Creo en que Dios me llamó por mi nombre

Tuve que pelear una batalla para superar mi complejo de inferioridad y para tener fe en el permanente amor de Dios para conmigo.

Creo en que Dios me llamó por mi nombre

“Nadie me quiere, todos me odian, mejor me como un gusanito”

Todos cantamos esta pequeña cancioncilla cuando éramos niños. creíamos que era una canción muy graciosa.

Cuando llegué a la adolescencia, me di cuenta que era realmente fácil pensar de esta manera. ¡No que me comería un gusanito! Pero cuando las cosas no iban como pensaba o planeaba, o no me invitaban a algún lugar, creía que a nadie le caía bien y que todo estaba en mi contra.

Un oculto complejo de inferioridad

Como adulto, noté que también era fácil pensar que Dios estaba en contra de mí cuando las cosas parecían ir “mal” en la vida. Esta duda del amor de Dios me ha plagado la mayor parte de mi vida. He usado diferentes versículos que me han ayudado en la lucha para obtener victoria en situaciones específicas, pero este complejo de inferioridad siempre estaba oculto muy en el fondo. Lo furtivo es que Satanás viene como un ángel de luz. (2 Corintios 11:14) Hace que parezca “humilde” pensar que no le agrado a nadie o que no soy lo suficientemente buena, o que no estoy invitada a cosas diferentes porque no merezco nada mejor.

Hace algunos años, durante un corto período de tiempo, experimenté varias perdidas, tanto con seres queridos como la pérdida del uso de mi brazo derecho, lo cual me trajo un constante dolor físico. Tuve el control y la terquedad para mostrar una cara positiva a los demás, pero por dentro estaba destrozada. Después de un tiempo pude ver que había dejado de creer que Dios me amaba y se preocupaba por mí en todo. ¿Cómo podría alguien que me ama dejar que estas cosas sucedan? ¿Estaba ahí Dios? ¿Qué mal cometí como para merecer este tipo de tratamiento? Sentí como si lentamente un remolino me succionara a una oscuridad llena de muerte y desesperación, de la cual no sabía cómo salir. Incluso, estaba perdiendo la voluntad de vivir; era demasiado difícil y demasiado doloroso, me sentía completamente sola.

Versículos escritos específicamente para mí

En medio de toda esta oscuridad, un amigo se tomó el tiempo para preguntar cómo estaba realmente. Él me animó, oró por mí y me dio unos versículos en Isaías 43: 1-5. Me hizo prometer leer esto  todos los días y poner mi nombre allí. Yo lo prometí. Y esto es lo que leo:

“Ahora, así dice Jehová, Creador tuyo, oh (Charis), y Formador tuyo, oh (Charis): No temas, porque yo te redimí; te puse nombre, mío eres tú (Charis). Cuando pases por las aguas, yo estaré contigo; y si por los ríos, no te anegarán. Cuando pases por el fuego, no te quemarás, ni la llama arderá en ti.  Porque yo Jehová, Dios tuyo, el Santo de Israel, soy tu Salvador; a Egipto he dado por tu rescate, a Etiopía y a Seba por ti. Porque a mis ojos fuiste de gran estima, fuiste honorable, y yo te amé; daré, pues, hombres por ti, y naciones por tu vida. No temas, porque yo estoy contigo; del oriente traeré tu generación, y del occidente te recogeré.”

Leí estos versículos todos los días. Al principio, mientras los leía, me preguntaba para quién habían sido escritos, porque seguramente no eran para mí. Pero obedientemente seguí leyéndolos. Lentamente, por la gracia de Dios, la fe comenzó a crecer y me di cuenta de que estaban escritos específicamente para mí. Dios me amó, me eligió a mí; ¡Realmente lo hizo! Sí, habría momentos en los que atravesaría por agua y fuego, pero Él estaría allí conmigo, fortaleciéndome.

¡Libertad!

Algo vino a mí: era mi oportunidad de llegar a la raíz de este gigante de  incredulidad e inferioridad que me había plagado toda la vida, y era hora de realmente dar un golpe mortal. Toda esta situación era la misericordia de Dios, para poder liberarme de la esclavitud y la infelicidad que conlleva vivir con la duda. Me había estado sintiendo como Job, que todo estaba en mi contra, pero luego pensé en el versículo sobre Job en Santiago 5:11: “Tenemos por bienaventurados los que sufren. Habéis oído de la paciencia de Job, y habéis visto el fin del Señor, que el Señor es muy misericordioso y compasivo.”

Esta fue una revelación para mí: ¿veo el fin pretendido por el Señor? ¿Veo que estas situaciones que me pusieron fin a mí misma y a mi propia fuerza, fueron en realidad la respuesta a mis oraciones de querer ser liberada de la duda y servir a Dios con todo mi corazón? Estas situaciones en las que habría hecho cualquier cosa para salir, se convirtieron en lo que salvó mi vida. Este fue el fin pretendido por el Señor. Todas estas cosas fueron enviadas por Dios porque Él me amó y quería que yo fuera feliz y libre.

Pero Dios no haría que esto sucediera mágicamente; Tuve que enfrentar la verdad y superar todas esas cosas de las que estaba atada desde mi infancia. Tuve que luchar: luchar contra la duda y la incredulidad y luchar para creer en Romanos 8:28. “Y sabemos que todas las cosas ayudan a bien a los que aman a Dios, a los que son llamados según su propósito.” La Palabra de Dios se convirtió en mi arma y fue lo único eficaz contra el gigante de la duda. Mi propio razonamiento y pensamientos fueron inútiles.

Ahora tengo paz en mi interior, porque finalmente estoy plenamente convencida de que Dios me ama; que soy valiosa para Él y que controla y organiza cada pequeño detalle de mi vida. No tengo miedo del futuro, porque sé que Dios tiene el control y que Él estará conmigo para pasar lo que me depara la vida. Sé que aún no he terminado por completo mi complejo de inferioridad, pero ha perdido su poder y control sobre mí, por lo que es solo cuestión de tiempo. Estoy tan agradecida por la Palabra de Dios y el poder que tiene sobre la oscuridad, y agradecida por el cuidado y las oraciones de los hombres y mujeres de Dios.

Lee más acerca de el amor de Dios para contigo: Mírate a ti mismo a través de los ojos de Dios.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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