Este artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez en la edición de Skjulte Skatter (Tesoros Escondidos) en marzo de 1967.
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.