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Una definición cristiana de generosidad

Jesús alimentó a cinco mil personas con cinco panes de cebada y dos pececillos. Su naturaleza es ser generoso en abundancia. ¡La buena noticia para nosotros es que podemos aprender a ser igual de generosos!

Hace un tiempo atrás leí la historia sobre Jesús en la que alimentó a cinco mil personas con cinco panes de cebada y dos pececillos, y lo que me impresionó fue que después de haber sido saciados, sobraron doce cestas con pedazos.

«Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto querían. Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos: Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda nada. Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comidoJuan 6,11-13.

Generosidad: Un aspecto de Dios

Una de las cualidades de la naturaleza de Dios, un aspecto del amor, podríamos decir, es su generosidad o abundancia. Las cinco mil personas que escucharon a Jesús no solo dejaron de tener hambre – ¡recibieron en abundancia! Lo sobrante se pudo recoger y ser utilizado, de modo que ninguna bendición fuera perdida.

Esta es la naturaleza de Dios con la cual debo vestirme mientras estoy aquí en la tierra como un discípulo de Jesús. (2 Pedro 1,3-4) Esta generosidad, que es nacida del amor, también es algo que puede ser parte de mi naturaleza.

Jesús tuvo los mismos pensamientos que su Padre. Su vida mientras estuvo aquí en la tierra nos mostró cómo podemos también recibir esta mente. Como sus discípulos debemos seguir este ejemplo de vivir según la Palabra de Dios que Él nos ha dado. Al hacer esto, al renunciar a nuestra propia voluntad y opiniones para seguir tras las pisadas de nuestro Maestro, podemos reemplazar nuestros pensamientos por los pensamientos de Dios.

Características de un discípulo

Leer esta historia despertó un anhelo en mí de ser como Jesús en el espíritu – tener el mismo sentir y anhelo de dar. Dar mi tiempo, mi atención, recursos, perdón (si hay algo que hay que perdonar) generosamente. No es nada lindo o divino dar involuntariamente, y no de corazón. El verdadero perdón, por ejemplo, es de corazón, y puede bendecir y amar al ofensor. Esta es la generosidad que Dios nos ofrece. Como con las doce cestas sobrantes, hay más que suficiente, y de sobra.

Dar de tal forma crea una bendición sobre las personas con las que tengo contacto. Esto a su vez tiene un efecto sobre las personas que ellos tienen contacto. De este modo nada es perdido; yo misma soy bendecida, y contribuyo a una sensación de bienestar y alegría a mí alrededor, y soy testigo de la fuerza y el milagro que hay en el amor de Jesús hacia las personas.

La avaricia, la maldad, y el no tener corazón son lo contrario a la naturaleza de Dios. La generosidad, y un deseo de dar y bendecir son características que pertenecen a un discípulo de Jesucristo.

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