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Ver, oír Y escuchar

¿Sientes que te hace falta algo en tu vida cristiana? Esto experimentó Kristen de Oklahoma USA, antes de escuchar un evangelio que transformara su vida.

¿Sientes que te hace falta algo en tu vida cristiana? ¿Notas que tu necesidad no ha sido suplida por el anuncio en las asambleas cristianas? Conoce a Kristen, una joven de 23 años proveniente de Tulsa en Oklahoma, USA. Ella experimentó lo mismo, antes de escuchar un evangelio que transformara su vida.

En una visita por la tarde a Kristen, nos cuenta su historia. Parece una chica típica americana, sociable, amable y amigable con un buen sentido del humor, sin embargo cuando comienza a contar más acerca de su vida, queda en evidencia que ella esta lejos de ser «típica».

Un anhelo hacia algo más

Kristen fue hija única y tuvo una buena educación por parte de sus padres cristianos. Sin embargo, como adolescente comenzó a sentir una profunda necesidad espiritual la cual no era suplida en las iglesias que asistía. El mensaje y el servicio parecían en gran medida ser falso y superficial, por lo que rechazaba ser parte de esas congregaciones. «Sentía la necesidad de ir a la iglesia, sin embargo siempre se convertía en un acontecimiento social,» explica. «Nunca hubo seriedad, y yo anhela más seriedad, sin embargo estaba limitada a lo que conocía.»

Kristen también encontraba que el servicio era confuso. En un lugar le pedían a la congregación que levantaran la mano si creían que irían al cielo. «Yo nunca pude levantar mi mano,» recuerda Kristen, «porque nunca estuve segura.» El resto de las congregaciones parecían estar conformes con el razonamiento que entrarían al cielo si recibían a Jesús en su corazón, y creían en Él. Pero para Kristen esto no era suficiente.

Un punto de inflexión

Mientras Kristen iba en la secundaria, tuvo dificultades en su vida personal, por lo que viajó a Texas para vivir con unos familiares. Un fin de semana visitó junto a otra chica una concurrida conferencia cristiana, que termino siendo muy diferente a lo que se había imaginado. «Me sentí como una extraña, y comencé a dudar si realmente era una cristiana, porque no podía actuar como los demás. Había mucho enfoque en mostrar las emociones externas que, para mí, eran más bien emociones poco sinceras y superficiales.» Kristen se vuelve seria cuando recuerda la incomodidad que sentía cuando participaba en este tipo de eventos, y la confusión que sentía cuando no podía obtener respuestas claras a sus preguntas.

¿Es posible vencer el pecado?

Esta experiencia llevó a Kristen, que tenía el anhelo de vivir una vida que agradara a Dios, a buscar en la Biblia la respuesta a sus preguntas. Lo que leyó empezó a causar una profunda impresión en ella. «Para mí el hecho de ir a la iglesia no era lo que hacía las cosas más claras, sino lo que yo misma leía en la Palabra de Dios,» cuenta Kristen. Un verso que leyó resonó en su corazón: «Porque si pecáremos voluntariamente después de haber recibido el conocimiento de la verdad, ya no queda más sacrificio por los pecados…» (Hebreos 10, 26).

«Me di cuenta que ya no podía pecar más, porque ahora sabía que la gracia de Dios podía ser quitada.» Su tono de voz se vuelve serio y seguro cuando explica, «Se creó un celo en mí ya que era un verso convincente, sin embargo aún no sabía que era posible vencer el pecado por completo.»

Poco después Kristen fue presentada en la casa de una familia de Brunstad la Iglesia Cristiana (BCC), y comenzó a ir a sus reuniones. «Fue una experiencia nueva para mí; no había ese enfoque de querer hacer un espectáculo; había una profundidad y sinceridad, por lo que me sentí atraída. En la primera reunión escuché que cada pensamiento que tenemos es importante. El mensaje sobre llevar el pecado que vive en nuestra naturaleza humana a la muerte fue algo totalmente nuevo.»

Kristen comenzó a asistir a las reuniones en forma regular e hizo una buena amistad con aquellos miembros locales. Sin embargo, reconoce que no llegó a esa vida que anhelaba en forma inmediata: «Los primeros dos años no tomé el evangelio con la seriedad que lo escuchaba. Recibí un conocimiento del modo que debía vivir, pero en lugar de trabajar con mi vida, me dejé estar y pensé que el entendimiento era suficiente.»

Una nueva perspectiva en la vida

Despues que Kristen se casó y tuvo un bebé, llegó a una necesidad mayor del evangelio que había escuchado, cuando realmente resistía renunciar a su tiempo y libertad por su pequeño hijo. «Una buena amiga de Brunstad la Iglesia Cristiana (BCC) me dijo que había experimentado lo mismo cuando tuvo su primer hijo y sus palabras de estímulo me ayudaron enormemente,» dice Kristen agradecida. «Esta conversación despertó algo en mi interior, y me di cuenta que era mi propio pecado lo que hacia tan difícil las cosas, y comencé a ver lo egoísta que era.»

Kristen se dio cuenta que sin antes reconocer pecados como el egoísmo, y pedir ayuda a Dios para vencerlos, jamás podría desarrollarse como un discípulo. Sus situaciones cotidianas en el trabajo o en el hogar con su hijo recibieron un nuevo significado, y se refleja en estas por un momento. «Esa fue la diferencia entre entender y vivir según el evangelio,» concluye. «Miré hacia atrás y pude recordar muchas situaciones similares, pero en lugar de luchar contra pensamientos de descontento, sólo sentía pena por mi misma. Entender que podía vencerlos me dio esperanza que podía ser diferente en el futuro – ¡podía ser transformada!»

Fue esta batalla contra su propia naturaleza pecadora lo que llevó a Kristen a la verdadera libertad: «Cuando me di cuenta de esto, cambió por completo mi perspectiva en la vida,» explica con entusiasmo. «El evangelio se convirtió en una bendición y me ayudó a ver cuanta alegría puedo recibir cuando lucho fielmente.»

El hijo de Kristen pasa corriendo. Se ríe y grita mientras juega, y Kristen sonríe. Puedo sentir claramente la paz y gozo que ha recibido como resultado de su decisión de vivir fiel conforme al evangelio que ha escuchado. Cuando nos despedimos, nos dice sus últimas palabras para concluir su historia:

«Pienso cada día en esto, cuan agradecida estoy por lo que Dios ha hecho con mi vida. La oportunidad de negarme a mi misma y dar toda mi vida a Dios, y al mismo tiempo compartir un tal llamado con otros que corren hacia la misma meta es la mayor bendición que he recibido.»

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