Coquetear: ¿Estoy haciendo algo impuro?

¿Cualés son mis intenciones realmente?

Coquetear: ¿Estoy haciendo algo impuro?

Una sutil mirada, un comentario, una sonrisa o un pequeño chiste. ¿Cuáles son tus intenciones detrás de estas acciones?

¿Un objetivo inalcanzable?

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios.” Mateo 5:8.

Muchas de las promesas de Dios son para aquellos que guardan un corazón puro, pero hay muchas maneras en las que se puede manchar tu corazón, una de las principales es indudablemente cuando se trata del sexo opuesto.

Hoy en día vivimos en un tiempo donde la gente es controlada por sus deseos casi sin ningún límite. Por ello cada día es aún más importante recordar lo que Jesús dijo sobre esto para mantenernos puros. “Pero yo os digo que cualquiera que mira a una mujer para codiciarla, ya adulteró con ella en su corazón.” Mateo 5:28. ¿Es posible mantenerse puro? Se escucha algo complicado, pero no lo es. Jesús también fue joven, y vivió soltero toda su vida guardando las palabras que Él mismo dijo.

La manera más común de satisfacer nuestros deseos en esta área es coqueteando. Coquetear significa comportarse o hacer algo de cierta manera para ganar la atención de una persona del sexo opuesto. Es también interactuar de una manera impura con alguien que no es tu esposa, o alguien que, según la voluntad de Dios, no será tu cónyuge. En otras palabras, coquetear es una forma de adulterio, no importa qué tan sutil o inocente sea.

Cuando miramos a nuestro alrededor, podemos ver muchos ejemplos de matrimonios destrozados por la infidelidad de ambos cónyuges. ¿Cómo pasó? ¿Ocurrió de la “noche a la mañana” o “por accidente”? No, sin duda comenzó con pensamientos impuros y un poquito de coqueteo.

Un deseo que nunca puede satisfacerse

Puedes empezar preguntándote a ti mismo: “¿Por qué me visto así? ¿Por qué me siento de esta manera? ¿Por qué hablo y digo muchas cosas o me rió fuertemente cuando esta alguien cerca de mí?“ Hay muchas maneras de coquetear, y la mayoría son muy sutiles, como: una mirada, una sonrisa, una risa, un comentario “agradable”, molestar ligeramente al alguien, sentarse al lado de una persona, o acercarse nada más un poquito. Muchos asocian el vestirse provocativamente como una manera de coqueteo, y sí, pero también puedes vestirte apropiadamente y tener esa intención de atraerle a alguien del sexo opuesto. ¿Hay entonces algún conjunto de reglas que dicen qué y qué no es coquetear? No. Todo depende de tu corazón y de tus pensamientos, solamente tú sabes que intenciones tienes.

Todos saben que persona les atrae. Aunque puede que en ocasiones no sientas que un chico o chica te atrae mucho; hay otros tiempos donde harías lo que fuera por que esa persona te notara.

Quizá el coquetear te de temporalmente buenos sentimientos y una pequeña satisfacción, pero esta no dura mucho. No pasa mucho tiempo hasta que estás buscando la oportunidad de llamar la atención de dicha persona otra vez. Este deseo nunca está completamente satisfecho y te hace sentir vacío y superficial. Dios definitivamente no quiere que vivamos de esta manera, tratando de satisfacer estos deseos. ¡Dios quiere que tomemos una lucha para obtener pureza en nuestras vidas!

Tentado constantemente

Muy temprano en mi juventud, Dios puso en mi corazón un anhelo de tomar una batalla por la pureza. Sin embargo, especialmente como adolescente en mis primeros años de los 20, experimenté diferentes momentos en los que sentía lo mismo que David escribe cuando describe a sus enemigos en el Salmo 118:12: Me rodearon como abejas.” Tal como cuando sale un enjambre abejas y te rodean después de haber entrado en su colmena, así vienen los pensamientos, uno tras otro, quizá cientos en un solo día. “¿Crees que me haya visto?”  “¿Crees que piense que soy atractiva o divertida?” “¿Le gusto?” “¿No sería agradable estar junto con alguien como él? De hecho, parecía que estaba siendo tentada constantemente. La necesidad de coquetear era muy fuerte, especialmente con los chicos que pensaba que físicamente eran muy atractivos o que tenían una personalidad muy parecida a la mía.

Pero, así como en la guerra, la victoria no se consigue cuando tus enemigos son silenciados. Sabía perfectamente que no había otra salida más que abrirme paso y luchar. ¿Que si a veces fui tentada a desanimarme? ¿que si sentí que mi carne era peor que la de los otros? ¿que si alguna vez quise rendirme y mejor elegir estar de acuerdo con mis pensamientos? Sí, estos pensamientos tenía. Pero sabía que si no tomaba una lucha ahora mismo pasarían los años y sería la misma persona plagada de los mismos pensamientos impuros hasta la vejez.

Venciendo al gigante y volviéndome invencible

Algo que fue de vital importancia para mí, es saber distinguir entre tentación y pecado. No tiene nada de malo ser tentado; tampoco tiene nada de malo si el mismo pensamiento viene una infinidad de veces el mismo día. Pero lo que se necesita es que yo no esté de acuerdo con la tentación. ¡Eso es victoria! Satanás nos quiere hacer creer que esos pensamientos impuros (que vienen como tentación) son pecado, pero no lo son, está mintiendo, solamente cometes pecado cuando estás de acuerdo con la tentación – el pensamiento. (Santiago 1:14-15) Si actuaste de alguna manera que sabes que fue impura, ¡no te rindas! ¡Mejor prosigue con más celo y determinación!

Si la mayoría de los jóvenes aquí en la tierra son esclavos sus deseos, ¿significa que necesito un poder especial ¡Sí! Para destruir a este gigante, que ni aún los reyes y hombres más poderosos de la tierra pudieron vencer, se necesita de un poder que viene de Dios. Este poder proviene de las armas que tenemos. Estas son: orar en el tiempo de tentación, ser determinado y estar decidido que no voy a dejar de luchar hasta recibir paz, pasar tiempo con los que tienen la misma meta, usar bien mi tiempo. Pregúntate a ti mismo: ¿Qué leo? ¿Qué escucho? ¿Qué veo? ¿Cómo utilizo mi celular o computadora? Si Jesús estuviera sentado a mi lado, ¿Usaría estas cosas de la misma manera? No sirve de nada querer ser puro si en el día me lleno de fuentes que son impuras.

Se fiel en lo más poco. Cada pequeña decisión cuenta, y te hará más y más invencible.

Pureza: un regalo que te das a ti mismo

El mantenerse puro no es un conjunto de reglas que son pesadas. Pureza es un regalo que te das a ti mismo; te da paz. En lugar de estar queriendo llamar la atención por satisfacer un deseo que nunca está satisfecho y de participar en una competencia que millones de personas nunca pueden ganar, tú puedes ser diferente (especial). De hoy en adelante puedes tomar una lucha para mantenerte puro. Piensa en ser un tesoro para Dios, hermoso en el interior, atesorado por Aquel que tiene un plan perfecto para ti. Así lo he experimentado, y no hay nada que cambiaría en este mundo por esa paz, pureza y reposo que he recibido.

Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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