¿Por qué eres más fuerte al momento de ser más débil?

No es contradictorio decir que la debilidad y la fuerza van de la mano.

¿Por qué eres más fuerte al momento de ser más débil?

Plena fuerza en la debilidad

Pablo habla de su propia vida en 2 Corintios 12: 9-10: “Y me ha dicho: Bástate mi gracia; porque mi poder se perfecciona en la debilidad. Por tanto, de buena gana me gloriaré más bien en mis debilidades, para que repose sobre mí el poder de Cristo. Por lo cual, por amor a Cristo me gozo en las debilidades, en afrentas, en necesidades, en persecuciones, en angustias; porque cuando soy débil, entonces soy fuerte.”

Pablo era capaz de anunciar esto con tanta certeza porque él mismo lo había experimentado y vivido, era un hecho que el poder de Dios se perfeccionaba en su debilidad. Esa es la única manera en la que podemos recibir y participar del poder de Dios.

Lo mismo leemos en Isaías 40:29. Aquí no se habla del cansado que tiene pocas fuerzas, sino que está escrito: “El da esfuerzo al cansado, y multiplica las fuerzas al que no tiene ningunas.” Uno se puede sentir de diferentes maneras, nuestro razonamiento y experiencias hablan a tal grado que uno ya no sabe qué hacer. ¡Es en ese momento cuando es vital creer en Dios!

Jesús dijo a la mujer: “¿No te he dicho que si crees, verás la gloria de Dios?” Juan 11: 40. Dios puede dar gran poder a la persona que se encuentra en el punto donde ya no tiene fuerza. ¡El poder de Dios llega a mí cuando mi propia fuerza se acaba!

Las personas que siempre esperan al Señor, no esperan ayuda se sus propios brazos o el consuelo y la ayuda de la familia y de amigos, ya que recibirán nuevas fuerzas y levantarán sus alas como las águilas. Ellos Experimentarán que correrán sin cansarse, y caminarán sin fatigarse. (Isaías 40: 31).

¿De dónde estoy recibiendo mi fuerza?

¿De dónde estoy recibiendo mis fuerzas y la ayuda en las situaciones cotidianas? ¿Es natural para mí alzar mis ojos siempre a los montes, o desvío mi vista a lo que está a mi alrededor y a las personas que me rodean?

“Mi socorro viene de Jehová, que hizo los cielos y la tierra.” Salmos 121: 1-8. Éstos son a los que Dios no dará su pie al resbaladero, y Él mismo es Su guardador, el cual no se adormece. Incluso será tu sombra a tu mano derecha.

Esto significa que siempre estará conmigo, independientemente del tiempo y del lugar. “Y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo”, dice Jesús en Mateo 28:20. Ningún día está excluido cuando Jesús dice “todos los días.” Cada día, toda la vida, ¡sin excepciones!

Jesús también dice: “Venid a mí todos los que estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.” Mateo 11: 28. Y justo después viene la solución, la herramienta y la esperanza: “Llevad mi yugo sobre vosotros, y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón; y hallaréis descanso para vuestras almas.” Mateo 11:29.

Es necesario que primero reconozca que estoy trabajado y cargado para poder ver la necesidad de llevar el yugo de Jesús. Mi cuerpo de pecado, mi naturaleza humana, la cual me abate, y al mismo tiempo puede agravar a mis prójimos, necesita un yugo para cargarse. Jesús nos ofrece cargar Su yugo.

“Porque mi yugo es fácil, y ligera mi carga.” Mateo 11:30. Si cargo el yugo de Jesús me costará mi propia voluntad y mi propia vida humana, mi propia justicia. Este yugo niega vivir mi propia vida, y me constriñe a vivir para los demás. Me devuelve algo del cielo, ¡lo cual es eterno!

Somos exhortados a vivir en el mismo sentir que Jesús. “Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús”, el cual se despojó voluntariamente de ser igual a Dios, y tomó forma de siervo. Se humilló a sí mismo. Uno puede ser humillado, pero hay una gran diferencia entre el ser humillado y humillarse a sí mismo en las situaciones y oportunidades de la vida. Hay muchas circunstancias, primeramente con nuestros seres más cercanos, en las que puedo despojarme de mi propia voluntad, y por medio de ello recibir fuerza para tomar forma de siervo.

Esta es la clave para la exaltación celestial: “Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre…” Filipenses 2: 6-9. “Y a Aquel que es poderoso para hacer todas las cosas mucho más abundantemente de lo que pedimos o entendemos, según el poder que actúa en nosotros…” Efesios 3: 20.

¡El poder de Dios comienza en mi debilidad – cuando mi propia fuerza termina!

Este artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez con el título “Sin poder – gran poder” en el periódico de BCC “Skjulte Skatter (“Tesoros Escondidos”) en octubre de 2018.
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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