El evangelio de Dios

Pablo explica el evangelio de Dios en dos partes: (1) Quién es Jesús según la carne y (2) quién es según el Espíritu.

Escrito por Sigurd Bratlie
El evangelio de Dios

El evangelio de Dios

“Pablo, siervo de Jesucristo, llamado a ser apóstol, apartado para el evangelio de Dios, que él había prometido antes por sus profetas en las santas Escrituras, acerca de su hijo, nuestro señor Jesucristo, que era del linaje de David según la carne, que fue declarado Hijo de Dios con poder, según el Espíritu de santidad, por la resurrección de entre los muertos.” Romanos 1: 1-4. 

Los profetas del antiguo Testamento profetizaron acerca de Jesús en Isaías 7: 14-15 y en Isaías 9 e Isaías 53. También leemos acerca de Él en Miqueas 5, y en muchos otros versículos. En el nuevo Testamento podemos encontrar profecías acerca de Él en Lucas 24: 25-27, Hechos 18:28, 1 Pedro 1: 10-13 y otros lugares. 

En los versículos anteriores, Pablo explica brevemente en dos partes el evangelio de Dios acerca de Jesús: (1) Quién es según la carne y (2) Quién es según el Espíritu. Si llegamos a ignorar o cambiar cualquiera de estas partes, entonces no tenemos el evangelio de Dios. 

¿Qué significa que es de la descendencia de David según la carne? Simplemente significa lo que dice. Sabemos de David y su simiente, Pablo era del mismo linaje. (Hebreos 2:16.) Pablo dice acerca de sí mismo: “Y yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien” Romanos 7:18. Y la carne de Jesús era de esta manera. 

Según el Espíritu de santidad, fue designado Hijo de Dios en el poder de la resurrección de su muerte. Este hecho no puede ser cambiado tampoco, pero surge una pregunta: ¿Cuándo Jesús vino a la tierra en cuerpo que provenía del linaje de David, vino con toda la plenitud de Dios en su Espíritu? La respuesta es “No”, porque está escrito, El cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como a cosa a que aferrarse, sino se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres; y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Filipenses 2: 6-8. Muy a menudo se dice que “Él era el Dios verdadero y hombre verdadero.” Pero esto no es verdad, ya que sería lo mismo que decir que en Él estaba toda la plenitud de Dios cuando vino a la tierra en el cuerpo que era del linaje de David y esta declaración no concuerda con la luz de lo que está escrito en Hebreos 12:2 “…puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe.” 

Lectura adicional: ¿Por qué Jesús tuvo que morir en la cruz?

¿Qué se llevó a cabo en Jesús durante los días de Su carne?

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y suplicas con gran clamor y lágrimas la que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente. Y aunque era Hijo, por lo que padeció aprendió la obediencia; y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen; y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec.” Hebreos 5: 7-10. 

Leemos que sus oraciones fueron escuchadas. Por lo tanto, no pudo haber sido su muerte en la cruz del Calvario por lo que oró para ser salvado, pues Él sabía que tenía que sufrir esa muerte para reconciliar todas las cosas con Dios. (Colosenses 1: 19-22; 2 Corintios 5:19.) Porque si vivís conforme a la carne, moriréis…” Romanos 8:13. Fue a causa de esta muerte que ofreció oraciones y súplicas, con ruegos y lágrimas, a aquel que pudo salvarlo de la muerte. Sus oraciones fueron escuchadas; y la muerte no pudo retenerlo. Aquí nuevamente tenemos ambas partes del evangelio. 

En Hebreos 2: 14-15, leemos: “Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de los mismo, para destruir por medio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre.” 

En Génesis leemos como la serpiente, por una mentira, engañó a Eva para que pensara que podía llegar a ser como Dios, dándole conocimiento del bien y el mal. La serpiente tentó a Eva con una gloria que le dijo que ella podría obtener por desobediencia; pero el resultado fue la muerte. Sin embargo, Jesús vino primero con la muerte, y a través de la muerte destruyó al que tenía el poder la misma. Él vino con la muerte hacia las concupiscencias los deseos de la carne, que son la causa de toda la corrupción en el mundo y que terminan en muerte. (2 Pedro 1: 4) Pero por la muerte con la que Jesús vino, llegamos a través de la obediencia, a esa gloria con la que la serpiente tentó a Eva. 

Casi todo el mundo cree la misma mentira que Eva creyó, y por ello terminan en corrupción. Jesús, por otro lado, al llevar a la muerte primero todas las concupiscencias y deseos, destruyó al que tenía el poder de la muerte. Todos los que creen también pueden destruir el poder de aquel que tenía el imperio de la muerte. Esto fue comprobado por la resurrección de Jesús de entre los muertos al tercer día. Pablo había llegado a la fe en esto, y por el conocimiento de Jesús podía decir: “Porque para mí el vivir es Cristo, y el morir es ganancia.” Filipenses 1: 21-23. 

“Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne.” Romanos 8:3. Esta fue la primera parte del evangelio que hizo posible la segunda parte. 

Romanos 8:3 Es el fundamento del evangelio que se nos muestra en el versículo 4: “Para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” 

Este artículo fue traducido del Noruego y es una versión resumida de los 2 primeros capítulos del libro “El Evangelio de Dios”, el cual fue publicado por primera vez por Skjulte Skatters Forlag en 1988. 
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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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El evangelio de Dios

Escrito por Sigurd Bratlie

La gracia significa que todo mi pecado es perdonado cuando lo confieso. Pero también significa que recibimos poder para obedecer la verdad con la cual vino Jesús. En este libro escribe Sigurd Bratlie acerca de esto, y nos muestra que el verdadero evangelio de Dios es la obediencia a la fe.