La obediencia a la fe: La fe se hace activa por obras

Sin la obediencia a la fe, no habrá crecimiento, progreso ni tampoco frutos …

La obediencia a la fe: La fe se hace activa por obras

“… fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos, y por quien recibió la gracia y el apostolado, para la obediencia a la fe en todas las naciones por amor a su nombre…” Romanos 1:4-5.

¿La fe legalista o la fe de Cristo?

Antes de que viniera la fe, teníamos una fe — una fe legalista — la cual era tan fuerte que podía refrenarnos de la ley y mantenernos para aquella fe que iba a ser revelada. (Gálatas 3:23) La fe legalista no puede ser llamada la fe de Cristo. Mejor dicho, es una fe humana en Cristo. Por lo tanto no es la fe definitiva. Es solo algo temporal que junto con nuestra conciencia y la convicción del Espíritu Santo, trabaja como un tutor legalista que nos lleva a Cristo. Cuando una persona ha venido a Cristo y se ha hecho uno con Él, la fe de Cristo se hace activa por obras. Esas obras son los frutos de la obediencia a la fe y el poder proviene del Padre de los espíritus.

Por qué la obediencia a la fe es vital

En el Reino de Dios, todo depende de la obediencia. La caída al pecado vino causa de la desobediencia, pero somos criados a través de la obediencia. La fe de Cristo es la ley del cuerpo — la iglesia. Sin esto, la santificación no puede tener lugar, porque nosotros por medio del Espíritu esperamos ansiosamente por la fe la esperanza de la justicia. (Gálatas 5:5) Esto nos habla de que la justicia nos trae esperanza, pero es imposible ser justos de otra manera que no sea por medio de la obediencia a la fe, porque los justos por la fe vivirán. (Romanos 1:16-17).

No hay gracia bajo la ley, porque fuera del cuerpo no hay sacrificio. ”De Cristo os desligasteis, los que por la ley os justificáis; de la gracia habéis caído.” Gálatas 5:4. Sin embargo, en el cuerpo recibimos gracia y verdad, la cual nos es dada de Dios debido a que el cuerpo es sacrificado. Todo lo que pertenece a la vida y a la piedad nos ha sido dado en Cristo Jesús. (2 Pedro 1:3-4) En Él recibimos gracia para que la longanimidad de Dios continúe hasta que comencemos a participar en el sacrificio de Cristo. Es allí cuando comenzamos a apreciar las riquezas de la paciencia y gracia de Dios.

Por medio de la fe nos unimos con Cristo mismo y con la gracia, y desde ese momento ni la incircuncisión, ni la circuncisión sirven de nada, pero solo la fe obra a través del amor.

La obediencia – actuando de acuerdo a la de fe de Cristo

Las personas normalmente tienen sus propias ideas sobre que van a creer o que no, pero esa clase de fe no tiene nada que ver con la fe de Cristo. La fe de Cristo nos es revelada en nuestro espíritu y consciencia humana. Siempre nos guía en una dirección para obtener mayor temor de Dios, más devoción, mayor cuidado y más sacrificios de acuerdo a la carne.

La fe de Cristo tiene sus raíces en Dios mismo. El razonamiento humano no puede comprenderlo, no obstante, está en perfecta armonía con el razonamiento de Dios y sus planes de santificación para nosotros. Solamente cuando estamos completamente convencidos de que Dios quiere lo mejor para nosotros, es que podemos, por la gracia de Dios, actuar conforme a la fe — la fe que nos ha sido revelada sin conocer ningún resultado. Dios ha elegido mantener la revelación de nuestra gloria para el día de Cristo Jesús. En ese momento estaremos delante del tribunal de Cristo y recibiremos nuestra recompensa acorde a lo que estaba en nuestro cuerpo, sea bueno o sea malo. (2 Corintios 5:10; 1 de Juan 3:2-3)

La fe de Cristo = Las obras de Cristo

Hay una cobertura sobre todo lo que es glorioso. No es agradable para la naturaleza del hombre seguir ciegamente el camino de la fe, pero cuando  nos ejercitamos haciendo esto, seremos sorprendidos y encontraremos de manera segura la gloria de Dios, oculta bajo la cobertura — una gloria la cual los demás encuentran de manera obvia. Cuando continuamos diligentemente buscando los tesoros escondidos de Dios bajo esta cobertura, vamos finalmente a alejarnos de toda esa buena reputación y religiosidad, y seremos vistos como débiles, personas humildes con ideas extrañas y quienes nunca van a poder deslumbrar a las personas con religiosidad. Por la gracia de Dios estamos determinados a permanecer en posiciones bajas con aquellos que no tienen una reputación.

De acuerdo a las leyes de Dios y a su voluntad, el camino va hacia abajo y luego hacia arriba. La fe de Cristo es nuestra guía durante esta vida, y aquellos que tienen la fe de Cristo deben también hacer las obras de Cristo. Si una persona hace las obras de Cristo y tiene su fe en Él, entonces tendrá también la vida de Cristo.

Es imposible creer en algo a menos que no hemos escuchado, porque la fe viene del oír. Nuestro mediador, el Espíritu Santo está siempre activo con nosotros y en nosotros, mientras nos mantengamos en reposo. Debemos creer y obedecer lo que el Espíritu condena en nuestro interior y en nuestra conciencia. Esto es a lo que la Biblia llama obediencia a la fe.

Fue por la obediencia a la fe que Pablo recibió su apostolado entre las naciones. Sin la obediencia a la fe no habrá crecimiento, progreso ni tampoco frutos. Es cierto que puedes ser un fiel servidor en algunas asambleas religiosas y aparentar que te regocijas aquí y allá, pero nunca serás sincero, honesto, directo y un hombre o mujer con propósito hasta que no aprendas a caminar en este gran misterio: la obediencia a la fe.

Este artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez con el título “La obediencia a la fe” en el periódico oficial de BCC Skjulte Skatter (Tesoros Escondidos) en octubre de 1912.
© Copyright Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag

Quizá te interese leer más en nuestra página de tópicos acerca de la obediencia a la fe, o en los artículos en la parte de abajo:

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

Descargar E-book gratis

El evangelio de Dios

La gracia significa que todo mi pecado es perdonado cuando lo confieso. Pero también significa que recibimos poder para obedecer la verdad con la cual vino Jesús. En este libro escribe Sigurd Bratlie acerca de esto, y nos muestra que el verdadero evangelio de Dios es la obediencia a la fe.