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Qué podemos aprender de estas mujeres en la Biblia

Cinco mujeres inspiradoras de la Biblia

Estas mujeres temerosas de Dios vivieron en una sociedad y época completamente diferentes a la de nosotros. Sin embargo, podemos aprender sorprendentemente mucho de ellas.

Loida y Eunice

Columnas en el templo de Dios

Loida y Eunice no vivieron en un tiempo de paz, donde las mujeres podían ser independientes o tener una carrera. Eran cristianas judías del primer siglo. Vivían bajo el dominio romano, en un tiempo donde judíos y cristianos eran perseguidos, esclavizados y relegados.

Pablo las menciona como la madre y la abuela de Timoteo en sus cartas, y escribió específicamente sobre la fe sincera que vivía en ellas. Esto demuestra que Loida se mantuvo temerosa de Dios en estos tiempos difíciles, y enseñó a su hija Eunice a hacer lo mismo. No sólo demostraron que su fe era sincera a lo largo de los años, también fueron ejemplos personales del temor de Dios y la justicia para Timoteo, y esta fidelidad se vio reflejada más tarde en su vida. (2 Timoteo 1,5)

Hoy en día nos enfrentamos a situaciones completamente diferentes a las de Loida y Eunice, pero lo que cuenta es cómo lo tomamos en nuestras propias situaciones. ¿Reaccionamos también frente a nuestras preocupaciones y presiones de una manera que nuestros seres queridos pueden testificar que nuestra fe es inquebrantable? ¿Permanecemos temerosos de Dios en nuestra vida cotidiana, de modo que las personas a nuestro alrededor pueden aprender de nuestro ejemplo día tras día? Si hacemos esto, entonces también nos convertimos en columnas en el templo de Dios y construimos su iglesia enseñando a los demás a hacer lo mismo.

La profetisa Ana

El anuncio de consuelo y esperanza

La profetisa Ana fue una mujer que vivió cerca de Dios. Perdió a su marido siendo joven y dedicó su vida sólo a Dios. Está escrito que a la edad de 84 años fue testigo de la venida de Jesús al templo siendo un bebé cuando sus padres lo llevaron a Jerusalén para presentarle al Señor. A causa de su profunda y personal conexión con Dios entendió inmediatamente que las profecías acerca de la venida del Mesías se habían cumplido. Esto por sí solo es extraordinario, ya que ni siquiera los rabinos más respetados y sacerdotes de la época entendían quién era Jesús. Ana fue una de las pocas personas que pudo dar esperanza a las personas que estaban esperando la venida de su Salvador y Redentor – el Mesías. (Lucas 2,36-38)

Independiente del papel que tenemos en la sociedad, todos tenemos las mismas posibilidades de escuchar y entender la voluntad de Dios. Ana servía en el templo de Jerusalén día y noche. Hoy día también podemos vivir cerca de Dios día y noche en nuestro corazón, independiente de dónde estamos y lo que hacemos. Dios ha prometido estar cerca de los que viven cerca de él. (Santiago 4,8) Entonces estamos en condiciones de entender su voluntad. También podemos estar en el lugar y momento correcto, cuando Dios nos necesita para anunciar la alegría, esperanza y consuelo a los que lo necesitan.

María, la madre de Jesús

Una mujer que entendió el corazón de Dios

Muchos de nosotros quizás se ha preguntado por qué María fue elegida por Dios para tener y criar a su Hijo. La misma María pareció en tanto ser muy consciente de la razón. Podemos ver esto de su reacción cuando el ángel le dio el mensaje. «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.» Entendió que Dios la había elegido porque tenía pensamientos bajos sobre sí misma. Entonces alabó a Dios: «Porque ha mirado la bajeza de su sierva… hizo proezas con su brazo; esparció a los soberbios en el pensamiento de sus corazones. Quitó de los tronos a los poderosos, y exaltó a los humildes.» Lucas 1,38.46-52

¿Nos enfocamos también en tener bajos pensamientos sobre nosotros mismos, como lo hizo María? Tener bajos pensamientos sobre nosotros mismos no significa que debemos tener una baja autoestima, o dudar que Dios nos ama. Significa que reconocemos que independientemente de lo que logramos en la vida, es por la gracia de Dios, y que no nos jactamos de nuestra propia fuerza. La humildad también significa que no dudamos de Dios cuando se trata de las tareas que nos da en la vida, sino que las cumplimos con veneración y fe. Dios necesita trabajadores que son activos en su plan de salvación para la humanidad. Pero al igual que María, debemos entender que Dios sólo puede confiar su obra a los humildes, y les da gracia para cumplir las tareas que Él ha preparado para ellos.

Débora

El tener fe e ir a la acción

Débora fue el cuarto juez de los israelitas después de la muerte de Josué. Mientras la mayoría de las personas cometían pecado contra Dios y adoraban ídolos, Débora era fiel a Dios. Cuando llegó la guerra contra los cananeos, comprendió que Israel debía ir a la guerra, a pesar que eran superados en número. Barac, que dirigía el ejército israelita, carecía de fe para hacer frente a los enemigos con sus diez mil hombres. Pero sabía que Débora tenía la fe y el poder de Dios que él no tenía. Por lo tanto, le dijo a Débora: «Si tú fueres conmigo, yo iré; pero si no fueres conmigo, no iré.»

Débora lo acompañó en fe en Dios. Pero, cuando estaban a punto de enfrentarse al comandante cananeo Sísara con sus novecientos carros herrados, Barac volvió a vacilar. Débora le dijo: «Levántate, porque este es el día en que Jehová ha entregado a Sísara en tus manos. ¿No ha salido Jehová delante de ti?» Estaba convencida que la victoria sería suya, según lo que Dios había obrado en su corazón. Por eso actuaba sin duda o vacilación. Junto a Barac, dirigió a las tropas israelitas mal equipadas a una gran victoria. Y la tierra reposó cuarenta años. (Jueces 4)

Dios continúa trabajando en nosotros hoy en día, según su buena voluntad, así como lo hizo con Débora. Quizás tenemos la sensación de que hay algo que debemos decir y hacer por los demás, o algo que deberíamos abandonar. Somos tentados a dudar cuando no estamos seguros de cuál será el resultado. Pero con la misma fe que Débora, tenemos que ir a la acción y obedecer la voluntad de Dios. ¡Experimentaremos que Dios, que ha comenzado la buena obra, con seguridad la completará! (Filipenses 1,6)

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