Lucha contra el pecado: No tiene por qué ser complicado

Palabras como “batallas” y “llevar el pecado a la muerte” pueden sonar abrumadoras.

Lucha contra el pecado: No tiene por qué ser complicado

En la vida cotidiana me enfrento con muchas diversas situaciones: eventos maravillosos, malas noticias o en ocasiones simplemente momentos de estrés. Todas estas situaciones despiertan muchas diferentes reacciones en mí y hacen pasar por mi cabeza muchos pensamientos.

Pero es justamente en mis pensamientos donde la lucha contra el pecado se lleva a cabo. Tengo que luchar contra los pensamientos de ira, ingratitud y desánimo, y también contra las exigencias y acusaciones que tengo sobre las personas que me rodean.

Está escrito de Jesús en Isaías 7:15: “Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo y escoger lo bueno.”

Puesto de manera muy simple, luchar contra el pecado significa rechazar el pecado – esto es, decir “No” a los malos pensamientos y elegir lo bueno – y ejercitarse en tener buenos pensamientos.

¿Cómo lucho contra el pecado?

Pero ¿cómo lucho? todos los que han intentado pueden decir probablemente por experiencia que no es posible luchar con nuestra propia fuerza humana y de voluntad. Primero necesito decidirme a amar a Jesús de todo mi corazón y servirlo solo a Él. Jesús es el único que puede ayudarme a siempre vencer el mal.

Necesito clamar a Él por ayuda en el tiempo oportuno, esto es, cuando estoy siendo tentada – antes de caer. Por medio del Espíritu Santo, Jesús nos da con gusto la fuerza y ayuda que necesitamos para vencer. A menudo, recibo la Palabra de Dios en mi interior y me ayuda en las situaciones difíciles de la vida.

“Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad.” Filipenses 4:8.

Últimamente, me he enfocado particularmente en estar agradecida por todo lo que Dios manda. Muchas veces, me encuentro a mí misma deseando tener diferentes circunstancias en la vida, o teniendo mis propias opiniones acerca de cómo debería ser mi futuro y qué sería lo mejor para mí. Por esa razón comencé a poner estos pensamientos en las manos de Dios, estando agradecida y creyendo en Él. 

Aunque tengo que renunciar a mi propia voluntad, lo cual puede “doler” y causar “sufrimiento”, recibo una paz interior, y poco a poco me voy liberando del pecado.

Quizás es necesario que practique la paciencia en una situación incómoda, o que aprenda a echar todas mis preocupaciones en Dios y deba creer como un niño. Esto “duele” o es un “sufrimiento” porque es natural para mí desear que mis situaciones difíciles pasen lo antes posible, o dudar que Dios guiará todas las cosas para mi bien.

¡Resultados!

“… quien ha padecido en la carne, terminó con el pecado …” 1 Pedro 4:1.

Generalmente visualizo la lucha contra el pecado de esta manera: Yo frente a un ejército de soldados que tengo que derrotar. Con cada victoria el número de soldados disminuye y lucho para ser la última de pie como vencedora en el campo.

¡Creo en la victoria! Pues me da paz en mi interior. Yo sé que paso a paso estoy siendo liberada cada vez más del pecado. Entre más lucho, más fácil y mejor será estar con las personas a mi alrededor. He experimentado que la paz y el gozo llegan a mi vida cuando no tengo exigencias sobre los demás u opiniones sobre qué deberían de cambiar. A menudo, casi de manera milagrosa, esto me pone en contacto incluso con personas muy diversas – personas que tienen personalidades complicadas. Una vida victoriosa hace que la vida en la tierra sea rica y maravillosa

¡Cada día es un día de gracia, un privilegio invaluable!

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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