La voluntad propia del hombre

Dios le dió al hombre una voluntad propia y libre para que pudiera tomar sus propias decisiones.

La voluntad propia del hombre

Cuando Dios creó al hombre, le dio algo muy especial y único, el hombre recibió una voluntad propia y libre. De esta manera se le concedió la independencia de poder tomar sus propias decisiones.

Cuando el hombre cayó en pecado, fue porque por su propia voluntad quiso oír a Satanás, sin embargo, el camino de la salvación se hizo, por medio de Jesucristo, en esta misma voluntad.

Uno cosecha lo que siembra

Dios que es omnipotente y omnisciente ha dado a cada persona una voluntad libre, la cual Él respeta por sus leyes. Tener libre albedrío, no significa que podemos hacer lo que queremos sin sufrir ninguna consecuencia, porque a pesar que tenemos una voluntad propia, somos responsables de las decisiones que tomamos. Podemos elegir sembrar lo que deseemos, pero no podemos elegir lo que vamos a cosechar.

“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará. Porque el que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; mas el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna.” Gálatas 6:7-8.

Respetar la voluntad de los demás

De la misma forma que Dios respeta nuestra voluntad, debemos respetar la voluntad de los demás ¿esto quiere decir que no tenemos responsabilidad por las demás personas? Por supuesto que tenemos responsabilidad, por ejemplo, cuando los niños crecen los padres no pueden solo pensar: “Los niños también tienen una libre voluntad, así que pueden hacer lo que quieran.”

De hecho los padres son responsables de cómo criar a sus hijos, sin embargo, como los niños crecen, se debe encontrar un sano equilibrio entre la voluntad del niño y la responsabilidad de los padres para educarlo. Hay mucho que aprender en esta área; por ejemplo, como padres no debemos dominar o provocar a nuestros hijos, ni debemos tratar de hacer una copia de nosotros en ellos. ¡No! Al contrario, debemos ser un ejemplo para ellos, llevarlos en nuestro corazón y orar por ellos. Debemos mantener el contacto con ellos y ayudarles a entender las cosas con claridad, en lugar de cargarlos con un montón de reglas.

Pablo como ejemplo

Así es también cuando nos relacionamos con otras personas. En este contexto, podemos ver el ejemplo de Pablo, cuando se dirigió a Filemón respecto a Onésimo, el esclavo que se había convertido en Roma. Filemón 8-9: “Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor.” Podemos leer también en el versículo 14, “pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario.”

Servir y bendecir voluntariamente

Este respeto por la voluntad del otro es fundamental a la hora de servir en la iglesia. Aquí la sabiduría nos enseña cómo es que tenemos que guiarnos cuando nos relaciones con las demás personas: nunca debemos dominar sobre los otros, reprochar o exigir a los demás. Al contrario, debemos tenerlos en nuestros corazones, debemos orar ellos, alentarles y exhortarles.

El objetivo es que tantas personas como sea posible, primeramente entren voluntariamente en la voluntad de Dios. Entonces, el amor a Cristo nos llevará a la perfecta ley de la libertad, para que tengamos un deseo de servir y bendecir a nuestro prójimo, de todo nuestro corazón, voluntariamente y con gozo.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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La gracia en Cristo Jesús

«Al pensar en la gracia, piensa uno prácticamente sólo en lo que es el perdón; y puesto que todos hemos pecado, necesitamos pues de la gracia.» Así comienza Sigurd Bratlie este libro sobre la gracia. Sin embargo, continúa describiendo en detalle que la gracia en Cristo Jesús significa mucho más que perdón. También significa verdad y ayuda. Nos enseña a no pecar, de modo que podamos ser completamente libres para vivir una vida en victoria que conduce a la perfección.