El secreto para no tener conflictos en nuestras relaciones con los demás

¡Seguir estas 3 lecciones te ayudará a tener una buena, bendecida y sana relación con los demás!

El secreto para no tener conflictos en nuestras relaciones con los demás

Nuestras relaciones con los demás pueden ser delicadas. Toda la gente es muy diferente. La forma de pensar de una persona, y su manera de procesar el mundo que lo rodea, puede ser completamente diferente a la de otra. Sin mencionar que también existen varios estilos diferentes de comunicación. Dios nos creo a todos y cada uno de nosotros de una manera muy peculiar y específica, lo cual es muy especial. Dios nos ha dado a todos dones y habilidades, de tal modo que podemos apreciarnos los unos a los otros por las diferentes fortalezas que tenemos. Cada uno de nosotros también tiene áreas en su naturaleza donde naturalmente somos más débiles, áreas que podemos mejorar. En todo caso, hay muchas cosas que podemos aprender en la vida por medio de nuestras relaciones e interacciones con los demás.

Lección #1: Necesito enfocarme en “la viga que está en mi propio ojo”

Una lección que me asegura tener una fuerte relación con los demás, es que necesito tener mi propia conexión con Dios en la vida y centrarme en mí mismo y en las diferentes situaciones que se me presentan, en lugar de fijarme en lo que en lo que los demás hacen. La mayoría de la gente conocen los versículos en Mateo 7:1-2: “No juzguéis, para que no seáis juzgados. Porque con el juicio con que juzgáis, seréis juzgados, y con la medida con que medís, os será medido.” La pregunta ahora es: ¿Cómo puedo llevar a cabo esto en mi vida cotidiana?

Yo sé que la forma en la que veo las cosas no es necesariamente la misma a la que alguien más interpreta en la misma situación, y aún cuando hay buena comunicación existe la posibilidad de que haya malentendidos o juzguemos equivocadamente. Es por eso que cuando Jesús nos dió ese mandamiento, no fue simplemente porque el juzgar nos conduce a todo tipo de maldad (críticas, sospechas, murmuraciones, etc…), sino que también no estamos en la posición de saber si nuestro juicio es completamente verdadero, no excluye nada y es perfectamente justo.

“¿Y por qué miras la paja que está en el ojo de tu hermano, y no echas de ver la viga que está en tu propio ojo? ¿O cómo dirás a tu hermano: Déjame sacar la paja de tu ojo, y he aquí la viga en el ojo tuyo?  ¡Hipócrita! saca primero la viga de tu propio ojo, y entonces verás bien para sacar la paja del ojo de tu hermano.” Mateo 7:3-5.

Si me enfoco en mí mismo cuando soy tentado a juzgar, me voy a dar cuenta que hay bastantes cosas en mi propia vida con las que tengo que trabajar.

En mis relaciones e interacciones con los demás, Dios quiere mostrarme cosas sobre mí; cosas que aún no son exactamente como deberían de ser en mi vida. (Santiago 1:4; 1 Pedro 5:10; Filipenses 3:12) Por ejemplo: digamos que tengo una tendencia en mi naturaleza de preocuparme por lo que los demás piensan de mí, lo que causa que pase mucho tiempo preocupandome de cosas que me han dicho o hecho. Dios quiere que todos los días tenga perfecto gozo y paz, y es fácil ver que preocuparse no trae ninguna de estas dos. Es por eso que Dios tiene que mostrarme esa tendencia en mis situaciones diarias, de modo que tenga la oportunidad de deshacerme de ella y purificarme – vencerla.

Lección #2: Podemos tener el mismo sentir sin importar lo diferente que somos

Otra cosa que deberíamos saber es que Jesús vino para “abolir las enemistades.” (Efesios 2:14-18) En el Nuevo Testamento está escrito de cómo los griegos y los judíos no se podían ver “cara a cara” debido a que eran totalmente diferentes los unos de los otros – tenían diferentes costumbres, tradiciones culturales y diferentes creencias fundamentales. No podían entenderse ni llevarse bien entre ellos. Pero Jesús vino con la “palabra de la cruz” – la cual es vencer los deseos y exigencias de nuestra carne – y cambió todas estas cosas.

Lee más acerca de la palabra de la cruz aquí: La Palabra de la cruz: el cristianismo puesto en práctica.

En pocas palabras, la meta es que solo reaccionemos con bondad, compasión y amor hacia las personas con las que entramos en contacto. En la práctica, quiere decir que tengo que vencer mis propias tendencias las cuales me impiden reaccionar de la manera de debería. Se puede tratar de mi egoísmo, opiniones imprudentes, ansiedad, impaciencia, cobardía, temor a lo que la gente piensa, etc… Así que, a pesar de que las personas puedan ser completamente diferentes y surjan conflictos naturalmente, el camino donde vencemos sobre nuestros deseos y exigencias puede terminar con toda enemistad y darnos un mismo sentir. Tenemos una meta: vencer todas las tendencias que nos separan de Dios y nos impiden ser de bendición. (Efesios 2:22)

Lección #3: En ocasiones solo necesito mantener la boca cerrada

Por supuesto, no todos creen en la “palabra de la cruz”, y a veces podemos enfrentarnos a situaciones donde la gente (ya sea intencional o involuntariamente) nos lastima o son simplemente groseros. En estas situaciones es importante escuchar cuidadosamente lo que Dios me dice. En ocasiones es necesario dar mi opinión y decir lo que se tiene que decir, o por lo menos explicar mi punto de vista y dar la razón de por qué veo y entiendo las cosas de diferente manera. A veces es necesario luchar por la verdad, pues puede que lo que diga sea necesario para mejorar la comunicación.

También ocurre muchas veces que después de decir o dar mi punto de vista sobre las cosas, sé perfectamente que Dios me está hablando y me dice: “ahora guarda silencio.” Tampoco se trata de enojarme o juzgar con dureza a la persona con la que estoy en desacuerdo.

Cuando estoy interesado en vencer mis propias tendencias a pecar, en lugar de querer que los otros cambien, seré fiel en la prueba y no estaré de acuerdo con los pensamientos de amargura, los pensamientos de juicio injusto, o el impulso de querer murmurar y hacer sentir mal a otros. Esto significa que necesito estar enfocado únicamente en las intenciones que Dios tiene para mi en la situación: Si reacciono conforme a Su Palabra y Su voluntad. Toda mi forma de reaccionar y la manera en la que tomo las cosas viene de mis pensamientos y de si los lleve o no cautivos a la obediencia a Cristo. (2 Corintios 10:5)

Gran parte de nuestra santificación es por medio de nuestras relaciones, interacciones y comunicación con los demás. Si bien todo esto es ciertamente un proceso de aprendizaje, cuando que mi deseo de ser un seguidor de Cristo prosigo para asir la meta. (Filipenses 3:12)

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Los siguientes artículos abarcan con más profundidad los conceptos presentados en este artículo:

¿Cómo llevo cautivo todo pensamiento?

¿Qué es la santificación y cómo puedo ser santificado?

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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