Amor de Dios o amor propio: ¿Cuál tienes tú?

¿Cuáles son los resultados y el motivo de nuestro amor? ¿egoísmo asfixiante o el amor que da vida sin interés alguno?

Amor de Dios o amor propio: ¿Cuál tienes tú?

Amor propio

El amor propio se concentra en el “Yo”,”Mío” y para “Mí.” Una persona cuyo amor se centra en sí mismo es como una araña en medio de su propia red, sosteniendo todos los hilos en su mano. Todo gira a su alrededor. “Yo” soy el rey, “yo” soy dios, “Yo” debo ser amado, honrado y adorado; de lo contrario, “mi” ira se enciende. “Yo” no daré nada sin recibir algo a cambio. “Yo” primero debo estar seguro de que “Yo” seré totalmente recompensado. “Yo” necesito todo y tengo derecho a recibir todo.

Toda la energía del amor propio se dirige hacia el “Yo.” Nada fluye fuera de ello ni hacia los otros.

El amor de Dios

El amor de Dios hace que el sol brille sobre  justos e injustos. Él envía la lluvia sobre buenos y malos. Toda su bondad fluye, nada es demasiado bueno para ser dado. Así como el sol brilla desinteresadamente y proporciona todo lo que necesitamos para la comida y vestimenta, así el amor de Dios irradia e imparte todas las cosas que pertenecen a la vida y la piedad.

El amor propio es destructivo

El amor propio nutre a una persona: “Yo.” Sin embargo, como este “Yo” siempre quiere ser el punto de enfoque del amor propio, la persona misma es dominada por el su propio amor. Debido a que el amor propio siempre ignora y hace que se olvide de las cosas y las personas que lo rodean, una persona que está llena de este “Yo”, se convierte en presa del poder sofocante de un amor egoísta, que es Satanás mismo. El amor propio atrapa a su víctima y la destruye de una manera terrible.

El amor de Dios crea y da vida

El Espíritu Santo ha derramado el amor de Dios en nuestros corazones. Este amor se comparte con nosotros, de forma que nos convertimos en maestros que siempre están en busca de otros con quienes se pueda expresar la bondad. El amor de Dios nos da al mundo entero en el cual podemos trabajar, un área enorme, pero el amor propio solo puede encontrar a una sola persona, al “Yo”, e incluso abusa y se destruye a sí mismo.

El amor de Dios anhela compartir y dar; crea la vida y la alegría donde quiera que esta. Este amor es buscado y amado, pero el amor propio es odiado en todas partes.

Cristo ascendió a lo alto y dio dones a los hombres. Si queremos tener dones para compartir, debemos ascender lo suficientemente alto sobre el polvo de la tierra para que podamos ver la necesidad que consume a los hijos de los hombres. Cuando estos dones se dan de forma libre y desinteresada, la gente se sorprende de gran manera. Incluso aquellos que son más egoístas obtienen un resplandor de amor, muy lejos, muy por encima de ellos. La naturaleza de este amor es muy diferente del amor terrenal al que están acostumbrados. Es por ello que está escrito que la bondad de Dios nos lleva al arrepentimiento. Nos convertimos en el objeto de un amor que viene desde afuera de nosotros, uno que llega a ser superior a su amor propio.

Este amor tiene un efecto que viene a refrescar: las personas lo admiran y se vuelven hacia él, queriendo poseerlo, al igual que las hojas de una planta en el hogar, puesta en la ventana, sus hojas giran hacia el sol. Esta es la verdadera conversión. Si nosotros, como esta planta, continuamos recibiendo la luz del Sol de Justicia, pronto comenzaremos a florecer y expedir una fragancia agradable. Ya tenemos algo que dar. El amor de Dios ha implantado algo de su propia naturaleza en nosotros. Evitamos el amor propio y encontramos placer al permanecer en la luz y al compartir aquellas cosas que la luz ha hecho crecer en nosotros.

Compartiendo tesoros celestiales

Un hombre rico en este mundo puede, si es bueno, hacer mucho el bien y traer alegría a muchas personas. De la misma manera, una persona que ha reunido riquezas de Dios puede usar esas riquezas para alegrar a muchos. Si él es muy rico, puede entretener a sus amigos sin temor a quedarse sin recursos. Si las riquezas terrenales nos pueden hacer felices en este mundo, ¿cuánto más valiosos son los tesoros celestiales que pueden hacernos eternamente felices?

Encontrarás el amor de Dios cuando dejes que te cautive. Lo hemos recibido gratuitamente, y libremente podemos compartir sus frutos.

Este artículo fue traducido del noruego y publicado por primera vez con el título “¿Qué es el amor?” en el periódico de BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros Escondidos”) en septiembre de 1917. 
© Copyright Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag

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Escritura tomada de la Versión Reina-Valera 1960 © Sociedades Bíblicas en América Latina, 1960. Renovado © Sociedades Bíblicas Unidas, 1988.

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