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Por qué una eternidad en el cielo es la única opción para mí.

¿Cómo puedo "encajar en el cielo" si todavía no llego al mismo espíritu que gobierna en el cielo mientras estoy aquí en la tierra?

“Luego nosotros los que vivimos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados juntamente con ellos en las nubes para recibir al Señor en el aire, y así estaremos siempre con el Señor. Por tanto, alentaos los unos a los otros con estas palabras.” 1 Tesalonicenses 4: 17-18.

Siempre. Eso es un tiempo muy largo. Nunca termina. A veces me he sentado y pensado, y he intentado comprender el concepto de eternidad, pero he tenido que parar, porque no puede ser comprendido con una mente que sólo entiende el tiempo, medido en minutos y segundos. Pero incluso con nuestras mentes sencillas, no es difícil entender que es toda una vida, incluso para quien vive más de 100 años, no puede ser comparada con la eternidad. Sin embargo, podemos decir que nuestra vida aquí en la tierra es un viaje hacia el lugar real donde pasaremos nuestra eternidad.

Pero, ¿qué es el cielo y por qué quiero asegurarme de que mi eternidad está ahí?

Un lugar donde la naturaleza de Dios gobierna

Recuerdo que cuando era niño, mis padres me preguntaban qué me gustaría hacer en el cielo. Mi imaginación era ilimitada cuando pensaba en todo lo que sería capaz de ver y experimentar allí. En el cielo, todos mis sueños de niñez podrían llegar a ser reales. Entre muchas otras cosas, yo sería capaz de volar, montar delfines y ¡nunca necesitaría dormir!

Ahora, como adulto, la eternidad es algo mucho más que eso. Será un lugar donde no habrá despedidas o separación de aquellos que amamos. Un lugar donde nos reuniremos con amigos fieles que han fallecido. (1 Tesalonicenses 4: 16-17) No se hallará dolor ni enfermedad ni física o psicológica. Todos los niños serán tratados bien – con lo suficiente para comer y rodeados por el amor. Será un lugar donde hay unidad – donde nadie vive para sí mismo o para su propio interés, sino para lo mejor de los demás. Un lugar sin palabras frías, venganza, amargura, pero calor y amor hasta los más ínfimos detalles y hacia cada persona. (Isaías 65: 17-25, Apocalipsis 21: 4)

Dios mismo gobernará en la eternidad y todas las cosas sucederán en su Espíritu. El Cielo estará lleno de Sus características, que son exactamente lo contrario de las tendencias de la naturaleza humana. ÉL no puede ser tentado por el mal – No puede estar ansioso, envidioso y tacaño. (Santiago 1:13) No puede guardar rencor ni ofenderse. Deja que Su sol brille sobre los justos e injustos. (Mateo 5:45) Está dispuesto a perdonar a los más terribles pecadores y arroja toda memoria de estos al mar del olvido. (Miqueas 7:19) No puede enojarse ni irritarse. Dios es amor (1 Juan 4: 8,16), lo que significa que Él es la esencia misma de todos los criterios descritos en 1 Corintios 13. ¡Increíble, aquellos que moran en el cielo con Él, se les concede el ser partícipes de esta misma naturaleza divina! (2 Pedro 1: 2-4) Y esa es una promesa, no sólo para un futuro lejano, ¡sino una que ya tiene lugar en esta vida en la tierra!

Asegurarse de que encaje en el cielo

Todo el mundo entiende que la planificación para emigrar a otro país implica una gran cantidad de preparación. Aprender la cultura, estudiar el idioma, asegurarse de que el pasaporte y la visa están en su lugar, por nombrar algunas cosas. ¡Piensa cuánto más importante es prepararse para la eternidad! Comenzando desde el punto de partida: egoísta, ansioso, atado a la gente y a lo que ellos piensan, molesto y ofendido fácilmente, obstinado, rápido para hablar, rápido para juzgar; para convertirse en un participante de la naturaleza divina – uno que puede estar en descanso constante, libre de gente, rápido para escuchar, capaz de devolver un trato frío con absoluta bondad – requiere un entrenamiento intensivo. Nuestra preparación diaria hace que esta naturaleza se vuelva más y más nuestra mientras estamos aquí en la tierra. Las características del cielo crecen gradualmente en nosotros a través de este entrenamiento para que encajamos en el cielo y en el espíritu que gobierna en el cielo.

Por qué no hay tristeza en la eternidad

“Si en esta vida solamente esperamos en Cristo, somos los más dignos de conmiseración de todos los hombres.” 1 Corintios 15:19.

Aquí Pablo deja claro que lo que tenemos que esperar en la eternidad es tan grande que todas las esperanzas y sueños que podemos tener en la tierra no pueden comenzar a ser comparados con ella.

Al abrir el periódico queda claro que el mundo está lleno de desesperación. Niños y mujeres que son víctimas de abusos y que viven en constante temor, civiles inocentes, como cualquiera de nosotros, que son asesinados o apartados de sus familias, personas que saben de pobrezas inimaginables y de dolores sin fin, países azotados por la guerra con tragedias interminables. Durante siglos, los líderes mundiales han tratado de resolver estos problemas, pero se han producido sólo más guerra y violencia. Esto ni siquiera comienza a incluir las millones de situaciones que ocurren diariamente, que de estas nunca se escriben en ningún periódico o sitio web. La discusión en el matrimonio, la ira hacia los niños, los celos y la envidia cuando los demás tienen más o reciben honra, pensamientos de sospechosa, impaciencia, preocupación, demandas sobre otros, quejas, desaliento, pereza, ira, ofenderse, palabras malas, palabras duras, la venganza; la envidia, la impureza tanto en pensamientos como en hechos, son parte de la vida cotidiana de casi todos y traen la discordia, tristeza y dolor dondequiera que estén presentes. (Romanos 8: 19-22) Pero en la eternidad, la paz, el amor genuino y la unidad gobernarán, no sólo entre países sino entre cada persona, porque aquellos que comparten esta eternidad, han aprendido la sabiduría de crear paz al renunciar a sus fuertes voluntades y opiniones, para hacer la voluntad de Dios.

Por qué puedo regocijarme en mis pruebas

“La cual tenemos como segura y firme ancla del alma…” Hebreos 6:19.

Esta esperanza que tenemos de ver a Jesús cara a cara, ser arrebatados cuando Él regrese y pasar una eternidad en el cielo se convierte en nuestra ancla. Nos hace inquebrantables, y no volcamos cuando la vida trae sus pruebas. De hecho, Santiago nos exhorta a “tener por sumo gozo” cuando entremos en nuestras pruebas. (Santiago 1: 2-3) ¿Cómo es esto posible? Lo es porque sabemos que esta es la preparación que necesitamos para poder entrar en la eternidad en el cielo, que es nuestra meta. Aquí es donde podemos huir de la corrupción en el mundo que viene a través de nuestros propios deseos, y aprender a reaccionar de una manera que es agradable a Dios. ¡Esta es una oportunidad para ser partícipes de la naturaleza aún más divina, la naturaleza que pertenece a la eternidad en el cielo! Entonces no hay miedo a la muerte, porque nos hemos estado preparando toda nuestra vida para lo que viene después. No sólo eso, sino que siendo fieles, ¡estas cualidades de la eternidad se hacen más y más nuestras mientras estamos aquí en la tierra! ¡Qué brillante futuro esperamos!

Pasar la eternidad en cualquier otro lugar que el cielo, no es una opción para mí. Este es el único objetivo que quiero mantener delante de mí en cada decisión y en cada situación que la vida trae en mi camino, grande o pequeña. Entonces estaré preparado para el cielo y encajaré allí perfectamente.

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