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Tres crucificados y sus seguidores

Tres hombres fuerón crucificados en el Gólgota, pero cada uno de ellos tuvo un diferente resultado. ¿Cuál de ellos es tu ejemplo a seguir?
Three crosses on Calvary

“Y cuando llegaron al lugar llamado de la Calavera, le crucificaron allí, y a los malhechores, uno a la derecha y otro a la izquierda… Y uno de los malhechores que estaba colgado le injuriaba, diciendo: Si tú eres el Cristo, sálvate a ti mismo y a nosotros. Respondiendo el otro, le reprendió diciendo: ¿Ni aun temes tú a Dios, estando en la misma condenación? Nosotros, a la verdad, justamente padecemos, porque recibimos lo que merecieron nuestros hechos; mas éste ningún mal hizo. Y dijo a Jesús: Acuérdate de mí cuando vengas en tu reino. Entonces Jesús le dijo: De cierto te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso.” Lucas 23:33, 39-43.

En la cruz del medio estaba colgado el Hijo de Dios, que voluntariamente llegó a ser el Hijo del Hombre, porque participó en carne y sangre al igual que nosotros, porque tenía una propia voluntad humana, porque nunca hizo esta voluntad; sino que negándola hizo siempre la voluntad del Padre. Él estaba colgado porque nunca pecó, porque amó a todos los hombres y buscaba salvarlos, y porque les habló la verdad. Allí estaba Él colgado, aquel que en este mundo llevó su cruz y negó su propia voluntad todos los días, aquel, que – hablando espritualmente – siempre vivió crucificado desde el día en que tuvo suficiente edad para entenderlo.

En las otras dos cruces estaban colgados malhechores, quienes siempre hicieron su propia voluntad y nunca la voluntad de Dios, quienes siempre vivieron en pecado. Sin embargo, había una gran y esencial diferencia entre los dos. Uno era empedernido e incrédulo, mientras que el otro era sensible, reconocía su condición y creía. Uno se endureció, quedándose por esto afuera; mientras que el otro entró con Jesús al paraíso.

Ninguno de estos dos había seguido las pisadas de Jesús y ahora tampoco tenían ninguna posibilidad de hacerlo. Así le va a cada cual que se convierte al final de su vida.

Todos pues, debemos empezar como aquel malhechor, pidiendo misericordia y perdón por nuestros pecados. Todos empezamos como “malhechores”. Ahora, si este malhechor es un ejemplo del principio de nuestra conversión, esto no significa que deba ser un ejemplo para nuestro consiguiente andar. Muchos tienen oportunidad y están llamados a seguir al crucificado del medio, a seguir tras las pisadas que Él dejó, las huellas de aquél que nunca hizo su propia voluntad, sino que siempre vivió crucificado.

El asunto es que todo hombre, lo sepa o no lo sepa, pertenece a uno de estos tres grupos y sigue a uno de estos tres crucificados. Aquellos que a través del poder y la gracia de Dios vencen al pecado, pertenecen al grupo del medio; aquellos que no vencen, pero reconocen sus pecados y piden perdón por ellos pertenecen al segundo grupo; aquellos que son obstinados y no piden perdón, al tercero.

Es significativo el que muchos creyentes consideren al malhechor arrepentido como su modelo y ejemplo, y encuentran consuelo en esto, consolándose a sí mismos con la “oración del publicano”. Lo correcto aquí, es que uno necesariamente debe empezar así. El gran error en esto es creer tener que continuar así hasta el fin.


Este artículo está traducido del noruego, y fue publicado por primera vez en 1937 como parte del libro “I Am Crucified with Christ.” (“Estoy crucificado con Cristo”)
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