Echando la culpa

Todos sabemos que esto nunca ayuda a la situación, sin embargo, esta reacción instintiva yace en nuestra naturaleza desde el principio…


Echando la culpa

Hechar la culpa a otros ha sido problema desde el comienzo de la humanidad, y recientemente fui recordada de ello cuando leí un artículo en un periódico.

En Inglaterra el 2017 hubo una crisis de gripe durante el invierno, miles de operaciones fueron canceladas, porque hubo un aumento masivo de enfermos debido al virus y a la falta de camas en el hospital. Uno podría haber asumido que los “líderes liderarían” y hallarían una forma de resolver el problema. Sin embargo, el gobierno sostuvo que habían “otorgado al Servicio Nacional de Salud más dinero de lo que había recibido en su historia” para comprar más camas y contratar personal (así que, no era su culpa). Luego, se informó que el presidente del Colegio Real de Medicina de Emergencia culpaba al gobierno por “no priorizar la necesidad de aumentar los fondos” para el SNS (Servicio Nacional de Salud), (por lo que tampoco era su culpa).

Cuando Dios confrontó a Adán, por comer del fruto prohibido, Adán culpó tanto a Eva como a Dios. “La mujer que me diste por compañera medio del árbol…” (No fue su culpa). Cuando Dios recurrió a Eva, ella culpó a Satanás: “La serpiente me engañó…” (Así que tampoco fue su culpa). (Génesis 3: 11-13)

Echarles la culpa a los demás y no tomar responsabilidad,  resulta en dos cosas:

1. Nuestros problemas no se resuelven
2. Nos volvemos débiles e ineficaces.

Esto es verdad, tanto en el mundo natural como en nuestra vida espiritual.

Sé esto, pero aún así, me comporté exactamente de la misma manera que Adán hace unas semanas.

Un incidente similar

Durante una pequeña reunión de personal, una profesora de repente notó que yo había cometido un error en la rotación, y le había agendado para enseñar dos clases diferentes en el mismo día. Este fue un enorme problema ya que nuestros estudiantes de medio tiempo, viajan muchas millas a nuestros seminarios y hacen planes extensos para cubrir sus ausencias mientras están fuera de casa. No teníamos personal adicional para cubrir la clase extra, y cancelar una clase no era una opción. Dos pares de ojos se volvieron hacia mí y me mirarón mientras mi cara ardía. Y yo dije,

Pero me dijiste que estaría bien…”

Pasamos más de una hora tratando de resolver cómo podíamos arreglar el problema y fallamos. Volví a casa preocupada por la situación, y estaba enojada conmigo misma por mi reacción instintiva de culpar a los demás, por algo de lo que estaba cada vez más consciente de que era mi responsabilidad. Debí haber verificado dos veces la fecha, y no lo hice.

No pude dormir esa noche, porque mi cerebro aún estaba tratando de encontrar una solución a una situación imposible, así que tuve que orar. Reconocí mi culpa ante Dios y admití que había intentado echar la culpa y pedí ayuda para encontrar una resolución. Luego hice lo que debería haber hecho en la reunión de personal, me disculpé con mi colega:

“Perdón por el desastre que mis acciones han causado.”

Tan pronto como envié el texto, me fui a descansar y pude dormir. Cuando desperté en la mañana, una solución para toda la situación descendió del cielo a mi mente. Fue una solución completa y perfecta, y mejoró nuestro plan original. No necesitamos cancelar una clase. Mi colega no estaba enseñando en dos clases diferentes a la vez. Ningún estudiante tuvo que cambiar sus planes. No tuvimos que encontrar un tutor adicional para cubrir la clase extra.

Cuando le dije a mi colega, ella dijo: “¿Cómo es que ayer no pensamos en esto?”

La solución no había aparecido el día anterior porque tenía que aceptar la culpa y disculparme. Tenía que humillarme ante Dios y admitir que estaba equivocada y dejar de tratar de proteger mi reputación.

La verdad te hará libre

No necesitamos tener miedo en hacer lo correcto. Cuando nos metemos en un lío, no debemos profundizar tanto para evitar las consecuencias. Si aceptamos la culpa de los problemas que son nuestra responsabilidad, ganamos fortaleza de carácter y nos limpiamos de la raíz del pecado que aún está en nosotros, incluso como discípulos. Dios no puede usar personas que se esconden de la verdad acerca de ellos mismos.

“Si vosotros permaneciereis en mi palabra, seréis verdaderamente mis discípulos; y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres.” Juan 8: 31-32.

El resultado de esta continua purificación, es que permanecemos cerca de Dios, y aprendemos a escuchar y obedecer al Espíritu en cada detalle de nuestra vida diaria. Nos volvemos implacables en contra de nuestros propios pensamientos y sentimientos que van en contra de la voluntad de Dios, y llegamos a ser personas a las que Satanás teme porque sabe que no pondremos en peligro la verdad; y que no tenemos nada que proteger de nosotros mismos.

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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