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¡No necesitamos ser perseguidos por nuestros deseos!

Nuestros deseos son fuerzas poderosas que nos alejan de Dios. ¿Qué se debe hacer para llegar a la libertad de ellos?

“Pero los que son de Cristo han crucificado la carne con sus pasiones y deseos. Si vivimos por el Espíritu, andemos también por el Espíritu. No nos hagamos vanagloriosos, irritándonos unos a otros, envidiándonos unos a otros.” Gálatas 5:24-26 “Así también vosotros consideraos muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús, Señor nuestro. No reine, pues, el pecado en vuestro cuerpo mortal, de modo que lo obedezcáis en sus concupiscencias.” Romanos 6:11-12. 

Los deseos son impulsos o “necesidades” con un anhelo intenso de ser satisfechos. Santiago escribe que todas las guerras y luchas provienen de los deseos que batallan en nuestros miembros. Los deseos son un gran engaño, y su breve goce es sólo una puerta imaginaria a la gloria que conduce a un vacío aún mayor.

Fuertes poderes contra nosotros – ¡pero no estamos indefensos!

Muchos tipos de deseos habitan en el cuerpo, y la mayoría de las personas son esclavas de su propio cuerpo. Sin embargo, esto no es cierto para aquellos que pertenecen a Cristo. Estos están dispuestos a ser crucificados con Cristo por la fe en el poder que es accesible a través del evangelio. Se consideran muertos al pecado junto con todos sus deseos y pasiones que exigen ser alimentados y satisfechos. Esto hace posible que su espíritu entre en contacto con Dios, así que ellos puedan oír Su voz. ¡Esta es la vida cristiana normal! Sin embargo, parece que Pablo tuvo que confirmar esto cuando escribió a los Romanos, “Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está muerto a causa del pecado, más el espíritu vive a causa de la justicia.” Romanos 8:10. Cuando el espíritu de Cristo, mora en nosotros y nosotros somos obedientes a él, la intención es que el cuerpo esté muerto a todos los deseos que moran en este. Esta es la única manera para que nosotros lleguemos a la vida y a un desarrollo en nuestro espíritu.

Cuando pensamos en algunos de estos deseos, por ejemplo, el deseo de honor, la envidia, la inmoralidad sexual, la ansiedad, el amor al dinero, buscar lo propio, el deseo de ser un entrometido en los asuntos de otras personas, etc., nos damos cuenta de que son fuertes poderes que habitan en una persona. Son tan fuertes que incluso las personas temerosas de Dios en el antiguo pacto eran impotentes cuando tenían que lidiar con estos deseos que habitan en la carne. ¡Como resultado surgió una gran necesidad de un Salvador y Redentor! “Porque lo que era imposible para la ley, por cuanto era débil por la carne, Dios, enviando a su Hijo en semejanza de carne de pecado y a causa del pecado, condenó al pecado en la carne; para que la justicia de la ley se cumpliese en nosotros, que no andamos conforme a la carne, sino conforme al Espíritu.” Romanos 8:3-4. La justicia de la ley requiere que haya muerte sobre las pasiones y los deseos. Romanos 7: 7.

¡Ahora es nuestro turno! Ahora tenemos la oportunidad de entrar en Su descanso, un descanso en el cual ya no nos molestan los deseos y las pasiones en la carne. El mismo celo y determinación debe estar en nuestros corazones cuando nos encontramos con los enemigos que nos persiguen.

¿Estás lleno de de indignación?

Tú lo sabes, oh Jehová; acuérdate de mí, y visítame, y véngame de mis enemigos. No me reproches en la prolongación de tu enojo; sabes que por amor de ti sufro afrenta. Fueron halladas tus palabras, y yo las comí; y tu palabra me fue por gozo y por alegría de mi corazón; porque tu nombre se invocó sobre mí, oh Jehová Dios de los ejércitos. No me senté en compañía de burladores, ni me engreí a causa de tu profecía; me senté solo, porque me llenaste de indignación.” Jeremías 15:15-17. Seguramente, todos nosotros estamos familiarizados con estos enemigos en la carne que desean perseguirnos. A menos que odiemos el pecado, nos perseguirá por el resto de nuestra vida.

Me pregunto si no hay necesidad, incluso en estos días, de sentarse solo y dejar que el espíritu de Dios trabaje y nos llene de indignación. Hay gran libertad y muchas oportunidades para ver, oír y experimentar muchas cosas. La pregunta que todos deben hacerse es: ¿Cómo influye todo esto en mi espíritu? ¿Mi Espíritu da un aroma del poder de la victoria? ¿Testifica de corazón, celo y temor piadoso? Es gratificante mantenerse alejado de tales “divertidas” fiestas donde, en su hambre por alguna experiencia, la gente se regocija porque se siente tan bien a nivel humano sin poder discernir si el espíritu de Cristo está presente o no. Tal vida conduce solamente al vacío y al engaño. El espíritu de esa persona testificará de la autosatisfacción, superficialidad, pereza y flojera.

Bienaventurados todos los que tienen un poderoso día de juicio contra sus deseos y ejercen los golpes que son necesarios para entrar en reposo. ¡Bendito es todo aquel que está dispuesto a ser llenado con el espíritu de poder y se levanta para gobernar en medio de sus enemigos, que lucha a través de su camino y no se vuelve en el día de la batalla! ¡Sí, benditos son todos los que dejan el sacrificio en el altar hasta que es consumido y no empiezan a comerlo antes de tiempo de lo que en su celo piadoso, ha maldecido previamente en su vida!

Este artículo fue publicado por primera vez en noruego en el periódico de la BCC “Skjulte Skatter” (“Tesoros ocultos”) en mayo de 2005, bajo el título “¡Descansa de los deseos!”.

© Derecho de Autor Stiftelsen Skjulte Skatters Forlag

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