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ODTPA: un acrónimo para la felicidad

“Ocúpate de tus propios asuntos” – un mandamiento bíblico que es vital para mi bienestar y para los que me rodean.

Cuando estoy abrumado, hago una pausa y me examino. ¿Por qué estoy abrumado? ¿Qué estoy tratando de asumir? ¿Es, de hecho, mi negocio darle solución a los problemas que veo?

Ocuparme de mis propios asuntos es algo con lo que trabajo todos los días. Pero a menudo, descubro que me quedo corto, y en retrospectiva, mi reacción más común es: “Deberías haberte ocupado de tu propio asunto” o “eso es (o no) asunto tuyo”. En otras palabras, por duro que suene, la verdad es que todavía era un entrometido.

“Así que, ninguno de vosotros padezca como homicida, o ladrón, o malhechor, o por entrometerse en lo ajeno.” 1 Pedro 4:15.

Es un “hobby” peligroso

Es interesante que los entrometidos son mencionados en la misma frase que los ladrones e incluso los asesinos. El dolor causado por un entrometido tiene consecuencias de largo alcance, aunque no siempre sean tan, descaradamente, obvias. Entrometidos han roto amistades, inculcado desconfianza, arruinado autoestima, destruido vidas – y la lista continúa.

La mayoría de nosotros, en algún momento de nuestras vidas, hemos estado en el extremo receptor de tal tratamiento y hemos experimentado el dolor que causa. Y el triste hecho es que probablemente también hemos causado lo mismo a nuestros semejantes.

Ser un entrometido, a menudo, es bien intencionado y se esconde detrás de buenas intenciones y verdadero cuidado, por lo que es muy difícil de detectar, y tal vez, aún más difícil de admitir. Puedo asumir que sé lo que otra persona está pensando o lo que motiva sus acciones basadas en lo que yo veo u oigo o creo que entiendo. Pero el porqué de la cuestión, es que sólo Dios puede ver en el corazón de mis semejantes y cuando intento de intervenir, o dicho con mayor precisión interferir, puedo terminar alejado del objetivo. Jesús no juzgó por lo que sus ojos vieron, ni por lo que sus oídos oyeron, y es mi negocio asegurarme de que yo siga sus pasos.

“Y le hará entender diligente en el temor de Jehová. No juzgará según la vista de sus ojos, ni argüirá por lo que oigan sus oídos.” Isaías 11:3

¿Qué significa ocuparme de mi propio asunto?

Ocuparme de mi propio asunto no significa que me convierta en un observador pasivo o en una persona indiferente. Tampoco significa que ya no me involucro en asuntos que son relevantes.

Ocuparme de mi propio asunto, significa que me involucro activamente en escuchar lo que es correcto para mí, cuando Dios habla a mi corazón. Cuando siento el impulso de hacer algo correcto, en lugar de decir algo de una vez y “aprovechar el momento de hacer algo antes de perder la oportunidad”, estoy aprendiendo que normalmente lo mejor que puedo hacer, en ese preciso momento, es mantener mi boca cerrada y examinarme. ¿Por qué tengo que decir algo de inmediato? ¿Estoy ofendido? ¿Estoy incitado por pura curiosidad a saber más? ¿Es un motivo egoísta el que me empuja hacia adelante? Tal vez sólo quiero ser la primera persona en llegar y ayudar, y quizás, puede que no sea la persona indicada para ese momento. Aquí es donde aprendo a estar tranquilo y despierto a lo que Dios quiere señalar en mí, primero. Entonces, tal vez sea capaz de llegar y ayudar-pero en la verdadera bondad y desinterés. Y a menudo me parece que es mejor para mí permanecer en silencio y orar por la persona o la situación en su lugar.

¿Y los otros?

De hecho, eso no es asunto mío.

¿Y cuando dicen cosas sobre mí?

Creo en un Dios amoroso, que juzga justamente y sólo me permite experimentar lo que puedo soportar. (1 Corintios 10:13; Romanos 8:28)

Si empiezo a razonar con los otros sobre un asunto, incluso si yo soy la persona en cuestión, empiezo a profundizar en su asunto y abro mi mente al dolor y a la tristeza innecesaria. ¡Pensamientos de juicio, baja autoestima, la búsqueda de sí mismo, la envidia, la ira, la amargura- y toda cosa malvada! ¡Se convierte en un desastre! “pues donde hay celos y rivalidad, allí hay perturbación y toda obra perversa.” Santiago 3:16.

¿Cuál es mi asunto?

Mi asunto, es asegurarme de que mi vida esté en orden con la palabra de Dios.

“Hombre, él te ha declarado lo que es bueno, lo que pide Jehová de ti: solamente hacer justicia, amar misericordia y humillarte ante tu Dios.”
Miqueas 6:8.

Cuando estoy pensando en mis asuntos, soy capacitado para ser bueno con mi prójimo. Soy estimulado a examinar mis pensamientos y mis acciones – ¿son agradables para el Salvador de mi alma? Estoy más sintonizado con las necesidades de los que me rodean, exactamente en el lugar donde estoy. A veces con una simple sonrisa. Encuentro que mi corazón está abierto a la gente y soy empoderado a dar todo lo que soy y tengo para el servicio y bienestar de aquellos que Dios me pone en contacto, especialmente con la familia de la fe. (Gálatas 6:10)

Todo esto, es lo que Dios obra en mi corazón cuando estoy pensando en mis propios asuntos.

Una clave para la felicidad

La verdadera felicidad sólo viene cuando vivo ante el rostro de Dios– lejos del elogio o la crítica de otros, libre de los hombres en todo sentido de la palabra.

Me mostrarás la senda de la vida; en tu presencia hay plenitud de gozo, delicias a tu diestra para siempre.” Salmos 16:11.

Mi asunto es todo lo que yo puedo manejar – no más y nada menos, todo lo que tengo por gracia, todo por lo que voy a dar cuenta al final de mi vida.

Ocuparme de mi propio asunto es la clave para una vida de felicidad.

 

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