Descubriendo y aumentando los talentos únicos que Dios me ha dado

Ser “talentoso” puede ser algo muy diferente de lo que tú piensas. Por ejemplo: ¡Tener muchas pruebas!

Descubriendo y aumentando los talentos únicos que Dios me ha dado

La parábola de los talentos: Las pruebas también son talentos

En la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30), Jesús habla de un hombre que le dio a cada uno de sus siervos un número diferente de talentos (una suma de dinero) para cuidar. La intención era que pudieran obtener una ganancia para el maestro con lo que se les había confiado.

Los talentos en la parábola, se dice son nuestras habilidades y puntos fuertes, como cuando decimos que alguien es talentoso en algo. Pero los talentos también representan las circunstancias que Dios me ha dado en la vida; oportunidades donde puedo llevar a cabo la voluntad de Dios.

Ahora debo verme a mí mismo y examinar mi vida a través de los ojos de Dios: ¿Para qué me habrá dado este cuerpo? O ¿Esta personalidad?, ¿Estas habilidades? ¿Esta familia? ¿Estas circunstancias? ¿Puedo ver con claridad que son talentos que se me han confiado? Las pruebas y las dificultades, o la prosperidad y los buenos tiempos, son todas oportunidades que Dios me ha confiado personalmente, de hecho ante los ojos de Dios, muchos desafíos significa que se me han dado muchos talentos; ¡Muchas pruebas significan que soy muy talentoso! pues soy el único que puede llevar a cabo estas tareas, ya que todas mis circunstancias son completamente únicas acorde al propósito de Dios.

Dios confía en mí para usar estas posibilidades y al mismo tiempo desarrollarme y crecer obteniendo contenido eterno. Él me ha dado las herramientas para poder hacerlo. Dios me da Su palabra para enseñarme lo que debo de hacer si estoy dispuesto, y el espíritu Santo me da la fuerza para llevarlo a cabo. Jesús se ha adelantado como un precursor para mostrarme el camino. En cada situación, con cada talento que se me ha dado, el nombre de Dios puede ser glorificado (como lo hizo Jesús en Juan 12:27-28), la voluntad de Dios se puede llevar a cabo (como lo hizo Jesús en Lucas 22:42) y puedo ganar un “eterno peso de gloria” (2 Corintios 4:17-18).

Dando cuenta de los talentos que se me han dado

En la parábola, los siervos tuvieron que dar cuenta de los talentos que se les confiaron. Dos de ellos sabiamente los habían manejado, por lo cual obtuvieron un beneficio. Esto puede compararse con el usar mis circunstancias para poder obtener riquezas eternas. La inversión de Dios en mí es que me ha dado un cuerpo y circunstancias en las que yo puedo hacer Su voluntad. La ganancia que Él espera a cambio, es que el pecado sea erradicado pieza por pieza en mi vida, y que pueda ser reemplazado con una nueva creación: el fruto del Espíritu (Gálatas 5:22), la vida eterna (Juan 12:25; Romanos 2:6-7) y sobre todo, que a través de todas estas cosas, Dios sea glorificado por mi cuerpo y mis situaciones.

El señor elogió a los primeros dos siervos, diciendo: “Bien, buen siervo fiel; sobre poco has sido fiel; sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.”

Sin embargo, el tercer siervo, que había recibido un solo talento, lo había escondido en la tierra y no tenía nada que mostrar por lo que se le había dado a su cuidado. El señor estaba muy disgustado con él, llamándolo malo y negligente, diciendo: “… quitadle, pues el talento, y dadlo al que  tiene diez talentos; porque a al que tiene, le será dado, y tendrá más; y al que no tiene, aun lo que tiene le será quitado; y al siervo inútil echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el  crujir de dientes.”

Esto puede parecer duro e injusto. Después de todo, se le había dado el menor talento de los tres siervos, y solo devolvió justo lo que recibió, ¿no fue así? El punto fue que, no había usado el talento que se le había dado; fue perezoso y no estuvo dispuesto a hacer ningún trabajo. No solo no había obtenido ganancia de ello, pero probablemente el talento fue dañado y se pudrió por haber sido enterrado en la tierra. Es por eso que el juicio del señor fue totalmente justo.

Usando o enterrando los talentos que se me han dado

Los talentos pueden variar. Digamos que yo soy muy bueno en algo: ¿utilizo esa habilidad para bendecir a otros, para hacer el bien, para ayudar y guiar en el camino del bien? ¿O los entierro usándolos para mí mismo y para mi propio beneficio? Digamos también que estoy pasando por pruebas de enfermedad, dificultades en las finanzas o que nos soy comprendido y que se me juzga por ello: ¿Utilizo mis habilidades para vencer sobre las quejas, dudas, el desánimo, etc… que por lo general surgen del pecado en mi carne? o ¿Reconozco la oportunidad como un talento único, que puedo usar para obtener el fruto del Espíritu como: el agradecimiento, la fe, el gozo, etc? ¿O lo “entierro” al ceder al pecado y no ganar nada de valor eterno en la prueba?

Lecciones de vida de la parábola de los talentos

Si no he ganado nada de las situaciones que Dios me ha dado, sin importar cuáles sean esas circunstancias, estoy en la misma posición que el siervo perezoso. De hecho,  el no hacer nada es lo mismo que permitir que mi tendencia natural a pecar crezca cada vez más, y que el final sea peor que el comienzo.

Pero ahora puedo hacer algo con las oportunidades y la gracia que Dios me ha dado. El resultado de mis circunstancias, sea grande o pequeño, largo o corto, pesado o ligero, debería ser que siempre algo de valor eterno sea creado en mí: donde había impaciencia, ahora hay paciencia; donde había ingratitud, ahora hay agradecimiento; donde tuve problemas para soportar a los demás, ahora hay amor; donde era débil, ahora me he vuelto fuerte.

De esta manera escucharé esas palabras maravillosas de la boca de mi Señor, a quien he servido toda mi vida: “Bien, buen siervo fiel; sobre poco has sido fiel, sobre mucho te pondré; entra en el gozo de tu señor.” Mateo 25:21.

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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