La escuela en el monte de Sion

Los discípulos de Jesús están inscritos en una escuela muy especial…

La escuela en el monte de Sion

“Acontecerá en los postreros tiempos que el monte de la casa de Jehová será establecido por cabecera de montes, y más alto que los collados, y correrán a él los pueblos. Vendrán muchas naciones, y dirán: Venid, y subamos al monte de Jehová, y a la casa del Dios de Jacob; y nos enseñará en sus caminos, y andaremos por sus veredas; porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.”  Miqueas 4:1-2.

Una escuela diferente

En el Monte de Sion se estableció una “escuela” para la “congregación y la Iglesia de los primogénitos.” En otras palabras, para todos aquellos que son discípulos de Cristo, aquellos que quieren aprender del Maestro. (Hebreos 12:23)

El Espíritu Santo es un maestro en esta escuela. Él es el maestro de justicia; nos enseña todas las cosas. Él nos recuerda todo lo que Jesús dijo – Las leyes que nos dio. (Juan 14:26-27)

En esta escuela los estudiantes se sienten seguros – aquí, la seguridad es una innumerable hueste de ángeles. Dios, el juez de todo, está allí, y Jesús mismo, el Mediador del nuevo pacto, es extremadamente activo en la escuela. Él nos enseña a tener un celo ardiente por sus leyes y mandamientos. Tales mandamientos están escritos en nuestro libro de texto: la Palabra de Dios. A medida que aprendemos sus mandamientos, también se inscriben en nuestros corazones y mentes. (Hebreos 12:22-24; Hebreos 8:10)

Aquí los estudiantes aprender a andar en el camino que el Maestro abrió para ellos; para seguir sus pasos. Este es un requisito tajante para todos los estudiantes en esta escuela.

Los alumnos de esta escuela se desarrollan plenamente. No son personas unidimensionales. Obtienen longitud, anchura y profundidad en su espíritu. Están hechos conformes a la imagen de su Hijo. (Apocalipsis 21:16; Romanos 8:29)

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Requisitos del curso

Para llegar a ser como el Maestro, los estudiantes deben aprender a hacer la voluntad de Dios y a a renunciar a su propia voluntad, ideas, opiniones, razonamientos, etc… Esto causa sufrimiento, pero como esperan la alegría que recibirán como resultado del sufrimiento, pueden soportarlo. El material del curso fue presentado claramente por uno de los primeros alumnos de esta escuela, en Filipenses 3:7-10. Este estudiante, un ejemplo para todos los futuros alumnos, fue, por supuesto, el apóstol Pablo.

Se requiere que todos los estudiantes renuncien a toda su “sabiduría” humana natural para obtener el espíritu divino de la sabiduría y revelación. Por ejemplo, la sabiduría humana es pagar mal con mal. Pero aprendemos del Maestro, que “cuando le maldecían, no respondía con maldición”,  y nos enseñó a “amar a nuestros enemigos, bendecir a los que nos maldicen, hacer el bien a los que nos odian y orar por los que calumnian.” Todos los que están en esta escuela aman y guardan estos mandamientos que los llevan a divina sabiduría y revelación. (Efesios 1:17; 1 Pedro 2:23; Mateo 5:44)

El programa de alimentación de esta escuela es la mejor comida. Los nuevos estudiantes comienzan con leche pura y sin mancha, y a medida que crecen, maduran y son capaces de tolerar más, reciben más y más alimento sólido. (1 Pedro 2:2; Hebreos 5:13-14).

