Incluyendo a Dios en tu matrimonio

Dios nos puede enseñar a amarnos mutuamente en realidad.

Incluyendo a Dios en tu matrimonio

No existe tema más hablado, escrito y cantado en este mundo que el amor. Pero probablemente es también el tema más incomprendido que existe.  

Sí, todos buscamos el amor. Es una necesidad básica de cada ser humano, el querer sentirse amado, aceptado, entendido y recibir cuidado. Mientras crecemos, despierta e incrementa ese anhelo de encontrar la pareja/el cónyuge perfecto que nos pueda amar y hacernos felices. 

Lo extraño, es que en la vida no siempre es así. Si observamos a nuestro alrededor descubrimos que muchas parejas que se amaron al principio, ahora se divorciaron o viven juntos pero infelices en su matrimonio. ¿Qué sucedió? Todo parecía perfecto al principio… 

Incluyendo a Dios 

Es importante que entendamos nuestra propia naturaleza humana. Nuestra naturaleza está llena de egoísmo, exigencias, amor a mí mismo y expectativas. Nos podemos preguntar: ¿en realidad somos capaces por naturaleza de amar verdaderamente a otra persona? En Romanos 7: 21 leemos: “Así que, queriendo yo hacer el bien, hallo esta ley: que el mal está en mí.” ¿Cuántas veces no nos hemos dado cuenta que queríamos amar desinteresadamente, pero el mal estaba nosotros? La buena noticia es que cuando incluimos a Dios en nuestro matrimonio recibimos fuerzas y poder para vencer sobre nuestra naturaleza y para aprender a amar, así como lo anhela nuestro corazón. 

Es bueno y necesario estar “enamorado” al casarse, pero solo es cuestión de tiempo hasta encontrar nuestras limitaciones, cuando llegan las tribulaciones cotidianas y nuestro amor tiene que ser puesto a prueba. Es por eso que necesitamos a Dios como nuestra cabeza y nuestro maestro, y que al mismo tiempo el Espíritu Santo nos guíe y enseñe. “Pero acerca del amor fraternal no tenéis necesidad de que os escriba, porque vosotros mismos habéis aprendido de Dios que os améis unos a otros.” Tesalonisenses 4: 9. 

Necesitamos ser enseñados y estar atentos a la voz de Dios, buscándole en la oración cuando llegamos a nuestros límites humanos. Es entonces cuando Dios nos puede enseñar verdaderamente a amar de acuerdo a Su Palabra. ¡Imagínate cómo es un matrimonio cuando los dos cónyuges tienen a Dios como su cabeza y le buscan para que les enseñe a amarse mutuamente! 

Claras enseñanzas 

En 1 Corintios 13: 4-7 recibimos claras enseñanzas de lo que el amor de Dios es: 

“El amor es sufrido, es benigno; 
el amor no tiene envidia, 
el amor no es jactancioso, no se envanece; 
no hace nada indebido, 
no busca lo suyo, 
no se irrita, no guarda rencor; 
no se goza de la injusticia, más se goza de la verdad. 
Todo lo sufre, todo lo cree, todo lo espera, todo lo soporta. 
El amor nunca deja de ser.” 

 
Amar significa dar 

¡Qué receta tan fantástica para un matrimonio feliz de acuerdo a la Palabra de Dios!: Que, en lugar de buscar recibir amor, nosotros seamos capaces de dar amor a nuestro prójimo, este es el plan de Dios, lo que Él ha previsto para nosotros. Su amor consiste en dar. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito…” Juan 3: 16. Este es el amor divino. La realidad, es que el amor recibido no es el que nos hace verdaderamente felices, sino el amor que damos. Jesús mismo lo dice en Hechos 20:35: “Más bienaventurado es dar que recibir.” Lo único que puede ocurrir en un matrimonio en el que ambas partes tienen esta actitud, es que les vaya solamente bien. Y lo mismo cuenta también para todo tipo de relaciones. 

“Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos.” Juan 15: 13. 

Cuando entramos en las circunstancias difíciles de nuestra vida, podemos renunciar a nuestra propia voluntad, colocar todo el egoísmo en la cruz, morir a nuestra propia voluntad, y de esta forma podemos ser gentiles y dar amor. Cuesta padecimientos, pero el poder y la fuerza de Dios están a disposición para todos los que le buscan de todo corazón. Las mismas situaciones que llevan a muchos al divorcio, nos pueden llevar a la santificación y a un amor divino más profundo. 

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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