No te canses de hacer el bien

Una reflexión sobre las motivaciones detrás de las buenas obras que hacemos.

No te canses de hacer el bien

Un pensamiento sigue circulando en mi cabeza; “¡Esto es tan injusto! ¡Lo único que siempre quise fue hacer cosas buenas para los demás y ahora me tratan de esta manera!” Fue una situación como está en la que sentí que mis esfuerzos no eran realmente apreciados, y pensamientos negativos hicierón que me desanimara. “¿Para qué hago todo esto?” ¡Nadie se da cuenta de mi esfuerzo!” Luego, un versículo vino a mi mente en Gálatas 6:9: “No nos cansemos, pues, de hacer bien; porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos.”

Hay algunas exhortaciones poderosas en este simple versículo que realmente me hicieron examinar mis motivaciones. Primero, me exhorta a “no cansarme de hacer el bien.” Toda mi mente y cuerpo querían desanimarse, porque parecía que mis esfuerzos por bendecir a los demás y orar por ellos no daban ningún resultado. ¿Para qué esforzarse? Pero es la segunda parte del versículo que me dió una tremenda esperanza: “porque a su tiempo segaremos.” ¡Me di cuenta de que solo tenía que ser paciente!

Pequeños brotes

Me acordé que una vez traté de cultivar hierbas de cocina. Regaba diligentemente la pequeña maceta durante días, pero parecía que nada ocurría. Y luego, después de una semana, comencé a ver pequeños brotes. Los brotes se hicieron plantas pequeñas, y las plantas crecieron y crecieron hasta que comenzaron a emitir un delicioso aroma. Para que algo crezca, mucho tiene que pasar en lo oculto, quizá puede parecer que lo que hacemos no da sus frutos, pero tenemos que ser pacientes para que esos pequeños brotes se abran paso.

La tercera parte del versículo da la condición para continuar este proceso: “si no desmayamos.” Si me rindo y paro de orar por alguien, dejo de bendecirle, paro de regar las semillas, no hay brotes, y las cosas pueden salir muy mal. El proceso de una semilla a una planta es muy delicado y con tan solo faltarle una cosa muy pequeña como lo es el agua y la luz del sol, puede causar la muerte de los pequeños brotes. Necesito ser diligente, acabar con los pensamientos de desánimo y continuar la buena obra que Dios me está pidiendo que haga.

¿Qué me motiva?

Para no cansarme o desanimarme, debo asegurarme de que mis motivaciones estén en orden. ¿Por qué sirvo y bendigo a la gente? ¿Es porque espero el agrado, el amor y la gratitud a cambio? ¿O es porque Dios me está impulsando a hacerlo, sin importar lo que los demás digan?

Dice en Juan 5:44: “¿Cómo podéis vosotros creer, pues recibís gloria los unos de los otros, y no buscáis la gloria que viene del Dios único?”

Si mi motivación depende en la apreciación de los otros, entonces nunca voy a estar satisfecha. Después de todo, todos los que me rodean tienen una naturaleza humana como yo, eso significa que no siempre expresamos agradecimiento, o no siempre notamos los detalles y el esfuerzo que los demás hacen para que la pasemos bien, no siempre vemos el “detrás de escena” de su trabajo. Eso no significa que las personas sean desagradables o malagradecidas, pero solo pueden ver una parte del iceberg. Si mi felicidad depende de ellos, entonces siempre me voy a decepcionar.

Pero hay otra motivación que puedo tener y por la cual puedo orar; es buscar solamente agradar Dios. Porque entonces incluso si mi arduo trabajo es criticado o no se nota, puedo seguir agradecida y servir a Dios; con eso me basta. El gozo que se recibe por servir a Dios no viene naturalmente; a todos les gusta el aprecio y el reconocimiento de las demás personas a su alrededor, pero esto es algo por lo cual podemos orar y combatir. Dios me va a fortalecer poderosamente si lo que hago lo hago solo para Él. Él lo aprecia más que nadie, pero solo si es que estoy dispuesta a servirle de corazón sin importarme el reconocimiento de los demás.

Dios da el crecimiento

Estaba también desanimada cuando no podía ver ningún resultado en todos mis esfuerzos. Estos brotes estaban todavía escondidos en las profundidades de la tierra y parecía que les iba a tomar una eternidad en salir. Pero me vino este versículo en 1 Corintios 3:7: “Así que ni el que planta es algo, ni el que riega, sino Dios, que da el crecimiento.”

Debo de creer que Dios ve todo el Iceberg. Significativamente tengo que reconocer y asegurarme que en verdad estoy dispuesta a continuar su obra, no la mía. Él sabe, mejor que yo, lo que las personas necesitan. Él puede ver debajo de la tierra los pequeños brotes escondidos de mis ojos. Así puedo orar con un corazón íntegro y servir con el mejor entendimiento y conocimiento a los que me rodean. Pero tengo que poner toda la situación en Sus manos y dejar que Él de el crecimiento. Tengo que trabajar arduamente con esa mentalidad de dar a Dios todo el honor, si no, Él no puede usar mi trabajo y tampoco daré frutos.

Toda esta situación realmente despertó en mi un anhelo de servir solamente frente al rostro de Dios, sin exigencias ni preguntas. He visto muchos ejemplos en mi alrededor, personas que han elegido vivir así y que por eso han sido felices. Esta felicidad y gozo no pudiera estar en ellos si siguieran siendo dependientes del reconocimiento de los demás en sus acciones. Ellos son ejemplos que quiero seguir, para que yo también pueda tener una vida vida feliz; independientemente de mi situación, las personas de mi alrededor o mis pensamientos. Solamente alegre, sin “días malos”. ¡Es posible, siempre y cuando tenga en orden mis prioridades!

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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