¿Fuiste hecho para otro mundo?

Sion simboliza un anhelo de la gente que anda en busca de una patria segura. ¿Tienes tú el anhelo de una patria espiritual?

¿Fuiste hecho para otro mundo?

El monte de Sion

“Sino que os habéis acercado al monte de Sion, a la ciudad del Dios vivo, Jerusalén la celestial…” Hebreos 12:22-24.

Jerusalén, la ciudad santa de los Israelitas, fue fundada y construida en el monte de Sion en Israel. Judíos de todo el mundo la consideran su patria, a donde regresarán algún día. Con eso se identifican completamente; sienten que pertenecen allí.

Lo mismo sucede con nosotros los que somos Israelitas espirituales. No nos consideramos parte de este mundo, sino nos identificamos como residentes del reino de los cielos – de la Jerusalén celestial. Aquí en la tierra estamos solamente por un poco de tiempo, pero un día volveremos a nuestro verdadero hogar, allí estaremos con el Cordero para siempre. (Apocalipsis 14:1)

Hecho para otro mundo

C.S. Lewis escribió: “Si encuentro dentro de mí un deseo que ninguna experiencia en este mundo puede satisfacer, la explicación más probable es que fui hecho para otro mundo.”

¿Alguna vez has considerado que fuiste hecho para otro mundo? Tienes una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para ti. (1 Pedro 1:4) ¿La puedes ver? ¿Puedes ver que tienes reservado algo mucho más grande que todo comparable de este mundo?

Bendito el Dios, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos. (1 Pedro 1:3)

Nosotros tenemos una patria espiritual en Sion, los que hemos nacidos de nuevo. En la tierra somos extranjeros y peregrinos. (Hebreos 11:13) Junto con Jesús decimos que nuestro reino no es de este mundo, porque vemos más allá de esta tierra. (Juan 18:36) Usamos el tiempo en este mundo para prepararnos para aquel día cuando finalmente estaremos en el monte de Sion junto con el Cordero y con los que han sido fieles. (Apocalipsis 14:1)

Sion: La morada inconmovible de Dios

Sion es la morada de Dios, y es firme e inconmovible. Jamás cambiará. El Espíritu que reina allí nunca cambiará ni adoptará caprichos y tendencias. La justicia y verdad de Dios son eternas y perfectas, y esto no se puede cambiar. “Dios está en medio de ella; no será conmovida…” Salmos 46:5. (Salmos 132:13-14)

Nos podríamos preguntar: si Sion es nuestro hogar, ¿por qué nos situó Dios en la tierra? Todo lo que Dios permite en Sion tiene que ser probado primero. Estamos en la tierra para ser preparados para la eternidad; para volvernos tan firmes e inconmovibles como Sion, establecidos en la fe, arraigados en justicia y verdad, incansables en amor, e inconmovibles en pureza, humildad, paciencia, misericordia, y en todo lo que es bueno. (1 Pedro 1:6-7) Es necesario que seamos conmovidos y probados, hasta que solamente queden las cosas inconmovibles. (Hebreos 12:26-29)

Cuando tenemos una visión para Sion, entonces tenemos un interés fijo de llegar allí. Nuestra vista está alzada mucho más allá de todas las cosas de la tierra, y todo lo que hacemos está motivado por nuestro deseo de llegar a nuestra patria. No perdemos el tiempo satisfaciendo los deseos carnales, los deseos de los ojos, y la vanagloria de la vida. (1 Juan 2:16) Sabemos que nada de eso satisface. (1 Pedro 1:24-25)

En este mundo hay muchas cosas que apelan al alma humana. Pero cuando pertenecemos a Sion, nuestra primera prioridad es buscar el reino de Dios. Sabemos que Dios nos va a bendecir con todo lo necesario para esta vida y con toda bendición espiritual. (Mateo 6:33; Efesios 1:3)

Una nueva naturaleza eterna

Desde ahora podemos ser residentes de esa ciudad espiritual, ¡en medio de este mundo incrédulo e incesante! (Filipenses 2:15) Aquí podemos llegar a justicia, gozo y paz. (Romanos 14:17) Dios es el soberano de Sion, y escribe Sus leyes, las leyes de Sion, en nuestro corazón y nuestra mente. (Jeremías 31:33) Estas leyes nos guían para atravesar nuestra carne, encontrar el pecado que mora allí y enseñarnos a vencerlo. Por la gracia en Cristo Jesús, los que pertenecemos a Él nunca tenemos que cometer pecado consciente. Cuando somos tentados, vencemos por el poder del Espíritu, y así nacen las virtudes de Cristo en nosotros. (Romanos 8:29)

Esta nueva naturaleza será nuestra para siempre. Como hijos de Sion permitimos ser moldeados y formados de igual manera como el barro en la mano del Alfarero, para que todas las imperfecciones y errores sean removidos. (Lamentaciones 4:2) Esto lleva a la vida armónica y bendecida allá.

Nada impuro recibe permiso de entrar por las puertas de Sion a la ciudad santa de Dios. Si alguno intenta llevar amargura, odio, malas palabras, maldad, envidia, y cosas semejantes, será desechado en las puertas. Como habitantes de Sion emprendemos la guerra espiritual contra los deseos de la carne, de forma que recibimos comunión; de esa manera somos “amasados” junto con los otros habitantes para formar el cuerpo de Cristo. Hay unidad y hermandad entre todos los que han sido rescatados por Jesús para morar allí con Él.

Todos los Sionistas espirituales, los que tenemos un anhelo de esa patria espiritual, podemos testificar junto con Jesús que: “viene el príncipe de este mundo, y él nada tiene en mí.” Juan 14:30.

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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