En esta escuela no hay “grupos”, no hay argumentos, no hay conflicto, no hay envidia, no hay maldad o algo por el estilo. A los estudiantes se les enseña a amarse unos a otros con un amor puro y “fraternal”, pues así está claramente escrito en la Palabra de Dios. Nadie se considera “grande”, todos consideran a los otros como superiores a ellos. Es Cristo quien es preeminente aquí, el primero entre muchos hermanos. (1 Corintios 13:4-7; Romanos 12:10; 1 Tesalonicenses 4:9; Hebreos 13:1, Filipenses 2:3; Colosenses 1:15-18)

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Cada estudiante debe aprender a llevar y utilizar toda la armadura de Dios para defenderse de los ineludibles enemigos. Hay clases intensivas sobre cómo aprender a reconocer al enemigo (los principados, potestades, los gobernadores de las tinieblas de este siglo, y huestes espirituales de maldad) y a familiarizarse íntimamente con los métodos de guerra. La mayoría de las veces los métodos del enemigo no son claros, pero son sutiles, utilizando argumentos y pensamientos “razonables” para convencer a los creyentes de que duden, envidien y cometan otros pecados. Este es el arte de la guerra, y es por eso que es tan crucial que los estudiantes renuncien a todos los rastros de la razón y la sabiduría humanas y aprendan la sabiduría que viene de lo alto, que es “primeramente pura, después pacífica, amable, benigna, llena de misericordia y de buenos frutos, sin incertidumbre ni hipocresía.” Los estudiantes aprenden a usar las poderosas armas de la guerra para“derribar argumentos y toda altivez que se levanta contra el conocimiento de Dios, y llevando cautivo todo pensamiento a la obediencia a Cristo.” (Efesios 6: 12-17; Santiago 3:17; 2 Corintios 10: 5).

La piedra de tropiezo

A la entrada de esta escuela se encuentra “una piedra de tropiezo y una roca que hace caer.” Sólo aquellos que pasan por esta piedra pueden asistir a la escuela del Monte de Sion. Muchos caen y se quedan atascados en esta piedra. (2 Pedro 2: 8; Isaías 8: 13-18)

La piedra de tropiezo es el requisito de renunciar a todo. Aquellos que no renuncian a su propio honor, su valor ante sus propios ojos y ante los demás, cualquier cosa fuera de Cristo, etc., no pasarán de esta piedra, porque la entrada depende de la fidelidad total a Jesús. Toda la gente que está orgullosa de sus logros terrenales, en lugar de darle la honra a Dios, está llena de amargura, son rencorosos y buscan lo terrenal o hacer lo que los conduce lejos de Cristo. Aquellos que son grandes en sí mismos y no tienen necesidad de ser llenados con Cristo tropiezan con la idea de renunciar a todo.

Aquellos que asisten a la escuela del Monte de Sion deben dejar de confiar y vivir para sí mismos y no seguir su propio camino. Ellos deben vivir solamente de acuerdo a las leyes del Espíritu de vida en Cristo Jesús, las cuales aprenden en esta escuela. (Romanos 8:2)

Haciendo discípulos

Los estudiantes, los discípulos de Cristo, también tienen el mandato de hacer discípulos a todas las naciones, porque todas las personas pertenecen al Señor, y todas las personas deben tener la oportunidad de entrar en esta escuela. No muchos lo hacen más allá de la piedra de tropiezo, porque el camino es estrecho, pero a todos se les debe dar la oportunidad. La fuerza impulsora detrás de este trabajo misionero que hace discípulos a personas justas, es el gran Señor y Maestro mismo. (Mateo 7: 13-14; Mateo 28: 19-20)

¡Oh qué en estos días haya muchos que busquen y encuentren ser inscritos en la escuela del Monte de Sion!

“Porque de Sion saldrá la ley, y de Jerusalén la palabra de Jehová.” Isaías 2:3.

Toda la educación que reciben los alumnos aquí los prepara para reinar con el Maestro. Los graduados de esta escuela habrán aprendido y recibido la sabiduría que les permitirá reinar la tierra con Él en el Milenio, y para establecer el Reino de la Paz y la justicia que serán por los siglos de los siglos. (Romanos 5:17, 2 Timoteo 2:12, Apocalipsis 5:10, Apocalipsis 20: 4, Apocalipsis 22: 5)

Este artículo está inspirado y basado en un artículo con el mismo nombre escrito en noruego por Johan O. Smith y publicado por primera vez en el periódico oficial de BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros Escondidos”) en marzo de 1937.

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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