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¿Qué podría ser mejor que ir al cielo?

¿Sabías que hay un llamado para los cristianos que supera incluso a la gloria de ir al cielo?

¿Cuál es tu esperanza para la vida después de la muerte? Regresar a casa con Jesús y nuestro Padre celestial es algo que realmente esperamos. Pero la verdad es que, aunque es verdaderamente glorioso, existe la posibilidad de una vida eterna que sobrepasa incluso eso. Eso es ser parte de la esposa de Cristo.

Más que conocer a Jesús

Para ser parte de la esposa de Cristo, no basta simplemente con “conocer a Jesús”. Leer sobre Sus obras y lo que Él ha hecho por nosotros, y adorarle y admirarlo por eso. No es suficiente encontrar consuelo en ser limpiado en Su sangre, vivir una vida “buena” y ser un “buen” cristiano. Hay una vida que es más profunda que la realización de acciones externas de justicia, y de admirar a Cristo, y estar agradecidos por la obra que Él hizo, para que podamos obtener perdón por nuestros pecados por Su muerte en la cruz del Calvario. Esto es sólo el comienzo de una verdadera vida cristiana. Algo tiene que hacerse acerca de la raíz del pecado en la carne. El perdón de los pecados solo lleva al cielo, o como Jesús lo llamó, “Paraíso” (Lucas 23:43), pero no conduce a la santificación y a ser miembro de la esposa de Cristo.

Aquellos que son parte de la esposa no sólo buscan estar en el cielo, sino ser como Cristo, coherederos con Él. (Romanos 8:17) Esa es la promesa que tienen, si permiten que Dios haga una obra purificadora en ellos mientras viven en la tierra.

Amados, ahora somos hijos de Dios, y aún no se ha manifestado lo que hemos de ser; pero sabemos que cuando él se manifieste, seremos semejantes a él, porque le veremos tal como él es. Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo, así como él es puro.” 1 Juan 3:2-3.

¿Qué significa ser parte de la esposa?

La esposa de Cristo llega a conocerlo a través de la participación de sus padecimientos. (Filipenses 3: 8-11) Ellos voluntariamente se limpian de todo pecado, llevándolo a muerte, justo como lo hizo Jesús como Hombre en la tierra. Es esta actitud de juzgar y odiar el pecado, que ellos ven en sí mismos, lo que les lleva a ser formados a Su imagen. Son Sus discípulos que no sólo admiran la obra que Él hizo, sino que siguen Sus pasos, haciendo el mismo trabajo que Él hizo, paso a paso. (1 Pedro 4: 1-2) Además de recibir gracia para el perdón por los pecados que han cometido, reciben una gracia aún más abundante para acabar con el pecado. La misma raíz del pecado es destruida en sus vidas. Ellos tienen una justicia personal; Ellos se santifican. Les cuesta algo, y hay un padecimiento involucrado en renunciar al pecado, que está tan unido a la naturaleza humana. Pero es en este fuego que purga toda impureza e indignidad, que se vuelven semejantes a Él. A través de la obediencia a la Palabra de Dios, esta se convierte vida en ellos, y ellos pueden ser usados como instrumentos de justicia en las manos de Dios. Así es como se convierten en Su ayuda, hueso de Sus huesos, compañeros de trabajo con Él, y Él no se avergüenza de llamarlos hermanos.*

“Porque el que santifica y los que son santificados, de uno son todos; por lo cual no se avergüenza de llamarlos hermanos.” Hebreos 2:11

Este es el llamado de la esposa. El ser Su igual, Su ayuda, Su compañera, así que cuando entramos en el Milenio, y luego en la eternidad, podamos estar juntos en todas las obras que Él hace, trabajando lado a lado en comunión con Él. No sólo lo adoramos, sino que somos Sus íntimos, Sus pares. Como un niño único que quiere hermanos, Él tenía tal anhelo de compartir con alguien todo lo que Él heredó del Padre, que dejó el cielo para enseñar a la humanidad el camino para llegar a ser como Él.

Cuando Dios haya terminado la obra que Él está haciendo en todos los que serán parte de la esposa, ellos serán raptados para encontrarse con su novio en las nubes, y Él dirá, como Adán en el jardín del Edén, “Esto es ahora hueso de mis huesos y carne de mi carne.” (Génesis 2:23)

Un heredero de todas las cosas

Esa es la diferencia entre ir al cielo y ser la esposa. La esposa es co-heredera de todas las cosas con Jesús y gobernará junto con Él en la eternidad. Ella no sólo será una “residente” en el cielo y en la eternidad. Ella será Su compañera más cercana y compartirá Su naturaleza y Su vida.

El Espíritu mismo da testimonio a nuestro espíritu, de que somos hijos de Dios. Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Romanos 8: 16-17.

Más que ser salvados por el perdón y la reconciliación, son salvados al máximo mediante la santificación y transformación a la imagen de Cristo – participantes de la naturaleza divina. (2 Pedro 1: 3-4)

“… y habló conmigo, diciendo: Ven acá, yo te mostraré la desposada, la esposa del Cordero. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios, teniendo la gloria de Dios. Y su fulgor era semejante al de una piedra preciosísima, como piedra de jaspe, diáfana como el cristal. … Y no vi en ella templo; porque el Señor Dios Todopoderoso es el templo de ella, y el Cordero. La ciudad no tiene necesidad de sol ni de luna que brillen en ella; porque la gloria de Dios la ilumina, y el Cordero es su lumbrera. Y las naciones que hubieren sido salvas andarán a la luz de ella; y los reyes de la tierra traerán su gloria y honor a ella.” Apocalipsis 21: 9-11,22-24.

* Nota: Tanto la “esposa” como los “hermanos de Jesús” son imágenes que la Biblia usa para ayudarnos a entender la estrecha relación que tenemos con Él, y que Él quiere compartir todas las cosas con nosotros.

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