¿Qué es la santificación y cómo puedo ser santificado?

¡Tú eres llamado a tomar parte de la misma naturaleza de Cristo!

¿Qué es la santificación y cómo puedo ser santificado?

Una transformación radical

Las Escrituras dejan en claro que la santificación es vital para el desarrollo de la vida de un cristiano, y no cabe duda que Dios anhela que nosotros tomemos parte de ella, así como leémos en 2 Tesalonicenses “… Hermanos amados por el Señor, de que Dios os haya escogido desde el principio para salvación, mediante la santificación por el Espíritu y la fe en la verdad, a lo cual os llamó mediante nuestro evangelio, para alcanzar la gloria de nuestro Señor Jesucristo.” Por esta razón deberíamos tomar parte en la santificación, basados también en las serias palabras de Hebreos 12:14, “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Pero, ¿qué es exactamente la santificación?

Santificación es otro término de santidad (ser santo), pero ciertamente, no nos volvemos santos de la noche a la mañana. De hecho, algo drástico tiene que ocurrir en nosotros para cambiar lo que somos por naturaleza, a lo que se le llama ser santo, así como Él es santo. (1 Pedro 1:15-16) Es necesario una transformación radical. Esta transformación es un proceso continuo y de toda la vida. A este proceso se le llama santificación.

Victoria sobre el pecado consciente

La vida de un cristiano comienza con la reconciliación. Si nos arrepentimos de verdad por los pecados que hemos cometido, Dios nos perdona por causa de Jesús. Es fantástico experimentar esto, sin embargo, luego de experimentar esto descubrimos que seguimos siendo tentados a pecar, pero es justamente ahí donde tengo que luchar para vencer la tentación. Por el poder del Espíritu Santo y fidelidad en mis luchas, podemos llegar a una vida en completa victoria sobre todo pecado consciente – esto es, victoria sobre los pensamientos, las actitudes y acciones que sabemos que están mal en el momento de tentación.

Leémos en Romanos 6:22: “Mas ahora que habéis sido libertados del pecado y hechos siervos de Dios, tenéis por vuestro fruto la santificación, y como fin, la vida eterna.” 

Victoria sobre el pecado inconsciente

A medida que nos vamos presentando al servicio de Dios nos damos cuenta de otra cosa; que a pesar haber sido libertados del pecado – libres del pecado consciente – aún tenemos pecado en nuestra carne, tal como el apóstol Juan menciona claramente en 1 Juan 1:8: “Si decimos que no tenemos pecado, nos engañamos a nosotros mismos, y la verdad no está en nosotros.” Nuestra carne, nuestra naturaleza humana, tiene la tendencia de pecar, y no nos damos cuenta de esto hasta que el pecado viene en forma de tentación o cuando el Espíritu Santo de Dios nos lo revela. Sin embargo, es claro que hay una diferencia entre cometer pecado conscientemente y “tener pecado en la carne”

Todo fruto crece de una semilla, y para que el “fruto de santidad” crezca, la semilla de nuestra propia vida – nuestra propia voluntad – tiene que ser sembrada, y luego morir. “De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” Juan 12:24. El apóstol Pablo hace una fuerte y clara declaración en Gálatas 2:20: “Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.” ¿Estamos odiando a nuestro propio yo – nuestra propia voluntad? Si es así entonces vamos a estar dispuestos a sembrar nuestra voluntad hasta la muerte, para que una nueva vida pueda crecer.

Dicho en pocas palabras, victoria sobre el pecado es vencer todos los deseos pecaminosos en nuestra carne cuando son revelados en el momento de tentación. Pero la santificación de un discípulo no para aquí. La santificación continua con el proceso de lidiar con el pecado que se nos revela después de haber hecho o dicho algo mal – este es el peso y el pecado que nos asedia incluso aún cuando hayamos hecho una buena obra o tengamos las mejores intenciones. Si dijimos, hicimos o pensamos algo malo entonces tal pecado tiene que ser puesto en la muerte (ser juzgado y negarlo por mi mente conscientemente) para que el fruto de santidad pueda crecer.

El pecado que “nos asedia”

Está escrito en Salmos 119:105, Lámpara es a mis pies tu palabra, y lumbrera a mi camino.” En la luz de la Palabra de Dios, y por medio de la ayuda del Espíritu Santo podemos ver más del pecado en nuestra naturaleza. Aún cuando nos propusimos hacer el bien o ayudar a alguien puede salir un tono de voz algo duro, palabras poco agradables, comentarios sin sentido, etc. Hicimos lo que odiamos, pero lo vimos hasta después de hacerlo. Estas son las obras a las que Pablo se refiere en Romanos 8:13, las obras de la carne (obras del cuerpo). “pero si andamos en luz, como él está en luz, tenemos comunión unos con otros, y la sangre de Jesucristo su Hijo nos limpia de todo pecado.” 1 Juan 1:7.

Poco a poco, andando en la Luz (estando de acuerdo con el juicio de Dios sobre mi pecado y siendo obediente llevando a la muerte lo que Él me revela), el pecado es limpiado; y las virtudes de Cristo, Su vida y Sus cualidades pueden crecer en mi ¡para ser transformados más y más conforme a Su imagen! Esta es una increíble y verdadera esperanza para todos los cristianos que quieran ser transformados.

Una nueva naturaleza: Las virtudes de Cristo

¡Por medio de esta tranformación nuestra naturaleza humana y todas sus horribles tendencias se vuelven santas! Pues la esperanza del evangelio es clara:  Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” 2 Pedro 1:3-4.

Dios está sumamente interesado en ayudarnos a andar por el camino de la santificación. Pero a nosotros nos toca querer y reconocer que necesitamos ayuda para eso, después, tenemos que andar en obediencia a la Palabra de Dios y al Espíritu Santo, en fe que “…el que comenzó en vosotros la buena obra, la perfeccionará hasta el día de Jesucristo.” Filipenses 1:6

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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La gracia en Cristo Jesús

«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.