¿Cómo puedo orar sin cesar?

¿No necesitamos dedicarnos a nuestras vidas, trabajar y pasar tiempo con familiares y amigos? ¿A qué se refiere Pablo cuando dice “orad sin cesar”?

¿Cómo puedo orar sin cesar?

En 1 Tesalonicenses 5:17 Pablo alienta a los Tesalonicenses a “orad sin cesar.” También menciona en varios lugares de sus cartas que ha estado orando incesantemente por las diferentes personas que conoció a lo largo en sus viajes.

¿A qué se refería Pablo con esta exhortación? ¿Cómo podemos orar continuamente por alguien día y noche? ¿No tenemos que dedicarnos a nuestras vidas diarias, a trabajar, a comer y a pasar tiempo con familiares y amigos? ¿Acaso Pablo  pensaba que pasariamos todo el tiempo arrodillados en oración, incluso en la noche cuando necesitamos dormir?

En Mateo 6:6, Jesús le dijo a la gente cómo orar:Mas tú, cuando ores, entra en tu aposento, y cerrada la puerta, ora a tu Padre que está en secreto; y tu Padre que ve en lo secreto te recompensará en público.”

¿Puedes orar sin cesar durante todos los días de tu vida?

Mi lugar de oración también puede estar en el aposento de mi corazón y en mis pensamientos. La pregunta es dónde están mis pensamientos mientras hago las diferentes cosas durante el día. En Efesios 4:17, Pablo escribe acerca de aquellos que andan “en la vanidad de su mente.” Eso significa que no tienen control sobre sus pensamientos. Simplemente están dispersos y ocupados en las cosas de la tierra las cuales no tienen ningún valor eterno. Este es el estado natural del hombre: centrarse en lo terrenal – en las cosas visibles.

Pero ¿Y si elijo invertir mis pensamientos en orar por los demás, en orar por mí mismo y pensar en cómo puedo usar mi tiempo para bendecir en lugar de gastarlo todo en mí mismo? Se requiere entrenamiento y un esfuerzo consciente para trabajar con mis pensamientos de modo que los pueda poner en las cosas celestiales, y esto puedo hacerlo incluso en el día a día cuando tengo tiempo para pensar, en los momentos antes de empezar una tarea.

En Romanos 8:26 Pablo escribe: Y de igual manera el Espíritu nos ayuda en nuestra debilidad; pues qué hemos de pedir como conviene, no lo sabemos, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos indecibles.” Cuando tengo el Espíritu Santo viviendo en mí, también tengo una necesidad constante de ser transformado de la forma en que nací. Por ejemplo, quizás veo en mi trato con las personas que soy naturalmente estricto con ellos, pero mi deseo es que cuando hable, en lugar de palabras duras, la bondad y el amor puedan manifestarse. Así que a medida que avanzo en mi día y veo cómo soy con las personas, siento dentro de mí un constante estribillo que dice: “Por favor libérame de mi naturaleza pecaminosa, ayúdame a vencer para que pueda ser una bendición para los demás.” Entonces también puedo tener ese gemido interior junto con el Espíritu Santo, el cual también ora por mí. Incluso cuando estoy durmiendo, el Espíritu continúa intercediendo por mí, porque conoce el anhelo de mi corazón.

Está escrito que Jesús ofreció ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas a Aquel que lo podía librar de la muerte y que fue oído a causa de su temor reverente. (Hebreos 5: 7) Cuando tengo este temor de Dios entiendo el valor y la seriedad de la vida, y siento que Dios está cerca y que Él escucha mis oraciones y responderá a esa necesidad en mi corazón.

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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