¿Cómo puedo experimentar la bondad de Dios en mi vida?

El como veo a Dios – como lo percibo – es un reflejo de mí mismo.

¿Cómo puedo experimentar la bondad de Dios en mi vida?

“Asimismo nos hizo sentar en los lugares celestiales con Cristo Jesús, para mostrar en los siglos venideros las abundantes riquezas de su gracia en su bondad para con nosotros en Cristo Jesús.” Efesios 2:6-7.

Muchas personas quieren experimentar la bondad de Dios en sus vidas. Dios es bueno; Él hace salir su sol sobre malos y buenos, y que hace llover sobre justos e injustos” (Mateo 5:45). El amor de Dios es Universal. Abarca a todas las personas. Sin embargo, no todas las personas sienten el amor, o han experimentado la bondad de Dios. Pareciera que Dios hace diferencia entre las personas, sin embargo, Él no la hace. La razón se encuentra dentro de las mismas personas.

Podemos preguntar: “¿Dónde se encuentran las riquezas de su bondad almacenada?” Leamos en Efesios 2:10, “Porque somos hechura suya, creados en Cristo Jesús para buenas obras, las cuales Dios preparó de antemano para que anduviésemos en ellas.”

La bondad de Dios me seguirá

El secreto es llegar a Cristo, y ser una nueva creación en Él. Allí, en Jesucristo, Dios ha almacenado su bondad como un precioso tesoro en las buenas obras de la vida, las cuales ha preparado de antemano para mí.

Esto significa caminar en las obras que Dios ha preparado para mí, sirviéndole en fidelidad y amor sincero, así experimentaré las riquezas de Su bondad en mi vida, y podre decir como David en el salmo 23:6, Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán todos los días de mi vida, y en la casa de Jehová moraré por largos días.” ¡La bondad de Dios me seguirá!

Aferrarse a la bondad de Dios

Una persona es imagen de Dios – la manera en que lo percibes – por lo tanto se puede describir como el reflejo de ti mismo. Con el misericordioso te mostrarás misericordioso, y recto para con el hombre íntegro. Limpio te mostrarás para con el limpio, y severo serás para con el perverso.” Salmo 18:25-26. Si uno es obstinado y avaro, con muy poco para dar a su prójimo, entonces experimentarás a Dios como obstinado y severo.

Si quieres experimentar a Dios como, tolerante, generoso y amable, entonces tienes que poner en práctica estas virtudes en los demás. Hay suficiente fuerza en el evangelio que Jesús, el hijo de Dios, trajo para transformar a una persona de ser malo por naturaleza a ser justo, puro y verdadero.

Porque: El que quiere amar la vida y ver días buenos, refrene su lengua de mal, y sus labios no hablen engaño; apártese del mal, y haga el bien; busque la paz, y sígala. Porque los ojos del Señor están sobre los justos, y sus oídos atentos a sus oraciones; pero el rostro del Señor está contra aquellos que hacen el mal.” 1 Pedro 3:10-12. “…pero la bondad para contigo, si permaneces en esa bondad...” Romanos11:22. Aferrarse en fidelidad a las leyes y obras de Dios para el bien de nuestras vidas, es aferrarse a su bondad.

La bondad de Dios como mi fuerza impulsora

Dios no obliga a nadie en contra de su voluntad. ¿O menosprecias las riquezas de su benignidad, paciencia y longanimidad, ignorando que su benignidad te guía al arrepentimiento?” Romanos 2:4. Dios en su gran misericordia y benignidad con nosotros, los seres humanos, nos conduce y llama a su camino – para que Él, acorde a sus propias leyes derrame las riquezas de su bondad sobre nosotros. ¿Quieres tú ser uno de los que experimenta la bondad de Dios?

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.