¿Cuál es el resultado de tomar nuestra cruz?

«Porque no me avergüenzo del evangelio, porque es poder de Dios para salvación a todo aquel que cree; al judío primeramente, y también al griego.» Romanos 1,16.

«Porque la palabra de la cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios.» 1 Corintios 1,18.

Libertad del Pecado

Esta palabra, o evangelio, ahora está disponible para todos los discípulos de Jesús – aquellos que quieren ser liberados del pecado. Porque «si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.» dijo Jesús mismo. (Juan 8,36) La verdadera libertad se haya en la cruz. Experimentamos libertad cuando somos crucificados juntamente con Él, padecemos juntamente con Él, y nos volvemos semejantes a Él en su muerte. El diablo no puede hacer nada cuando los deseos han sido crucificados, porque esto es la misma fuente de poder.

Esto es lo que es tan bueno, que cuando estamos cansados de nosotros  mismos, sabemos que estamos «vendidos al pecado» – estamos en bancarrota – así que nos acercamos a Él, nos dejamos crucificar, y experimentamos que su muerte comienza a obrar en nosotros sobre todos estos deseos y pasiones. (Mateo 11,28-30)

El poder que nos ha sido dado a través de la palabra de la cruz es un poder con el cual podemos poner todas las cosas en orden según la sabiduría de Dios. Poco a poco, a medida que el tiempo pasa y caminamos en la luz que Dios nos da, llevamos a la muerte el pecado en nuestra carne que nos es revelado, empezamos a notar que la vida de Jesús se manifiesta en nuestros cuerpos. (2 Corintios 4,10-12) Donde éramos amargados y exigentes, somos una bendición. Donde teníamos ansiedad y desánimo, estamos llenos de fe y poder para la acción. Donde una vez fuimos críticos y llenos de rencor, aprendemos a perdonar y edificar. En lugar de provocar discusiones y peleas cuando nuestros sentimientos son heridos o nuestras opiniones desafiadas, nos convertimos en ejemplos de apacibilidad, amabilidad y paciencia. A medida que nuestros propios deseos son negados, adquirimos las virtudes de Cristo.

Anhelamos más de lo que es bueno; nuestros pensamientos ya no son los mismos que antes. Tal vez el egoísmo nos había tenido atados anteriormente, pero cuando nos humillamos negando nuestra propia voluntad, sentimos que sucede una muerte sobre el pecado – una liberación del pecado. Esta es la muerte de Cristo – la «muerte de Jesús» de la que Pablo escribe en 2 Corintios 4,10. Donde antes había malestar y estrés, ahora hay reposo y paz. La vida se vuelve pacífica; somos liberados de la «preocupación» de recibir honor y la grandeza de este mundo y de toda la aflicción mundana, que viene de los deseos de la carne.

«Pero tenemos este tesoro en vasos de barro, para que la excelencia del poder sea de Dios, y no de nosotros, que estamos atribulados en todo, mas no angustiados; en apuros, mas no desesperados; perseguidos, mas no desamparados; derribados, pero no destruidos; llevando en el cuerpo siempre por todas partes la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestros cuerpos.» 2 Corintios 4,7-10.

¡Qué increíble poder se manifestó a través de la vida que Pablo vivió! Pablo fue asido del mensaje de la cruz, y las posibilidades que una «vida crucificada» le daban, siguiendo a Jesús que fue perfeccionado a través de los padecimientos. Ahora podemos ser partícipes exactamente del mismo poder y de la misma abundancia de vida. El evangelio no limita lo que podemos recibir de la vida de Dios. Si amamos la palabra de la cruz, llegaremos a «conocerle, y el poder de su resurrección, y la participación de sus padecimientos, llegando a ser semejante a él en su muerte» Filipenses 3,10. «Porque si fuimos plantados juntamente con él en la semejanza de su muerte, así también lo seremos en la de su resurrección.» Romanos 6,5.

Un miembro del cuerpo de Cristo

En la cruz podemos tener comunión unos con otros, y con todos los que también están en la cruz. La iglesia verdadera es una iglesia en la cruz, donde la enemistad es llevada a la muerte, y somos unidos en un nuevo cuerpo, llamado el «Cuerpo de Cristo» (Efesios 2,14-16)

Sólo a través de la cruz podemos llevar a la muerte la enemistad, y todos pueden ser unidos en amor y bondad. En esta gloriosa cruz, nos vestimos de algo nuevo, que es «de entrañable misericordia, de benignidad, de humildad, de mansedumbre, de paciencia; soportándoos unos a otros, y perdonándoos unos a otros si alguno tuviere queja contra otro. De la manera que Cristo os perdonó, así también hacedlo vosotros.» Colosenses 3,12-13.

Cuando la palabra de la cruz es activa en nuestra vidas personales, entonces vivimos una «vida crucificada», experimentamos una vida bendecida en cada circunstancia, un futuro glorioso me espera, y experimentamos comunión con Jesucristo y con todos los demás discípulos que viven una vida activa y crucificada.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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El mensaje de la cruz: Introducción

La cruz es uno de los símbolos más conocidos del Cristianismo, pero su significado es mucho más profundo que la cruz del Calvario.

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¿Qué es la «la cruz»?

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La primera cruz: La cruz del calvario

Esta es la cruz que conduce al perdón de pecados.

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4

La segunda cruz: Crucificar al viejo hombre y la carne con sus pasiones y deseos

Esta «crucifixión» es necesaria si queremos ser discípulos.

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5

¿Cuál es el resultado de tomar nuestra cruz?

Un futuro glorioso en el conocimiento de Cristo.

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