¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

¿Te lleva cautivo la ley del pecado en tus miembros, al igual que Pablo? ¿Quieres ser libre? ¡Lee esto!

¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?

“¡Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:24

¿Qué es el cuerpo de muerte?

Primero que nada el cuerpo de muerte es el cuerpo que por naturaleza va a morir si antes no viene Jesús y lo transforma.

Pablo vio otra ley en sus miembros, que se rebelaba contra la ley de su mente, y que lo llevó cautivo a la ley del pecado que está en sus miembros. Esta ley del pecado reside en su cuerpo de muerte. (Romanos 7:23)

Soy llevado cautivo. Uno solo puede ser llevado cautivo por sus enemigos. El espíritu lucha contra la carne, y la carne contra el Espíritu. En esta lucha (en la cual yo debiera estar del lado del Espíritu), sucede que en ocasiones soy llevado cautivo la ley del pecado en mis miembros. Sin embargo, a pesar de que sirvo a la ley de Dios con mi mente, esta otra ley de mis miembros se revela, y hago cosas que por supuesto no hubiera querido hacer; hago lo que aborrezco. (Romanos 7:15-18)

¿Cómo puedo ser liberado de la ley del pecado?

¿Cómo puedo ser librado nuevamente al ver que en realidad estoy cautivo por la ley del pecado que está en mis miembros? No fui yo ni mis mejores intenciones que hicieron esas cosas que no quería hacer – fue el pecado que mora en mí, el cual se hizo tan fuerte que me llevó cautivo. El resultado de esta cautividad son las llamadas “obras de la carne.” (Romanos 8:13) Tenemos que hacer morir estas obras por medio del Espíritu, solo así viviremos. Pero si vivimos conforme a la carne, es decir, si vivimos conforme a la carne con nuestra mente (conscientemente), moriremos. Es por eso que deudores somos, no a la carne, no le debemos nada a la carne. (Romanos 8:12)

Pablo se pregunta: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” No será otro más que Dios el que me librará de esto, ya sea a través de la transformación cuando Cristo regrese, o cuando muramos en Cristo.

“¡Miserable de mí!” Haciendo lo que no quieres

Si alguno se atreve a decir: “¡Yo no sirvo la ley del pecado con mi carne!” Solo puedo responder una cosa: ¡Qué ignorante eres en este asunto! – y después diría – “estás cediendo a cosas que desconoces.” Ninguno puede servir la ley de Dios con su carne, y donde todavía no tienes luz ni vida, sirves forzosamente la ley del pecado con tu carne. Tú no quieres hacerlo, pero tu carne, allí donde no mora nada bueno, te obliga a hacer cosas que no quieres hacer. Y todo esto ocurre a pesar que sirves la ley de Dios con tu mente.

Aquí estar atento al Espíritu es de gran ayuda, de manera que encuentres “las obras la carne” que salen de tu cuerpo inconscientemente y las juzgues. De este modo serás constantemente transformado mediante la renovación de tu entendimiento, y podrás comprobar cual es la voluntad de Dios: Agradable y perfecta. (Romanos 12:2) O como está en Efesios 4:23-25: “Y renovaos en el espíritu de vuestra mente, y vestíos del nuevo hombre, creado según Dios en la justicia y santidad de la verdad. Por lo cual, desechando la mentira, hablad verdad cada uno con su prójimo; porque somos miembros los unos de los otros!”

Las obras de la carne salen inclusive de “buenas personas”

Aquí tenemos algunos ejemplos de las obras de la carne que se cometen inconscientemente, las cuales deben de ser llevadas a la muerte mediante el Espíritu. “Ninguna palabra corrompida salga de vuestra boca… Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios, con el cual fuisteis sellados para el día de la redención. Quítense de vosotros toda amargura, enojo, ira, gritería y maledicencia, y toda malicia.” Efesios 4:29-31.

Tú dirás: “¿Pueden estas cosas provenir de un hijo de Dios?” Sí, ocurren a diario, pero la gente está dormida y ciega, de manera que no ven estas cosas en ellos mismos. Por otro lado, hay algunos que ven claramente estas obras en los demás y a menudo hablan a sus espaldas. Por lo que se vuelven murmuradores. Los Efesios estaban sellados con el Espíritu Santo. (Efesios 4:30) Y aún así tales cosas reinaban en la iglesia, quizá no en todos, pero sí en la mayoría. También tenemos suficientes ejemplos sobre esto en las iglesias de nuestros tiempos.

¿Y cuál es la razón? Es el pecado que mora en los miembros de las personas y que los lleva cautivos en gran o menor grado. El mismo Pablo fue llevado cautivo, por eso clamó: Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Romanos 7:24.

Así eran las cosas y no podían ser de otra manera, pero él dice: “Gracias doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro. Así que, yo mismo con la mente sirvo a la ley de Dios, mas con la carne a la ley del pecado.” Romanos 7:25. Nadie puede hacerlo mejor que esto. La carne no puede obedecer la ley de Dios. Es por eso que cuando servimos la ley de Dios con nuestra mente, Dios no pide más de nosotros. Cuando además de esto servimos a la ley de Dios con nuestra mente y hacemos morir por el Espíritu las obras de la carne que inconscientemente cometemos, somos liberados de lo que nos mantenía cautivos. Y es aquí cuando recibimos el conocimiento del bien y el mal, de lo que es bueno y lo que es malo.

Es por eso que no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Porque la ley del Espíritu de vida me ha librado (esto es mi mente) de la ley del pecado y de la muerte. (Romanos 8:1,2)

¿Qué significa hacer morir las obras de la carne?

Andar en la luz – libres de la ley del pecado en este “cuerpo de muerte”

Yo no sirvo la ley del pecado con mi mente, y si no permito que el pecado madure en mí, tampoco puede nacer la muerte. La ley del Espíritu de vida me han librado de la ley del pecado y de la ley de la muerte. Mas no soy libre de la otra ley en mis miembros, la cual me lleva cautivo bajo la ley del pecado que está en mis miembros. De esta ley seré librado solamente poco a poco mediante el andar en la luz así como Él está en la luz, y la sangre de Cristo me limpiará de todo pecado. Andar en la luz es andar en juicio, y así haremos morir las obras de la carne mediante el Espíritu. Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros. (1 Juan 1:7,8)

Algunos pueden decir: “Esta fue una doctrina muy complicada!” No, es bastante simple y directa para aquellos que meditan en la ley del Señor de día y noche. Y fácil y sencillo para aquellos que sirven las leyes de Dios con su mente. Para este servicio Dios nos ha llamado en estos días de nuestra estadía en la tierra, mientras sigamos cargando “el cuerpo de muerte.”

Este artículo fue traducido del noruego y es una versión adaptada de un artículo titulado “El cuerpo de muerte”, publicado por primera vez en el periódico oficial de BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros Escondidos”) en noviembre de 1934.
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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