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Una estrategia para la depresión

Esto es lo que me sacó del fango durante un punto particularmente bajo en mi vida.

Hace varios años, estuve en una situación sobre la mesa de operaciones, a punto de morir, pero la cirugía de emergencia me salvó la vida. Me dijeron que me llevaría seis a doce meses recuperarme mental, emocional y físicamente. Unos días después, una conversación con el médico me sorprendió. En vez de persuadirme de tomar antidepresivos, lo cual esperaba, dijo, y cito textualmente: “Sal a la naturaleza. Siente el sol en tu cara y el viento en tu cabello. Dios no hizo al hombre para que se sentara en edificios de cemento todo el día.”

Recientemente fui recordado de esto por nuestro Primer Ministro, que hizo una declaración en la Cámara de los Comunes sobre salud mental. Ella tenía planes “alternativos” para el tratamiento hospitalario; preveía el poder del gobierno para mejorar la vida de las personas ofreciendo entrenamiento de primeros auxilios en salud mental en cada escuela secundaria. Reconoció que “la izquierda sin dirección destruye vidas, separa a la gente de la otra y profundiza las divisiones dentro de nuestra sociedad” y que para poder cambiar esto va directo al corazón de la humanidad.

Los problemas de salud mental son un problema que puede afectar a cualquier familia, y se estima que una de cada seis personas en Inglaterra experimentó un problema de salud mental en la semana pasada. También se estima que diferentes aspectos de los problemas de salud mental, desde la depresión hasta la ansiedad, causan más de 40 millones de años de discapacidad en niños de 20 a 29 años. Estos son muchos años perdidos.

Les pregunté a algunos que tienen tendencia a pensamientos depresivos, que encontraron útil cuando sabían que estaban entrando en una fase de depresión. Dijeron que tenían una estrategia:

  1. Sé que Dios no quiere que esté deprimido
    2. Sigo diciéndome: “así es como me siento, no lo que creo”
    3. Le pido a Él un versículo que me ayude a salir del fango
    4. Me aferró a esa Palabra, como un náufrago a una balsa en un océano frío, oscuro, solitario
    5. Sé que hay tierra, en alguna parte, pero no puedo verla todavía. Sé que si me aferró a la balsa no me ahogaré, y eventualmente, llegaré a tierra

Los creyentes no son inmunes a los ataques de depresión. Del mismo modo que no somos inmunes a los ataques de la fiebre del heno o la migraña, y hay algunos de nosotros que necesitamos medicación debido a alguna interrupción o desequilibrio químico en el cerebro, no por falla nuestra. En cada tipo de enfermedad bioquímica, existe medicina para corregir el equilibrio, e incluso aquí hay cosas que debemos aprender sobre Dios y sobre nosotros mismos, en todos los tiempos de mala salud.

Pero hay momentos en que podríamos dejarnos caer por el camino de la depresión y el abatimiento, por medio de los procesos de nuestros pensamientos; y tenemos control sobre estos. Si nos permitimos estar deprimidos, de esta manera, sesgamos la forma en que pensamos; nos despojamos de la alegría, de una manera que nada más puede. Y a menos que encontremos la balsa salvavidas, esta nos puede robar la fe. Los Salmos a menudo capturan el estado mental en el que podemos encontrarnos:

“Mi corazón está dolorido dentro de mí, Y terrores de muerte sobre mí han caído. Temor y temblor vinieron sobre mí, Y terror me ha cubierto.”
Salmos 55: 4-5

Cuando somos tentados a estar bajos de ánimo, no tenemos que tratar de sentirnos felices. Tenemos que tomar una decisión consciente, a sangre fría para creer que Dios, aún está allí aunque no podamos verle. Él es la tierra, la Roca en la que plantaremos nuestros pies.

Para  mí, tomé el consejo de mi doctor y salí todos los días al campo y sentí el sol en mi cara y el viento en mi cabello. Pero también miré hacia arriba, a las nubes, y no importa cómo me sentía le agradecí a Dios. Le agradecí por estar vivo, por el Evangelio, por mi familia, por mis amigos, por tener suficiente comida para comer, por un techo sobre mi cabeza… Y me concentré en lo que era bueno para otras personas, no en mi situación.

Y mi balsa en particular fue la siguiente:

“Por lo cual, levantad las manos caídas y las rodillas paralizadas; y haced sendas derechas para vuestros pies, para que lo cojo no se salga del camino, sino que sea sanado.” Hebreos 12: 12-13

No somos culpados por ser cojos, pero podemos prevenir ser dislocados. Y la sanación viene de la confianza absoluta en Dios quien nos creó, nos ama, y nos llamó a seguir a Jesús, y nos fortalecerá y apoyará pase lo que pase en la vida. Si somos discípulos, lo tenemos como una promesa absoluta, de hierro.

Cinco señales de cambios de humor en los Salmos

  • “Desde el cabo de la tierra clamaré a ti, cuando mi corazón desmayare. Llévame a la roca que es más alta que yo.” Salmos 61:2
  • “Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; Puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.” Salmos 40:2
  • “El solamente es mi roca y mi salvación. Es mi refugio, no resbalaré.” Salmos 62:6
  • “Sé para mí una roca de refugio, adonde recurra yo continuamente. Tú has dado mandamiento para salvarme, Porque tú eres mi roca y mi fortaleza.” Salmos 71:3
  • “Esforzaos todos vosotros los que esperáis en Jehová, Y tome aliento vuestro corazón.” Salmos 31:24

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